Artículo de Jaime Ornelas Delgado
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Comunicados | ||
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TENDAJÓN MIXTOEl fracaso del libre mercado | |
Desde que, mediante la traición, la violencia y la ilegalidad asumió el poder Augusto Pinochet en Chile, hasta el renegado neoliberal Carlos Salinas de Gortari y el espurio Felipe Calderón, pasando por Ronald Reagan y Margaret Thatcher y todos los neoliberales, se condenó al Estado a la inactividad y las privatizaciones –es decir, el remante de los bienes públicos–, la desregulación –dejar hacer dejar pasar– y la liberalización –la apertura de la economía a las mercancía y los capitales externos–, se convirtieron en los principios que sustentaban el fundamentalismo del mercado proclamado como solución al intervencionismo estatal en la economía. Lo público, incluida la educación, se hizo sinónimo de ineficaz y mala calidad, a cambio lo privado era lo que se producía con eficacia y la mayor calidad. El mercado, se difundía alegremente, era el mecanismo más eficaz para asignar los recursos productivos, el Estado sólo dilapidaba la riqueza puesta a su disposición. La inversión privada, proclamaban los neoliberales, hará crecer la economía como ocurre en los países donde impera el libre mercado, es decir, aquellos que no sufren la intervención estatal. Y aunque los llamados “tigres asiáticos” o más recientemente China y la India, habían mostrado la necesidad de dar espacios a la iniciativa pública para alcanzar el desarrollo, nadie creía que eso fuera cierto se seguía viendo hacia EU y su economía que se convertía en la mayor consumidora del mundo, aunque su productividad dejara mucho que desear. Sin embargo, hace poco más de un año comenzaron los problemas crediticios en Estados Unidos. El derrumbe de bancos como Bear Stearns y de los gigantes hipotecarios Fannie Mac y Fredi Mac, empezaron a cuestionar la pertinencia de la desregulación del mercado crediticio dada la irresponsabilidad con la que habían actuado esas empresas. Hoy, George Bush plantea un salvamento del sistema financiero de su país que costará al fisco 700 mil millones de dólares, enorme suma que socializa los costos del rescate para sostener las ganancias privadas. Pero las cosas no son tan sencillas, pues los demócratas en el Congreso exigen que no sea sólo un rescate financiero sino que el gobierno intervenga a las instituciones crediticias, lo que daría un sentido distinto a la intervención gubernamental y abriría las puertas a la la regulación estatal en ese y en otros campos de la economía. Hoy más que nunca, en el mundo y particularmente en nuestro país crece la certeza de que la economía de mercado ha sido ineficaz para impulsar el crecimiento de la economía, además de mantener a muy amplios sectores de la población en condiciones de pobreza y pobreza extrema; tampoco ha quedado demostrado que con el retiro del Estado de la actividad económica los agentes privados respondan con mayor eficacia a las nuevas condiciones de la acumulación y, mucho menos, se ha hecho fehaciente que los recursos productivos se asignen, ahora, con mayor eficiencia que antes, como también sostuvieron los abogados de las reformas estructurales de orientación al mercado. Los hechos muestran que dejar al mercado actuar libremente, termina por apresurar las crisis económicas y acentúa su profundidad. En fin, a casi 30 años de haberse impuesto el neoliberalismo y el libre mercado, su fracaso es estruendoso y trascendente que, sin duda, equivale al derrumbe de la URSS.
Hágame usted el favor Ahora que estamos en el mes de la patria y cunde la desesperación entre la población por las crecientes dificultades para sobrevivir al neoliberalismo, recordemos que este país si bien ha sido mezquino con millones de mexicanos, ha sido generosísimo con algunos, por lo menos con los siguientes 10 honestos y esforzados empresarios y una empresaria, que en este aciago 2008 son los más ricos de la nación. Ahí le van los nombres, por si alguno resulta su primo o su compañero de banca en el kinder: 1. Carlos Slim, dueño de de Telmex, American Móvil y del Grupo Carso, entre otros negocitos y ahora inversionista en diarios de Estados Unidos, en el último año aumentó su fortuna en 11 mil millones de dólares. Se dice que su riqueza se incrementó a razón de 1.25 millones de dólares por hora, con lo que su fortuna, que supera los 60 mil millones de dólares, equivale al 6.3% del PIB; 2. Alberto Bailleres, de Peñoles y el Palacio de Hierro, casi duplicó su riqueza en el último año, al pasar de 5 mil millones de dólares a 9.8 miles de millones de dólares. Es el segundo hombre más rico del país, aunque muy lejos de Slim; 3. Germán Larrea. Presidente ejecutivo de Grupo México, se colocó en el tercer sitio entre los multimillonarios mexicanos. Según Forbes, la fortuna de Larrea asciende a 7.3 miles de millones de dólares; 4. Jerónimo Arango, de Walmex mantuvo la fortuna que se le calculó en 2007 y que asciende a la nada despreciable cantidad de 4.3 miles millones de dólares; 5. María Asunción Aramburuzabala, accionista de Grupo Modelo y la empresaria más poderosa de México y de América Latina, tiene una fortuna calculada en 2.3 mil millones de dólares; 6. Isaac Saba Raffoul, de Casa Saba, subió en unos 300 millones de dólares su fortuna al pasar de 1.8 miles de millones a 2.1 miles de millones; 7. Ricardo Salinas Pliego, que hace negocio con los autos chinos, aumentó su fortuna a 1.7 miles de millones de dólares, aunque el empresario dueño del Grupo Salinas y de TV Azteca bajó en el ranking mexicano del sitio tres al siete; 8. Roberto Hernández, aunque no pagó los impuestos correspondientes a la venta de Banamex, vio disminuir su fortuna en unos 300 millones de dólares, pues su riqueza descendió de 2 mil millones de dólares a 1.7 miles de millones de dólares; 9. Emilio Azcárraga Jean, de Televisa, también vio bajar su fortuna de 2.1 miles de millones de dólares a 1.6 miles de millones de dólares; 10. Alfredo Harp Helú del Grupo Martí, posee en 2008 la misma riqueza que en 2007: 1.6 miles de millones de dólares; 11. Otro cuya fortuna dicen que descendió en el último año, fue Lorenzo Zambrano propietario de Cemex. Forbes calculó en su lista 2007 que Zambrano tenía 1.7 miles de millones de dólares, pero ahora estima que su fortuna asciende a 1.5 miles de millones de dólares... es probable que la próxima semana, cuando muchos mexicanos cobren su quincena, esta lista crezca de manera desorbitante, si no para qué pusieron a Sojo en el INEGI. |
La peor crisis económica y financiera de Estados Unidos en más de medio siglo se está agravando en este otoño de 2008 y amenaza a los países sin capacidad de decisión autónoma y uncidos a Washington, como México, que se halla, por otro lado, enfrentando una situación política y social crítica derivada de las políticas del gobierno de facto de Felipe Calderón, que en menos de dos años ha creado un clima de inseguridad y de violencia sin precedentes con el pretexto mentiroso de estar luchando contra el narcotráfico.
1. El gobierno ilegítimo de Felipe Calderón ha entrado antes de cumplir dos años en un escