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Artículo de Jaime Ornelas Delgado

Artículo de Jaime Ornelas Delgado






 








 TENDAJÓN MIXTO  


No se olvida

 





Jaime Ornelas Delgado


Hay fechas cargadas de simbolismo, que construyen percepciones e itinerarios de vida; definen generaciones y son referentes de identidad. El 2 de octubre es una de ellas, pero tan importante o más fue su expresión verbal inseparable: el “no se olvida” es una marca generacional, un sello político, una herencia ideológica, una actitud permanente y hasta se convirtió en programa y modo de vida para muchos. Unos lo vivieron, muchos otros –los más– leyeron testimonios, denuncias, la literatura política que produjo.


Ciertamente el país que buscó construir la democracia no empezó en el 68. El anochecer trágico de la plaza de Tlatelolco se inició muchos años antes. El México del desarrollo estabilizador era también el México de la ignominia; antes que el movimiento estudiantil fuera reprimido lo habían sido los almacenistas en 1940; los mineros de Nueva Rosita; los cooperativistas de la industria del vestido militar, los henriquistas; los telegrafistas, los petroleros, los maestros de la Sección IX de SNTE y los ferrocarrileros en 1959; los diversos grupos guerrilleros en Chihuahua y antes que Lucio Cabañas fueron asesinados Rubén Jaramillo, su mujer embarazada y todos sus hijos; también habían sido arbitrariamente presos el muralista comunista David Alfaro Siqueiros y el periodista Filomeno Mata; asimismo, los médicos en 1965 y muchos más conocieron la represión de parte de un régimen autoritario e insensible a los reclamos democráticos de los trabajadores de la ciudad y el campo; un régimen duro, inflexible y excluyente, capaz de reprimir ferozmente enmedio de un discurso revolucionario y en ocasiones hasta antiimperialista o creador de instituciones como el IMSS.


El 2 de octubre del 68 expresó al México urbano y su mundialización. El aparato de poder no se preparó para hacerle frente a un discurso que entremezcló las exigencias de justicia provenientes de la lectura marxista, con indeleble sello guevarista, con la imaginación libertaria que expresaron las pequeñas burguesías cada vez más numerosas de las universidades de las principales urbes del mundo.


El rostro del poder en México era el de nuestra arcaica dualidad: ganó el policía, no aquel que garantiza la seguridad sino el que reprime y suprime la libertad; “ganó” el político que se ocultó tras la razón de Estado, una abstracción con enorme potencial de crueldad. El temor inmenso al cuestionamiento de los fundamentos de su autoridad, llevó al gobierno a ocupar las calles con tanques y soldados y a perseguir y encarcelar a los jóvenes que creían de verdad en la posibilidad de construir un país distinto al que recibían en herencia.


El movimiento estudiantil de 1968 marcaría un hito en la historia política y cultural del país, fue la primera expresión trágica de una nueva presencia social y el aviso de que, en adelante, los ciudadanos movilizados exigirían del gobierno mucho más que crecimiento económico y estabilidad política. Demandarían también participación en las decisiones que afectan al país, la  democratización de las instituciones, la pluralidad y el respeto a la ley.


Pero sobre todo, expresó el rechazo al presidencialismo autoritario, monolítico e indesafiable. En efecto, el movimiento mostró el afán ciudadano de desmantelar las bases del régimen presidencialista autócrata y patrimonialista: la impunidad, la corrupción, la política convertida en monopolio de la burocracia gubernamental, el partido de Estado, la persecución y represión a la disidencia. 


No hubo cauces institucionales para procesar las demandas porque la autoridad confiaba en su propia fuerza. El poder no tenía por qué rendir cuentas al presente, el ayer era su fuente de legitimidad revolucionaria, una experiencia histórica de millones de la que se apropió un partido y un discurso. El país se redujo a esa visión: el México nacionalista y revolucionario del gobierno en turno. Eso se resquebrajó en el 68 apareciendo otras visiones, entre ellas, la de los vencidos.


El esquema de autoridad fue cuestionado en todos los espacios sociales comenzando por el de la familia. El “prohibido prohibir” significaba la exploración del cuerpo y la mente y de las relaciones. Los oráculos que cantaban en inglés, no demoraron la aparición de las peñas para entonar en español la crónica de las luchas que sostenía América Latina por su emancipación definitiva.


Si bien en diversos lugares de la República, como en Chihuahua o en Morelia, ya se había fracturado el discurso histórico del poder, el crimen masivo cometido por el gobierno aquel dos de octubre terminó con la legitimidad ideológica del régimen emanado de la Revolución Mexicana. La elite política sobreviviente emprendió la guerra sucia contra los grupos que no aceptaron la tímida reforma electoral que creó los diputados plurinominales y con el tiempo permitió la legalización de la perseguida izquierda.


El movimiento que tiene uno de sus hitos en el 2 de octubre, no es una conmemoración que se limite a una corriente específica, recuerda algo que atañe a la sociedad mexicana entera. Ayudó a derrotar el monopolio del poder político en el país y a reconocer que antes, durante y después del Estado es capaz de surgir la voluntad revolucionaria del pueblo y, con él, de los jóvenes.


Al plantearse así el movimiento del 68, si bien derrotado mediante el crimen masivo, ha seguido alentando muchas batallas populares en el país. Muchos combatientes de la generación del 68 se volvieron a encontrar el 10 de junio de 1971; en el 73 cuando se les demandó defender al presidente Salvador Allende; en la lucha de la tendencia democrática de los electricistas; en las solidarias acciones cuando el terremoto de 1985 asoló a la capital del país y en los esfuerzos por transformar  las universidades públicas en instituciones al servicio de los intereses nacionales; en la prensa mexicana que lograron cambiar; en “la emergencia de la loca generación de abogados laborales honestos”, según los llamara Paco Ignacio Taibo II; en la guerrilla tan brutal e ilegalmente reprimida por el poder y pasaron también lista de presente en la insurgencia ciudadana de 1988 y 2006 cuando sólo el fraude electoral impidió a las fuerzas populares asumir el gobierno de México. Esas insurgencias, la de 1988 encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas y la de 2006 por Andrés Manuel López Obrador, son tributarias de aquel movimiento inolvidable.


A México, sin duda, aún le faltan muchos otros 68 por vivir, pero jamás habrá de permitirse un nuevo 2 de octubre.

Este es el pueblo de López Obrador, ¿Cual es el tuyo espurio calderon?

Este es el pueblo de López Obrador, ¿Cual es el tuyo espurio calderon?

Discurso del Lic. Andrés Manuel López Obrador Presidente Legítimo de México el Domingo 28 de Septiembre en el Zócalo del DF

Discurso del Lic. Andrés Manuel López Obrador Presidente Legítimo de México el Domingo 28 de Septiembre en el Zócalo del DF

   
Comunicados

Propone López Obrador a todos los sectores sociales concretar un plan anticrisis, a partir de cambiar el actual régimen económico

Discurso del presidente legítimo de México, Andrés Manuel López Obrador, durante la asamblea informativa del Movimiento Nacional en Defensa del Petróleo, en el Zócalo de la Ciudad de México

México, Distrito Federal
Domingo, 28 de septiembre de 2008




Amigas y amigos:

Muchas gracias por su participación en esta marcha-mitin. Muchas gracias de todo corazón.

Siempre que convocamos a una manifestación, a una asamblea, nuestros adversarios, los que no nos ven con buenos ojos, y en los medios de comunicación se habla de que no va a acudir la gente.

Ahora estuvieron diciendo que esta iba a ser la marcha, la concentración, menos participativa.

Por ahora se van a quedar con las ganas, porque aquí estamos. Y todo se debe a ustedes.

Amigas y amigos:

La crisis del México actual es producto del agravamiento de dos males endémicos: la corrupción y la desigualdad.

Es indudable que siempre se ha padecido de estas calamidades. Pero de 1983 a la fecha, la corrupción y la desigualdad se han fomentado desde el poder público, se han institucionalizado.

Durante el periodo llamado neoliberal, lo que realmente ha predominado es una política excluyente y de pillaje. Aquí insisto: desde 1983, un grupo muy selecto de traficantes de influencias, especuladores, banqueros, grandes empresarios y políticos corruptos se apoderaron del gobierno, se han venido apropiando de los bienes del pueblo y de la Nación y han utilizado el presupuesto público para su exclusivo beneficio.

Todo este proceso ha sido operado por tecnócratas formados en escuelas del extranjero, donde se elaboran los sofismas o falsedades para tratar de justificar el predominio del interés económico de una minoría y la apropiación de los recursos naturales de las naciones por encima del bienestar de los pueblos.

Incluso, como borregos, muchos intelectuales y comunicadores al servicio de la derecha repetían y consideraban válida la seudo teoría del goteo, según la cual, si les iba muy bien a los de arriba les iría bien a los de abajo. Si llovía fuerte arriba, goteaba abajo; como si la riqueza en sí misma fuese permeable o contagiosa.

Veamos con precisión y objetividad cuál es el saldo de esta política de pillaje llamada neoliberal:

De 1983 a la fecha, se han privatizado más de mil empresas públicas (entre ellas bancos, teléfonos, acero, minas, puertos, aeropuertos, líneas aéreas, ferrocarriles y electricidad).

En los últimos veintiséis años se ha extraído tres veces más petróleo que todo lo producido en 81 años (de 1901, cuando inició la explotación petrolera, hasta 1982). De 1983 a la fecha, la deuda pública creció de 80 mil a 300 mil millones de dólares.

En el periodo neoliberal se ha construido menos infraestructura y obras públicas, es decir se han hecho menos carreteras, hospitales, escuelas, presas, sistemas de riego; se abandonó el campo; se suprimió toda la política de fomento económico; se arruinó al pequeño y al mediano comercio; se ha desmantelado la industria nacional, y estas actividades pasaron casi por completo a manos de extranjeros.

De 1982 a la fecha, el salario mínimo ha perdido el 85 por ciento de su poder adquisitivo, de su poder de compra. En aquel entonces, en 1982, el salario mínimo alcanzaba para comprar 56 kilos de tortilla, hoy sólo permite comprar 5 kilos.

En 1982, del total de la población económicamente activa, 35 por ciento tenía empleo en la economía formal. Hoy sólo tiene ocupación formal 22 por ciento y, según cifras oficiales, 12 millones trabajan en la economía informal, que buscan la vida de esta manera.

En 1982, salieron del país a buscar trabajo al extranjero 210 mil mexicanos; en 2007, el año pasado, tuvieron la necesidad de emigrar 582 mil.

En este periodo, mientras las universidades privadas aumentaron seis veces el número de sus estudiantes, las universidades públicas apenas duplicaron su matrícula.

Este ha sido el periodo de mayor concentración de la riqueza en toda la historia de México. Un dato: en 2006, según Forbes y cifras del INEGI, el patrimonio de los 10 mexicanos más ricos era equivalente al ingreso de un año de la mitad de la población de nuestro país.

Asimismo, en ese año, el 70 por ciento de las familias mexicanas vivía con ingresos menores a 8 mil pesos mensuales.

Uno de los resultados más lamentables de esta política discriminatoria, es que de 1982 a la fecha, el número de pobres en México pasó de 32 millones a más de 60 millones; es decir, se duplicó.

Aunque cruda, esta es la realidad, que a veces no se quiere aceptar. La espeluznante verdad: en México la riqueza de unos (pocos) se ha edificado con la miseria de otros (muchos).

Por eso sostenemos que para enfrentar la crisis actual, lo primero que tiene que hacerse es cambiar esta política injusta y excluyente, que es la causa principal del empobrecimiento, de la inseguridad y de la violencia.

En otras palabras, debe aplicarse una nueva política que tenga como objetivo central la atención a las necesidades del pueblo y no el lucro y los privilegios de una minoría.

Este debe ser el gran tema del debate nacional. Sobre esta base es que estamos dispuestos a dialogar y a llegar a un acuerdo con otras fuerzas políticas y sectores sociales.

Desde esta plaza pública defino con toda claridad lo siguiente:

Primero, rechazamos la violencia en cualquiera de sus manifestaciones, nuestro movimiento ha sido, es y seguirá siendo pacífico. Aquí abro un paréntesis para condenar una vez más el acto terrorista de Morelia, que causó la muerte de 8 seres humanos y lesionó a más de 100 personas inocentes.

Segundo, es necesario aclarar que no estamos en contra quienes, con esfuerzo, trabajo y de conformidad con la ley, crean riquezas y generan empleos, sino de aquellos que de la noche a la mañana amasan grandes fortunas en la ilegalidad o al amparo del poder público. Estamos en contra de los traficantes de influencias, de los especuladores y de los políticos corruptos, pero estamos a favor, se tiene que saber con mucha claridad, de una iniciativa privada con cultura productiva, con responsabilidad cívica y dimensión social.

Tercero, siempre por encima de nuestros legítimos intereses, personales o de grupo, estará el bienestar del pueblo y de la Nación.

Cuarto, para rescatar al país de la crisis actual, estamos dispuestos a construir un acuerdo con todas las fuerzas políticas y con los representantes de todos los sectores sociales de México, siempre y cuando se convenga cambiar la política económica para apoyar a la mayoría de los mexicanos, y en especial a los pobres y desposeídos de nuestro país.

Y estamos dispuestos a ese acuerdo, si todo nos comprometamos a no permitir la privatización de la industria petrolera en ninguna de sus modalidades.

Quiero explicar a ustedes con mayor detalle por qué es indispensable cambiar la actual política y qué proponemos de manera concreta.

Es innegable que la situación económica del país está en franco deterioro y si no se corrige el rumbo, la situación va a empeorar, y será el pueblo pobre el que resulte más afectado. Aunque todos lo padeceremos, porque en una sociedad siempre el destino de unos, está atado al de otros.

Este año, el crecimiento económico de México es el más bajo de todos los países de América Latina y el Caribe.

En los últimos tiempos ha sido mayor la pérdida de empleos. El salario y los ingresos están resultando insuficientes ante el aumento de precios, ante la carestía. Está creciendo la cartera vencida. Los bancos han reducido sus créditos. Las tiendas departamentales están bajando sus ventas. En estos días, la industria de la construcción no está creciendo.

Por los efectos de la recesión, de la crisis en Estados Unidos, se está reduciendo el monto de las remesas de los trabajadores mexicanos en el extranjero; está cayendo la producción y las exportaciones mexicanas son menores; están bajando los niveles de ocupación en los destinos turísticos de nuestro país, y hay falta de crédito internacional para proyectos de inversión.

No quisiéramos que ocurriera, pero lo más lógico es que con el deterioro de la economía mundial habrá menores flujos de divisas hacia México por concepto de inversión, de crédito y de exportaciones.

Adicionalmente, la caída en la producción del petróleo, ocasionada por su mal manejo, y una probable baja en los precios del petróleo, automáticamente plantea el riesgo del déficit creciente en la balanza de pagos.

Sin considerar las exportaciones de petróleo, el déficit comercial, que significa que estamos comprando más en el extranjero de lo que vendemos afuera, ese déficit en el 2000, fue de 14 mil 149 millones de dólares; en 2007, de 53 mil 92 millones de dólares y, en 2008, según proyecciones, será de 68 mil 374 millones de dólares; es decir, del año pasado a este, crecerá 15 mil millones de dólares.

Y es importante señalar que el 86 por ciento de este incremento en el déficit, se debe a la creciente compra en el extranjero de alimentos y petrolíferos, principalmente gasolinas.

Y todavía así, se han perdido dos años, y el gobierno usurpador se ha negado a construir nuevas refinerías y no ha apoyado a los productores del campo mexicano para lograr la autosuficiencia alimentaria.

Han perdido el tiempo y han perdido la oportunidad que significa los precios altos del petróleo en el mercado internacional y el manejo de excedentes suficientes para haber echado a andar el desarrollo agropecuario, para lograr la autosuficiencia de alimentos y no tener que comprar los alimentos en el extranjero y también para construir las refinerías que hacen falta, para dejar de importar las gasolinas.

Si no nos hubiesen robado la Presidencia de la República, ya estarían por terminar de construirse las tres refinerías que hacen falta en el país.

Pareciera que el gobierno usurpador está esperando una crisis de balanza de pagos para actuar.

No es ningún secreto que un ambiente de turbulencia financiera internacional y de crédito restringido, un déficit podría llevar a que la crisis económica pasara a crisis financiera, con consecuencias negativas para las tasas de interés y el tipo de cambio.

Añadir una crisis cambiaria a la crisis que hoy padecemos por falta de crecimiento, empleo y falta de seguridad, tendría efectos muy graves para el bienestar de los mexicanos.

Por esta razón, desde esta plaza pública, proponemos al Congreso, al Poder Legislativo, la aplicación de un plan anticrisis, bajo los siguientes lineamientos:

Consideramos que en materia económica, para enfrentar la crisis y evitar un mayor agravamiento, se debe fortalecer nuestra producción interna para, cuando menos, evitar un mayor desempleo y disminuir el déficit comercial.

Esto lo podemos lograr aumentando la producción para depender menos de las importaciones de gasolinas, diesel, gas natural, alimentos y toda la gama de productos manufacturados que no son competitivos por los altos costos de los energéticos y del crédito.

Los fondos para este plan anticrisis pueden obtenerse si se reduce en 200 mil millones de pesos el gasto superfluo del gobierno. Saben ustedes que en dos años, en 2007 y en 2008, ha crecido el llamado gasto corriente en el gobierno, en 400 mil millones de pesos.

Si se reduce a la mitad, se tendrían 200 mil millones y también se podrían utilizan los otros 200 mil millones de pesos de excedentes que se recibirán este año por precios altos de petróleo.

Con esta bolsa, de 400 mil millones de pesos, se pueden financiar proyectos de alto impacto económico para mejorar el nivel de empleo, la competitividad y enfrentar la crisis social y el clima de inseguridad.

El día 15, por la noche, aquí en el Zócalo, propuse que se llevaran a cabo las siguientes medidas que ahora repito:

1. Que se cancelen los aumentos de precios de la gasolina, el diesel, el gas y la electricidad. Aquí añado que con esto lograremos mejorar la competitividad de la industria; dar alivio a los consumidores y reducir la presión inflacionaria. Cuando sube la gasolina, como está sucediendo, veinte aumentos ha habido, de inmediato se disparan otros aumentos de precios.

2. Que se otorguen becas a todos los estudiantes de preparatoria del país como se hace en el Distrito Federal. Ya es tiempo, es necesario, ver el gasto destinado a la juventud como una inversión social.

3. Que se aumente el presupuesto de las universidades públicas para resolver el problema de miles de jóvenes que son rechazados, con el pretexto de que no pasan el examen de admisión, cuando en realidad lo que sucede es que las universidades públicas no tienen cupo o espacio por falta de presupuesto. Debe repararse el daño que se ha hecho durante 26 con la política neoliberal, que ha dejado a los jóvenes sin oportunidad de trabajo y de estudio, y los ha orillado a emigrar o a tomar el camino de las conductas antisociales.

4. Que se otorgue una pensión alimentaria a todos los adultos mayores del país, equivalente a medio salario mínimo, como se lleva a cabo en el Distrito Federal. Aquí, en el Distrito Federal, los adultos mayores tienen una pensión de casi 800 pesos para alimentos. En el resto del país se da un apoyo a adultos mayores que viven en poblaciones de menos de 20 mil habitantes. Ese apoyo se logró por la gestión de nuestros legisladores del PRD, PT y Convergencia. Pero ese apoyo nada más es de 500 pesos al mes y –repito— para poblaciones de menos de 20 mil habitantes. ¿Qué estamos planteando? Que se homologue a lo que se da en el Distrito Federal. Que si los ancianos del Distrito Federal reciben 800 pesos, que también los ancianos de otros estados de la República reciban lo mismo y que no sea nada más de 20 mil o 25 mil habitantes hacia abajo, sino que sea universal, como se entrega en el Distrito Federal. Y estamos planteando también que este apoyo debe otorgarse desde los 65 años, cuando menos en regiones indígenas y en las zonas de mayor pobreza del campo y de la ciudad.

5. Que se entreguen de inmediato los ahorros de los ex braceros. A lo mejor algunos de ustedes no tienen la información sobre este asunto. Pero en los años cuarenta se suscribió un convenio entre los gobiernos norteamericano y de nuestro país, para que fuesen a trabajar a Estados Unidos mexicanos, braceros. Trabajaron allá y, de conformidad con ese convenio, dejaban el 10 por ciento de su sueldo como ahorro, con el compromiso de que cuando regresaran les iban a entregar esos ahorros. ¿Qué pasó? Regresaron, parece que en efecto se envió el dinero a México, pero aquí desapareció. Para decirlo de manera coloquial se lo clavaron. Y ahí andan los adultos mayores de todo el país solicitando que les entreguen lo que les pertenece, porque no es una ayuda, mucho menos una dádiva, sino que es el dinero que ellos ahorraron con su trabajo. Por eso los legisladores tienen que resolver ya este asunto, de inmediato, porque da mucha tristeza y coraje que muchos de esos adultos ya se están muriendo sin recibir lo que en derecho les corresponde.

6. Que se aumente el presupuesto destinado al campo; que se establezcan precios de garantía y subsidios al fertilizante y a otros insumos. Está subiendo el fertilizante como nunca. ¿Por qué el aumento al fertilizante de más de 200 por ciento en 19 meses? Porque se tiene que comprar ahora el fertilizante en el extranjero, porque en la época de Salinas tomaron la decisión de privatizar Fertimex. Todavía, hasta 1992 se producían los fertilizantes que necesitábamos en el país y hasta se vendía fertilizante al extranjero. Ahora tenemos que comprar los fertilizantes en el extranjero. Por eso la importancia de atender el problema del déficit. El año pasado se tuvieron que comprar mil 200 millones de dólares de fertilizantes en el extranjero y este año será una cantidad mayor. Y ¿qué está pasando? Hay regiones en el país en donde los campesinos ya no pueden cultivar la tierra, porque no tienen para el abono. Por eso es urgente el subsidio al fertilizante y a otros insumos y que además se fijen precios de garantía, para que el productor vea compensado su esfuerzo y no como ahora, en donde el productor tiene que vender barato lo que produce y vender caro todo lo que necesita. Con ello se pueden reducir las importaciones de alimentos, evitar más aumentos a los precios de los alimentos básicos, mejorar la economía de campesinos y productores y también atemperar el fenómeno migratorio. Si se atiende el campo, si se rescata al campo, se dan opciones a muchos que se ven obligados, sobre todo jóvenes, a abandonar sus comunidades por falta de trabajo.

7. Que se construyan las tres refinerías que se necesitan en el país para dejar de comprar gasolinas en el extranjero. Con esta decisión se reducirían las importaciones de gasolina, que ya se acercan al 50 por ciento de lo que consumimos. Con esta decisión de empezar a construir las refinerías, se daría valor agregado a la materia prima, al petróleo crudo, se generarían empleos y se ahorrarían divisas. No tendríamos que estar comprando la gasolina afuera.

8. Que se cancele la llamada Alianza Educativa, y en particular, que no se permita el cierre de las escuelas normales y se otorguen plazas a todos sus egresados. Más escuelas, porque eso es lo que va al final a evitar que haya más cárceles, se tiene que atender la educación, que es fundamental.

9. Que se lleve a cabo un programa de construcción de obras públicas para reactivar la economía y generar empleos; de manera particular, que se atienda la falta de servicios públicos y de vivienda, en beneficio de la gente pobre de los centros urbanos y de las ciudades fronterizas.

10. Que renuncien de inmediato los secretarios de Gobernación y de Seguridad Pública y el procurador general de la República, por carecer de integridad y ser ineficaces en el combate a la inseguridad y a la violencia.

Adicionalmente –repito— nosotros estaríamos dispuestos a llegar a un acuerdo con nuestros adversarios, si además se hace el compromiso de retirar en definitiva las iniciativas de privatización de Pemex y si a cambio de ello, se apoya el Programa de Acción Inmediata para el Fortalecimiento de Pemex, que ha sido elaborado por un grupo muy diverso de personas de diferentes ideologías, militantes de varios partidos y otros que no militan en ninguno.

Este programa, según los técnicos, los expertos y los intelectuales, atiende la urgencia de rescatar a Pemex de la postración en que lo han sumido las políticas de los últimos gobiernos.

Con este programa se asignarán mayores recursos a Pemex para que los destine a actividades que se han rezagado: la exploración, la refinación, la conservación y el mantenimiento de equipos y plantas, la petroquímica, los ductos, el almacenamiento y la investigación y desarrollo.

Con este programa, sin ninguna reforma legal y mucho menos violando el espíritu y la letra de la Constitución, se demuestra que existen recursos suficientes para garantizar el sano crecimiento y diversificación de las actividades de Pemex y para comenzar a fortalecer su infraestructura e iniciar nuevas plantas de refinación e instalaciones de transporte y almacenamiento.

Se demuestra, de manera muy clara con este programa, que no se requiere invitar a inversionistas del exterior para fortalecer a Pemex.

Amigas y amigos:

Si se aplica todo lo aquí expresado, se puede frenar la crisis, enfrentar la incertidumbre y crear un ambiente de seguridad, de aliento y de esperanza al pueblo de México.

Si aceptan estas propuestas, los legisladores de todos los partidos y los representantes de sectores sociales, vamos al acuerdo para salvar al país y proteger a nuestro pueblo.

Este acuerdo podría llevarse a cabo en el Poder Legislativo, donde están representadas todas las fuerzas políticas del país y desde ese sitio, desde el Congreso, podría convocarse al resto de la sociedad.

Además, la Cámara de Diputados tiene la facultad exclusiva de aprobar el presupuesto y la mayor parte de nuestras propuestas, dependen de una nueva orientación del gasto público.

En pocas palabras, se necesita que el destinatario del presupuesto sea el pueblo y no los potentados y la alta burocracia.

En consecuencia, voy a solicitar y lo hago desde este momento, de manera respetuosa, a los legisladores del Frente Amplio Progresista, a Alberto Anaya, a Dante Delgado, a Javier González y a todos los legisladores, que presenten a sus homólogos de otros partidos este plan anticrisis.

Claro está, se trata de algo serio, que exige voluntad, compromisos y responsabilidad de todos. También es obvio que no aceptaremos ni la simulación ni el engaño.

Si nuestros adversarios optan por seguir haciendo la política de siempre, esa donde sólo cuentan los intereses de una minoría y no las demandas y aspiraciones del pueblo, de una vez les decimos, que sigan su camino, que nosotros vamos a continuar ejerciendo el legítimo derecho de hacer una nueva política, para construir una República más justa, más humana y más igualitaria.

Por eso también aprovecho esta reunión para pedirles a ustedes, que son el alma y el motor de este movimiento, que sigamos trabajando en defensa del pueblo, de los bienes nacionales y de la transformación del país.

De manera particular, les pido que estemos atentos a cualquier llamado, estamos presentando una propuesta, pero de todas formas estemos muy atentos a cualquier llamado, porque si Calderón y las cúpulas del PRI y del PAN insisten en aprobar un dictamen que privatice la industria petrolera, vamos a movilizarnos, habrá resistencia civil pacífica.

Y estemos pendientes, porque podemos hacer ese llamado unos cuantos días antes, porque no sabemos cómo van a actuar estos legisladores, a lo mejor ya en casas particulares, en hoteles y en lo oscurito ya se están poniendo de acuerdo, para elaborar un dictamen y querer dar un albazo. Entonces, muy pendientes a cualquier llamado.

Como dice la canción, esta canción que se escucha tanto, La cumbia del petróleo: “Somos millones de gentes/ es el clamor popular/ más vale que no lo intenten/, no se va a privatizar”.

Y como aquí lo dijo Javier González, no habrá multa o sanción que nos impida ejercer el derecho constitucional de manifestación. Sabemos bien, así nos lo enseñan nuestros héroes, así lo enseña la historia, la libertad y la justicia no se imploran, se conquistan.

Vamos a ejercer siempre nuestro derecho a la libre manifestación, de manera pacífica, sin caer en la trampa de la violencia, sin caer en ninguna provocación.

Amigas y amigos:

Desde esta plaza pública exigimos que se atienda el grave problema de contaminación del Río Santiago que afecta a los habitantes de los municipios de Juanacatlán y El Salto, en Jalisco, donde está en peligro la salud de la gente, e inclusive perdió la vida recientemente un niño por la terrible contaminación de las aguas.

También reiteramos nuestro rechazo al basurero de residuos tóxicos de una empresa española en Zimapán, Hidalgo.

Rechazamos también la destrucción del cerro de San Pedro, por la minera canadiense San Xavier, en San Luis Potosí, y la devastación en Huizopa, Chihuahua, por otra minera canadiense.

También expresamos nuestro apoyo a las luchas en defensa del agua, los bosques y el medio ambiente.

Nuestra solidaridad con los trabajadores y maestros que luchan en contra de las reformas a la Ley del ISSSTE y de la llamada Alianza Educativa.

Exigimos la libertad de los presos políticos de Atenco y de todos los luchadores sociales que se encuentran privados de su libertad, por la defensa de causas populares.

En cuatro días se cumplen 40 años del movimiento estudiantil y popular de 1968. Desde esta plaza queremos rendir un sincero homenaje a esos jóvenes que abrieron los cauces democráticos en nuestro país.

En lo poco de democracia que tenemos, mucho se lo debemos a esos jóvenes.

Cuarenta años después, como ellos, seguimos luchando por la justicia, la democracia y la libertad.

También nuestra solidaridad con los mexicanos que están siendo maltratados, porque hay redadas y están deportando de Estados Unidos a muchos compatriotas. Que cuenten siempre con nuestro apoyo ante estas medidas injustas del gobierno de ese país.

Amigas y amigos:

Aquí repito lo fundamental: Mantengamos la convicción de que en el camino hacia la construcción de una nueva República tenemos que ir creando, y eso es lo que estimo más importante, una nueva corriente de pensamiento que se arraigue y permanezca en la conciencia del pueblo.

Una nueva corriente de pensamiento que reconozca y exalte la cultura y la inmensa bondad que hay en nuestro pueblo.

Una nueva corriente de pensamiento que haga surgir una voluntad colectiva para impedir que en la política y en la vida pública predominen el engaño, la intolerancia, la corrupción y el afán de lucro, en vez de la verdad, la diversidad, los valores morales y el amor al prójimo.

Una nueva corriente de pensamiento para evitar que el dinero triunfe sobre la dignidad y el ser humano valga, no porque lo que tiene materialmente hablando, sino por su trabajo, rectitud y sobre todo por su generosidad.

Sigamos luchando con la moral en alto, sabedores que la verdadera felicidad se alcanza cuando se está bien con uno mismo, con nuestras conciencias y cuando se está bien con nuestros semejantes, con el prójimo.

¡Viva el movimiento estudiantil y popular de 1968!
¡Viva el Movimiento en Defensa del Petróleo!
¡Vivan los hombres y mujeres libres y concientes!
¡Viva nuestro movimiento!
¡Viva México!
¡Viva México!
¡Viva México!

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Artículos de Jaime Ornelas y de Luis Javier Garrido

Artículos de Jaime Ornelas y de Luis Javier Garrido

TENDAJÓN MIXTO  

El fracaso del libre mercado

 
Jaime Ornelas Delgado

Desde que, mediante la traición, la violencia y la ilegalidad asumió el poder Augusto Pinochet en Chile, hasta el renegado neoliberal Carlos Salinas de Gortari y el espurio Felipe Calderón, pasando por Ronald Reagan y Margaret Thatcher y todos los neoliberales, se condenó al Estado a la inactividad y las privatizaciones –es decir, el remante de los bienes públicos–, la desregulación –dejar hacer dejar pasar– y la liberalización –la apertura de la economía a las mercancía y los capitales externos–, se convirtieron en los principios que sustentaban el fundamentalismo del mercado proclamado como solución al intervencionismo estatal en la economía.

Lo público, incluida la educación, se hizo sinónimo de ineficaz y mala calidad, a cambio lo privado era lo que se producía con eficacia y la mayor calidad. El mercado, se difundía alegremente, era el mecanismo más eficaz para asignar los recursos productivos, el Estado sólo dilapidaba la riqueza puesta a su disposición. La inversión privada, proclamaban los neoliberales, hará crecer la economía como ocurre en los países donde impera el libre mercado, es decir, aquellos que no sufren la intervención estatal.

Y aunque los llamados “tigres asiáticos” o más recientemente China y la India, habían mostrado la necesidad de dar espacios a la iniciativa pública para alcanzar el desarrollo, nadie creía que eso fuera cierto se seguía viendo hacia EU y su economía que se convertía en la mayor consumidora del mundo, aunque su productividad dejara mucho que desear.

Sin embargo, hace poco más de un año comenzaron los problemas crediticios en Estados Unidos. El derrumbe de bancos como Bear Stearns y de los gigantes hipotecarios Fannie Mac y Fredi Mac, empezaron a cuestionar la pertinencia de la desregulación del mercado crediticio dada la irresponsabilidad con la que habían actuado esas empresas.

Hoy, George Bush plantea un salvamento del sistema financiero de su país que costará al fisco 700 mil millones de dólares, enorme  suma que socializa los costos del rescate para sostener las ganancias privadas. Pero las cosas no son tan sencillas, pues los demócratas en el Congreso exigen que no sea sólo un rescate financiero sino que el gobierno intervenga a las instituciones crediticias, lo que daría un sentido distinto a la intervención gubernamental y abriría las puertas a la la regulación estatal en ese y en otros campos de la economía.

Hoy más que nunca, en el mundo y particularmente en nuestro país crece la certeza de que la economía de mercado ha sido ineficaz para impulsar el crecimiento de la economía, además de mantener a muy amplios sectores de la población en condiciones de pobreza y pobreza extrema; tampoco ha quedado demostrado que con el retiro del Estado de la actividad económica los agentes privados respondan con mayor eficacia a las nuevas condiciones de la acumulación y, mucho menos, se ha hecho fehaciente que los recursos productivos se asignen, ahora, con mayor eficiencia que antes, como también sostuvieron los abogados de las reformas estructurales de orientación al mercado. Los hechos muestran que dejar al mercado actuar libremente, termina por apresurar las crisis económicas y acentúa su profundidad.

En fin, a casi 30 años de haberse impuesto el neoliberalismo y el libre mercado, su fracaso es estruendoso y trascendente que, sin duda, equivale al derrumbe de la URSS. 

 

Hágame usted el favor

Ahora que estamos en el mes de la patria y cunde la desesperación entre la población por las crecientes dificultades para sobrevivir al neoliberalismo, recordemos que este país si bien ha sido mezquino con millones de mexicanos, ha sido generosísimo con algunos, por lo menos con los siguientes 10 honestos y esforzados empresarios y una empresaria, que en este aciago 2008 son los más ricos de la nación. Ahí le van los nombres, por si alguno resulta su primo o su compañero de banca en el kinder: 1. Carlos Slim, dueño de de Telmex, American Móvil y del Grupo Carso, entre otros negocitos y ahora inversionista en diarios de Estados Unidos, en el último año aumentó su fortuna en 11 mil millones de dólares. Se dice que su riqueza se incrementó a razón de 1.25 millones de dólares por hora, con lo que su fortuna, que supera los 60 mil millones de dólares, equivale al 6.3% del PIB; 2. Alberto Bailleres, de Peñoles y el Palacio de Hierro, casi duplicó su riqueza en el último año, al pasar de 5 mil millones de dólares a 9.8 miles de millones de dólares. Es el segundo hombre más rico del país, aunque muy lejos de Slim; 3. Germán Larrea. Presidente ejecutivo de Grupo México, se colocó en el tercer sitio entre los multimillonarios mexicanos. Según Forbes, la fortuna de Larrea asciende a 7.3 miles de millones de dólares; 4. Jerónimo Arango, de Walmex mantuvo la fortuna que se le calculó en 2007 y que asciende a la nada despreciable cantidad de 4.3 miles millones de dólares; 5. María Asunción Aramburuzabala, accionista de Grupo Modelo y la empresaria más poderosa de México y de América Latina, tiene una fortuna calculada en 2.3 mil millones de dólares; 6. Isaac Saba Raffoul, de Casa Saba, subió en unos 300 millones de dólares su fortuna al pasar de 1.8 miles de millones a 2.1 miles de millones; 7. Ricardo Salinas Pliego, que hace negocio con los autos chinos, aumentó su fortuna a 1.7 miles de millones de dólares, aunque el empresario dueño del Grupo Salinas y de TV Azteca bajó en el ranking mexicano del sitio tres al siete; 8. Roberto Hernández, aunque no pagó los impuestos correspondientes a la venta de Banamex, vio disminuir su fortuna en unos 300 millones de dólares, pues su riqueza descendió de 2 mil millones de dólares a 1.7 miles de millones de dólares; 9. Emilio Azcárraga Jean, de Televisa, también vio bajar su fortuna de 2.1 miles de millones de dólares a 1.6 miles de millones de dólares; 10. Alfredo Harp Helú del Grupo Martí, posee en 2008 la misma riqueza que en 2007: 1.6 miles de millones de dólares; 11. Otro cuya fortuna dicen que descendió en el último año, fue Lorenzo Zambrano propietario de Cemex. Forbes calculó en su lista 2007 que Zambrano tenía 1.7 miles de millones de dólares, pero ahora estima que su fortuna asciende a 1.5 miles de millones de dólares... es probable que la próxima semana, cuando muchos mexicanos cobren su quincena, esta lista crezca de manera desorbitante, si no para qué pusieron a Sojo en el INEGI. 

 

Luis Javier Garrido

El efecto jazz

La peor crisis económica y financiera de Estados Unidos en más de medio siglo se está agravando en este otoño de 2008 y amenaza a los países sin capacidad de decisión autónoma y uncidos a Washington, como México, que se halla, por otro lado, enfrentando una situación política y social crítica derivada de las políticas del gobierno de facto de Felipe Calderón, que en menos de dos años ha creado un clima de inseguridad y de violencia sin precedentes con el pretexto mentiroso de estar luchando contra el narcotráfico.

1. El gobierno ilegítimo de Felipe Calderón ha entrado antes de cumplir dos años en un escenario de desastre sin precedentes, derivado tanto de su incompetencia y de sus tentativas privatizadoras antinacionales, que lo han llevado de fracaso en fracaso, como del escenario caótico creado por él mismo al lanzar anticonstitucionalmente a las fuerzas armadas a aparentar una lucha contra el crimen organizado, que lo único que ha producido es un inútil derramamiento de sangre, y éste ahora se agrava por la crisis financiera internacional, sin que se vislumbre una salida.

2. El país requiere con urgencia un cambio radical –de otras políticas que privilegien los derechos del pueblo por sobre los intereses de las trasnacionales, y de otros hombres para ejecutarlas, muy distintos a los yuppies extranjerizantes con los que Calderón pretende inútilmente gobernar–, pero las exigencias provenientes de todos los sectores se están multiplicando sin que el gobierno panista parezca tener otra prioridad que proseguir con una serie de manipulaciones tendientes a imponer una mayoría panista en la Cámara de Diputados en las legislativas de 2009.

3. El escenario actual de México requiere una lectura muy diferente de la que muchos analistas están haciendo, influidos por la propaganda oficial. La violencia generalizada que prevalece es consecuencia de las políticas deliberadas que instauró el gobierno de Calderón desde el primero de diciembre de 2006 para crear un escenario de caos que le permitiese mantenerse en el poder, a pesar de su ilegitimidad, e imponer los programas privatizadores, y no de los traficantes que tienen sus propios códigos, y que el pueblo ve claramente. En México no existe una violencia derivada de la lucha de los cárteles entre sí, como no hay tampoco, según se pretende, un narcoterrorismo.

4. Ese interés del gobierno panista en mantener el clima de violencia para amedrentar a la población y desmovilizarla, es lo que explica que lejos de tomar las medidas conducentes pretende arrojar aceite al fuego. Y es lo que explica también que lejos de prever medidas drásticas frente a la crisis financiera que está germinando, se pretenda ignorarla creyendo que puede contribuir al escenario del caos.

5. Las señales que vienen del Potomac y de Wall Street no dejan, sin embargo, lugar a dudas de cuál va a ser el escenario inmediato. Los republicanos y los demócratas de Washington están dando ya evidencias de que una vez más van a hacer recaer el costo de su crisis a la clase trabajadora estadunidense y, sobre todo, a los países subordinados a sus políticas como México, y esto va a ser así ocupe quien sea la Casa Blanca a partir del 20 de enero. De la misma manera que el gobierno panista de México, sometido por completo al exterior, va a pretender seguir haciendo lo que hasta ahora ha hecho: hacerle pagar el costo de sus erráticas políticas al pueblo y pasarle a las capas medias de la población, sobre todo al pueblo empobrecido, la factura de lo que ya se llama a nivel internacional el efecto jazz.

6. México estará destinado, en consecuencia, a pagar en parte el costo de la crisis del sistema financiero estadunidense de no cambiarse de políticas, y esto es responsabilidad de Calderón, pues no hay una fatalidad en el porvenir inmediato. Cualquier salida que le puedan dar a la crisis mexicana los grupos que actualmente pretenden gobernar, de seguir las cosas como están, va a ser, por consiguiente, dentro del modelo actual y del insignificante margen de acción que les dejan a quienes mandan en México tanto la Casa Blanca como los organismos financieros a los que han aceptado someterse.

7. La disputa que está aflorando entre los sectores más retrógrados del país sobre las medidas que ha de tomar el gobierno calderoniano para que la violencia que el mismo desató conduzca a algo o para que el efecto jazz no afecte demasiado al sector empresarial no refleja más que la miopía, la ineptitud y el entreguismo de los grupos oligárquicos que se han apoderado del poder en México. Y poco importa si Guillermo Ortiz (director del Banco de México) se opone al titular de Hacienda, Agustín Carstens, pues ambos obedecen dócilmente las directrices de Washington.

8. Las medidas que deben tomarse de urgencia para poner un alto a la debacle nacional no implican, sin embargo, más que algo muy sencillo: respetar el marco jurídico establecido en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Es urgente que el gobierno de facto calderonista detenga su frenesí privatizador lo mismo de industrias estratégicas que del sector educativo, que el ejército y la Marina regresen a sus cuarteles y no realicen tareas policiacas y represivas que les están tajantemente prohibidas, que el gobierno cese de derrochar los recursos de la nación para poder imponerse de manera fraudulenta en 2009. Y, ¿por qué no?, que se establezca un gobierno que trabaje para los mexicanos y no para los intereses trasnacionales.

9. La dinámica política de los últimos meses de desastre del segundo gobierno panista no apunta, no obstante, a que exista en él talento ni voluntad política para darle salida a la grave crisis económica, política y moral a la que ha llevado al país, y sí, por el contrario, hay evidencias de que puede empecinarse en ahondar el escenario de caos que el mismo forjó, y para el que le sirven lo mismo la crisis política que la financiera.

10. Hay que recordar ante esto, y por lo mismo, que al margen de lo que decidan en las próximas semanas las cúpulas empresariales y políticas la salida no se halla arriba; está abajo.

Artículo de Jaime Avilés y de Victor M. Toledo

Artículo de Jaime Avilés y de Victor M. Toledo

Desfiladero

Jaime Avilés
jamastu@gmail.com

■ Morelia: “fue AMLO”, afirma una tv de Saltillo

■ ¿Contratacan los amigos de El señor de los mares?

¿Qué diferencias hay entre el 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y el 15 de septiembre de 2008 en Morelia? Tantas que ni hace falta nombrarlas. Vale más señalar, en cambio, las similitudes que hubo en las reacciones de George Bush y Felipe Calderón. Después de los atentados, a pesar de su origen electoral espurio, ambos aprovecharon las tragedias para llamar a las fuerzas políticas de sus respectivos países a reconocerlos como líderes únicos.

Bush redujo las libertades públicas en Estados Unidos, atacó Afganistán para instalar un gasoducto, culpó a Saddam Hussein, lo acusó de tener armas de destrucción masiva, invadió Irak y causó la muerte de más de 100 mil inocentes. Pero luego reconoció que todo era un mero pretexto para tratar de adueñarse de una de las mayores reservas de petróleo del mundo.

En México, no lo olvidemos, el Senado analiza una serie de iniciativas de reforma, enviadas por Calderón, que de ser aprobadas permitirán que empresas de Estados Unidos exploren, extraigan, exporten, almacenen y transformen nuestro petróleo. No es gratuito, entonces, que al día siguiente de las granadas en Morelia, Tony Garza, el embajador estadunidense, haya salido a los medios a condenar el acto “narcoterrorista”.

La noche del 16 de septiembre, entrevistado por Carmen Aristegui, el experto de Naciones Unidas en temas de narcotráfico, Edgardo Buscaglia, propuso que el caso Morelia fuese llevado al Consejo de Seguridad de la ONU, y afirmó que “en la mitad de los estados la República la sociedad civil le paga impuestos al narcotráfico”, con lo que abonó su tesis, planteada en ocasiones anteriores, de que “la mitad de los gobiernos municipales del país” responden a los intereses de los cárteles.

¿Qué procedería, hipotéticamente, al cabo de una eventual reunión del Consejo de Seguridad de la ONU sobre la desastrosa situación de México? ¿La intervención de los cascos azules, el reforzamiento de la Iniciativa Mérida por tropas estadunidenses? No es indispensable ser Maquiavelo para entender que ante el evidente fracaso del enfoque calderonista sobre el fenómeno del narcotráfico, lo primero que se necesita es cambiar de política al respecto, y desde luego de políticos: hay que dejar de hacer aquello que favorece a las potencias extranjeras que se benefician de nuestras debilidades para apoderarse de nuestro petróleo.

A nadie sorprenden, por lo tanto, las declaraciones de prensa que Juan Camilo Mouriño dio el jueves, al reunirse con la fracción del PAN en la Cámara de Diputados, donde reiteró que “el gobierno federal no tiene previsto modificar su estrategia de combate” al narcotráfico. En otras palabras, todo seguirá empeorando hasta que se consume la privatización de Pemex. Después, ya veremos.

El llamado calderonista a la “unidad” con su política y sus políticos tiene la absurda pretensión de hacernos creer que no hay más ruta que la suya. El que durante la campaña se ofreció como la única opción capaz de evitar que México se hundiera en una nueva crisis, ha arrastrado al país a la peor espiral de violencia que se recuerde desde los años posteriores al triunfo de la Revolución.

Su discurso y su abrumador aparato de propaganda, formado por todos los medios electrónicos de comunicación, no sólo se empeñan en reiterar que no hay de otra sino, sobre todo, en ocultar que existe y está en marcha un programa alternativo que se resume en unas cuantas líneas y que Andrés Manuel López Obrador dio a conocer la noche del 15 en el Zócalo, ante decenas de miles de seguidores que lo escucharon con entusiasmo bajo la incesante lluvia.

El país puede volver a crecer económicamente si el gobierno federal reduce en 200 mil millones de pesos sus gastos superfluos; si destina ese dinero y el producto de los excedentes del petróleo a las siguientes obras y metas: construir las tres refinerías que faltan para que dejemos de importar gasolina, subsidiar con becas a todos los estudiantes de preparatoria, elevar el presupuesto de las universidades para absorber a los 300 mil jóvenes que son rechazados cada año; apoyar con medio salario mínimo mensual a todos los ancianos; cancelar la llamada “alianza educativa” que pretende acabar con las escuelas normales, formadoras de maestros; aumentar el presupuesto al campo; construir infraestructura para detonar la creación de empleos; librar a Pemex de su enorme carga fiscal y modificar radicalmente la política de seguridad pública, devolviendo las tropas a sus cuarteles y abandonando el modelo policiaco de la ultraderecha.

Sin embargo, mientras las noticias de Morelia y las arengas calderónicas borraban de los periódicos toda mención al discurso del Zócalo, el coordinador de los diputados priístas en San Lázaro, Emilio Gamboa Patrón, declaraba que “López Obrador es un mal mexicano, que divide en tiempos que reclaman unidad”, a la vez que un lector de noticias del canal 7 de la televisión de Saltillo (XHRGC), llamado Antonio Dávila, decía con todas sus letras que el tabasqueño “mandó” lanzar las granadas en Michoacán.

En un video, disponible en YouTube bajo el título “Acusa televisora saltillense a López Obrador”, el comentarista asegura textualmente lo que sigue: “¿Quién se atribuye este atentado? Un grupo político. ¿Quién? Eso lo vemos en otras partes del mundo, pero no en México. Y lo hacen, repito, grupos políticos separatistas, anarquistas. El único grupo separatista político que veo ya no es el PRD sino únicamente Andrés Manuel López Obrador. Lo vimos ahí precisamente en el Zócalo de México compitiendo con El Buki, compitiendo con Lucero, con las que se presentaron ahí; allá, abandonado, ni la dirigencia del PRD, ni Marcelo Ebrard, parece ser que se están desmarcando. Cuando se requiere de unidad, Andrés Manuel López Obrador habla de no, de separarse precisamente. Entonces pudiéramos decir que, como es el único grupo separatista que existe, él es el que mandó el atentado”.

El autor de tales reflexiones, no por nada, está estrechamente relacionado con el gobernador de Coahuila, Humberto Moreira, y con nativos de aquella entidad que ocupan posiciones relevantes en la industria petrolera: Carlos Morales Gil, director de Pemex Exploración y Producción (Ramos Arizpe, 1954); el contratista Antonio Juan Marcos Issa (Torreón, 1940) y Rosendo Villarreal Dávila (Saltillo, en 1942). Los dos primeros fueron denunciados por López Obrador como copartícipes en el fraude del buquetanque El señor de los mares. El tercero, miembro del PAN, ex alcalde de Saltillo, no tenía dinero cuando a principios de 2007 Calderón lo nombró director corporativo de administración de Pemex. Hoy comparte con sus hijos Rosendo, David y Gabriela Villarreal Berlanga la empresa Servicios Sierra de Arteaga, que posee al menos 67 camiones de carga, tipo tráiler.

 

Víctor M. Toledo
vtoledo@oikos.unam.mx

La caída del ciclista

¿Juega Dios con los ciclistas? No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que no sólo hay dioses; también hay demonios de las pequeñas cosas, duendes diminutos, juguetones chaneques, gnomos, pequeños seres bromistas, dedicados todos ellos a promover sorpresas, hechos inesperados, sucesos imprevistos. Para la ciencia, estos eventos impredecibles han dado lugar a la llamada “teoría del caos”, dedicada a atender situaciones en las que “un pequeñísimo cambio en las condiciones iniciales puede modificar drásticamente el comportamiento general de un sistema en el largo plazo”: El aleteo de una mariposa puede provocar un huracán, un tornillo mal colocado la caída de un avión, un microbio el colapso de un imperio, y… una caída en bicicleta el inicio de la ingobernabilidad de un país.

Todo indica que la mayoría de los accidentes no son hechos fortuitos o derivados del azar, sino el resultado de eventos consciente o inconscientemente inducidos o facilitados por el accidentado. Dicho de otra forma, cada quien promueve sus propios accidentes. Quien anda en bicicleta sabe que ya posee la habilidad de mantener un equilibrio, por ello el ciclista es, en cierto modo, un maestro en el arte de balancear. El ciclista que cae debido a una pérdida aunque sea temporal de su pericia, ha perdido su capacidad de mantener su balance, de sostenerse en movimiento por medio de dos ciclos y mediante el justo medio entre dos fuerzas opuestas: una que viene de la izquierda, la otra desde la derecha.

Probablemente no hay mayor desgracia para un gobernante que sufrir un accidente en bicicleta, porque el evento devela, como metáfora y suceso, una situación personal de pérdida de control (interno y/o externo), de ingobernabilidad sobre el instrumento que conduce. Como un contrapunteo invisible pero efectivo, se pierde doblemente el equilibrio: en la conducción bicicletera y en la dirección gubernamental. El colmo: el ciclista se cae, y por el diccionario de sinónimos sabemos que caída significa declinación, descenso, decadencia, desplome, derrumbamiento, desmoronamiento, hundimiento, ocaso. Y todo hecho inusual, por diminuto o personal que parezca, encierra la posibilidad de convertirse en símbolo, en icono, en parteaguas de la historia de los individuos, las comunidades y las sociedades.

Cuando el ciclista que cae es además un presidente acorralado, acotado, debilitado por los acontecimientos y las fuerzas que estaría obligado a gobernar, la probabilidad de que le ocurra un accidente es muy alta. Creo que nunca ha habido, en la historia reciente del país, un presidente con tan poca capacidad de maniobra como el que actualmente nos (des) gobierna. Investido mediante un mecanismo fraudulento (ahí siguen, amordazadas pero vivas, las urnas de la elección de 2006 a la espera de ser interrogadas), su “debilidad de origen” lo ha llevado a obligadas alianzas con las poderosas elites económicas, los líderes más corruptos del sindicalismo, las televisoras, los gobernadores prepotentes y mafiosos, las corporaciones trasnacionales (¿alguien se imaginaba a un presidente mexicano llevándole un pastel al gigante Wal-Mart?), los bancos extranjeros, y un grupo de funcionarios públicos leales pero ineficaces y corruptos. Ello lo deja sin autoridad moral y, en consecuencia, sin capacidad para la acción, frente a las dos grandes fuerzas que lo amenazan de manera permanente: el crimen organizado ya empoderado social y militarmente, y la oposición política, social y ciudadana de un país cada vez más injusto e inseguro.

La caída del ciclista tiene un último y peculiar significado. No se pueden hacer análisis políticos acertados en un país tan lleno de magia colectiva como México sin tomar en cuenta la fecha cabalística de la ruptura histórica. El 2010 está tan presente en el inconsciente social de los mexicanos como el maíz, el águila y la serpiente, la Virgen de Guadalupe o el mole poblano. Conforme nos acercamos a esa fecha, a ese “accidente societario” soñado, columbrado, intuido y deseado por millones de ciudadanos, nos aproximamos a un momento en el que el anhelo por un cambio induce y condiciona una esperanza que marea. En la intimidad, la gente, los ciudadanos, bien pueden otorgar un significado premonitorio a la caída de la bicicleta.

Es en este contexto que las propuestas de Porfirio Muñoz Ledo, aparentemente inoportunas, excesivas o descabelladas, son de una enorme trascendencia. Solamente una reforma profunda del Estado, de sus formas y reglas, incluida la posibilidad de revocar los mandatos de quienes gobiernan, puede ofrecer una salida democrática y evitar la opción autoritaria y violenta. La caída del ciclista no es solamente una alegoría, una broma de los demonios de las pequeñas cosas o una nueva demostración de la teoría del caos. También es una señal, diáfana y oportuna, de la llegada de un límite y de la debilidad de un régimen, y de un “estado de cosas”. En algún lugar de algún momento futuro los mexicanos hablarán, con nostalgia o con coraje, con placer o con amargura, de aquel hecho extraño y absurdo que desencadenó el cambio que el país necesitaba. En la memoria colectiva se grabó con letras de oro como la “parábola de los ciclistas que caen”. Roguemos por ellos.

“Dicen que queremos derrocarlo, pero él se cae solo”: A.M. López Obrador

Artículo de Armando Batra

Artículo de Armando Batra

Armando Bartra

El Grito de Morelia y su mensaje

 Momentos de dolor y confusión tras la explosión en la plaza Melchor Ocampo, a escasos metros del palacio de gobierno, la noche del pasado lunes en la capital michoacana.

Nadie merece morir a la mala. Pero uno se consuela tontamente pensando que nuestros muertos de cada día murieron por algo, por andar en negocios peligrosos, quizá. Hasta para los muertos en secuestros hay una razón, por sórdida que sea. Los muertos de Morelia, en cambio, son muertos gratuitos. Murieron porque sí, porque estaban ahí y alguien tenía que morir para que recibiéramos el mensaje.

Toda muerte impuesta nos ofende, pero las muertes del Grito rebasan el umbral, nos afrentan como especie. Y esto hace aún más despreciable el uso político que el gobierno federal y sus epígonos están dando a la masacre.

Porque los mexicanos, todos, salvo un puñado de criminales, estamos unidos desde hace rato en el repudio a la barbarie. Como lo estamos en la exigencia de que el Estado cumpla con su exclusiva e indeclinable responsabilidad de dar seguridad a la ciudadanía. Nadie, absolutamente nadie, ha escatimado su condena al progresivo baño de sangre.

¿A cuenta de qué, entonces, en su discurso del 16 de septiembre de apenas 700 palabras, Calderón se refirió 20 veces a la unidad y su antónimo, la división, metiendo en el costal de “traidores a la patria” tanto a criminales ciertos que tiran granadas a la muchedumbre, como a unos presuntos divisionistas y desestabilizadores que no conformes con “opinar distinto” también “atentan contra el Estado”?

Versión insostenible, aun si la repiten todos sus corifeos mediáticos, pues sugiere que la presente administración está fracasando en su “guerra contra la delincuencia”, no por sus torpezas, sino porque los mexicanos estamos divididos y muchos discrepamos del gobierno (con la misma lógica se argumenta que la economía no crece y la pobreza sí, porque los eternos inconformes bloquean la reforma energética).

El mensaje presidencial con motivo de la masacre de Morelia es claro y ominoso: olviden que las elecciones de 2006 fueron fraudulentas, no insistan más en que la reforma energética calderonista es privatizadora, dejen de criticar la militarización del país, pues de lo contrario serán cómplices de la delincuencia, serán “desestabilizadores”, serán “traidores a la patria”.

Más grave aún que sacar raja política de la tragedia, insinuando –una vez más– que la oposición representa “un peligro para México”, es que con este discurso se sigue evadiendo el verdadero problema de la seguridad ciudadana: la batalla contra el crimen organizado se perderá –como se está perdiendo– si no rescatamos al país del naufragio económico, político y moral al que lo han llevado las últimas administraciones; se perderá fatalmente si el gobierno sigue pensando que la solución no radica en ofrecer a los jóvenes un futuro esperanzador, sino en aumentar la capacidad de fuego del Estado y para esto en la iniciativa presupuestal para 2009 propone dar más dinero a la fuerza pública y menos al campo.

Bush no fue autor de los atentados del 11 de septiembre, pero los utilizó para legitimar su prepotencia militarista. Que no nos pase lo mismo.

El Lic. Andrés Manuel López Obrador, Presidente Legítimo de México, de gira por 23 Municipios de Jalisco.

El Lic. Andrés Manuel López Obrador, Presidente Legítimo de México, de gira por 23 Municipios de Jalisco.

Llamar a la unidad en forma demagógica de nada sirve: AMLO

Hay que atender sus causas y la inseguridad y no quedarse en el discurso publicitario, expuso.

La Jornada On Line
Publicado: 19/09/2008 18:25

México, DF. Llamar a la unidad “de manera demagógica, nada más de espectáculo, no sirve para nada”, expresó este viernes el ex candidato a la presidencia Andrés Manuel López Obrador. “Claro que hay que unirnos -dijo-, pero hay que atender las causas de la violencia e inseguridad que imperan en el territorio nacional y no quedarse en el discurso publicitario y demagógico”.

Durante el segundo día de su recorrido por 23 municipio de Jalisco, López Obrador dijo, en relación al llamado a la unidad hecho por el presidente Felipe Calderón, que dicha unidad sólo se logrará hasta que haya una política distinta a la actual.

Al respecto, aseguró que la violencia e inseguridad no se resolverán con un mayor número de policías, amenazas de mano dura, leyes más severas, un mayor número de cárceles y militares patrullando las calles. Para salir de la crisis económica y de seguridad, agregó, es necesario otorgar becas a todos los jóvenes, apoyos a los adultos mayores, retirar las iniciativas para privatizar el petróleo, pagar los ahorros de los ex braceros y retirar de sus cargos a los responsables del gabinete de seguridad.

“Primero el pueblo, de manera particular los pobres y la gente necesitada y no primero los banqueros, no primero los especuladores financieros y no primero los políticos corruptos... la paz y la tranquilidad social son fruto de la justicia social", expresó.

Artículo de Jaime Ornelas Delgado

Artículo de Jaime Ornelas Delgado

En repudio a la violencia criminal

 

 
 
Jaime Ornelas Delgado

Jamás el pueblo ha agredido al pueblo. De ahí que, ni por asomo, se pueda decir o insinuar que el movimiento social, en sus múltiples expresiones, pueda cometer atentados como el ocurrido el 15 de septiembre en Morelia. Sólo una dolosa mala fe puede sugerirlo y no faltará quien lo intente.

Los actos de barbarie como el ocurrido en Morelia durante la fiesta popular más sentida de los mexicanos, sólo pueden ser cometidos por el crimen organizado que, así, reta al gobierno y aumenta la ingobernabilidad o por quienes pretenden ocultar o desviar la atención de la deteriorada situación social prevaleciente en el país, que por supuesto de ninguna manera justifica la violencia.

Los muertos de Morelia y muchos más, son los pasivos de la lucha popular. La injusta y absurda agresión fue cometida contra quienes son las víctimas de siempre. Son los pobres, de nuevo, quienes ponen los muertos y el gobierno el que hace los discursos.

Y ahora se convoca a la unidad nacional. Se quiere que la población acepte resignada, en aras de esa unidad, la privatización del petróleo; que cesen las demandas laborales; que no se proteste por el alza constante de los precios de los alimentos que arroja a miles a la pobreza; que se deje de criticar y rechazar el modelo económico que condenan a millones de mexicanos al desempleo y la desesperanza que los obliga a emigrar y vivir otra cultura ajena a la suya; que se guarde “prudente” silencio ante el deterioro social y que se acepte la perversa alianza por la educación que terminará por fortalecer los valores neoliberales; que se deje de protestar por la ley de ISSSTE o por la ineficiencia del gobierno federal para enfrentar la guerra que le declaró al narco sin siquiera estar preparado para enfrentar ese conflicto del que sólo dijo el presidente que costaría muchas vidas y mucho dinero.

Es de esperar que lo ocurrido en Morelia, que a nadie le duele más que al pueblo mismo, no se convierta en el pretexto que tanto ha buscado el gobierno federal para criminalizar y reprimir la protesta social pacífica provocada por la descomposición social que vive el país. En todo caso, México necesita construir una sociedad libre de este tipo de actos criminales y de la pobreza que la agobia, sin el desempleo que se generaliza y de la desigualdad y la exclusión que son ya la marca distintiva del quebranto del tejido social que el neoliberalismo ha provocado. La violencia no forma parte de la estrategia del movimiento social porque sabe que el cambio menos doloroso para el pueblo mexicano, habrá de hacerse pacíficamente. Así se ha propuesto, así se hará.

 

El presupuesto y sus intenciones

A pesar de lo que afirmara en días pasados Agustín Carstens, secretario de Hacienda, en el sentido de que el presupuesto federal para el año próximo aumentaría en poco más de 30 por ciento para estimular el crecimiento de la economía, el proyecto enviado al Congreso de la Unión prevé un aumento menor al 6 por ciento respecto al aprobado para el año que corre, con lo cual considerando la inflación que se acerca al mismo índice, no hay un aumento real en el gasto público.

El proyecto enviado por Calderón prevé un incremento real de 33 por ciento en la partida de orden, seguridad y justicia, y 42 por ciento en Defensa Nacional. Y como el presupuesto permanece casi igual y de algún lado hay que obtener recursos, se disminuyen las partidas destinadas a Comunicaciones y Transportes, Comisión Federal de Electricidad, Reforma Agraria y Turismo.

De esta manera, el crecimiento económico y la generación de empleo han pasado a  segundo término y el presupuesto pone el énfasis en el abatimiento de la criminalidad. Hay que recordar que México lleva tres años en registrar el menor crecimiento económico de toda América Latina.

Se descuida, también, la inversión en infraestructura y vale recordar que México tiene un fuerte rezago en ese rubro que lo coloca en el lugar 64 de entre 125 países. La ANUIES se quejó de los montos propuestos para las universidades públicas y el desarrollo científico y tecnológico, que consideran absolutamente insuficientes.  

Una partida conviene resaltar para ver como se las gasta (o como gasta Calderón) el Ejecutivo federal: El proyecto de presupuesto enviado a la Cámara de Diputados propone asignar mil 723 millones de pesos para gastos de comunicación social y publicidad de la presidencia de la República. Ni Fox se atrevió a tanto.

 

Hágame usted el favor

Como Felipe Calderón ya no sabe qué hacer con el gobierno, convocó a un concurso para que los ciudadanos digan “cual es el trámite más inútil que se hace ante el gobierno federal”. En el programa radiofónico Economía al Aire que se transmite todos los viernes de dos a tres de la tarde, hicimos una encuesta entre los radioescuchas sobre el trámite más inútil y ofrecimos las siguientes opciones a elegir una: a) Haber ido a votar el 2 de julio de 2006, pues no se respetó el voto; b) El Acuerdo Nacional por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad, firmado el 21 de agosto pasado; c) El nombramiento con el que Calderón benefició a sus cuates: Juan Mouriño en Gobernación; Ernesto Cordero en Desarrollo Social y Gerardo Ruiz en Economía, pues ninguno sirve para nada. Ya se podrá usted imaginar que la opción que más votos tuvo fue la primera... ¿Qué les parece el anuncio que hizo Carstens de que las gasolinas aumentarán semanalmente? A estas alzas no les encuentra uno sentido ahora que disminuye el precio internacional del petróleo. El caso es que el precio de las gasolinas en México aumenta en un porcentaje superior al de la inflación... Nada fortuito fue el ataque que sufrió la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) de parte de grupos porriles que, generalmente son organizados y responden a los intereses de ciertas autoridades gubernamentales. La verdad es que la derecha no tolera el que la UNAM, siendo una universidad pública, sea la mejor de América Latina y se ubique entre las 100 mejores del mundo. Por eso quieren desprestigiarla y destruirla... Véalos actuar: la oficina de la presidencia de la República, tres días antes del segundo informe de labores de Felipe Calderón, envió 60 millones de cartas a los beneficiarios de los programas sociales federales destacando los logros de su gestión. La promoción política de Calderón costó al erario 240 millones de pesos.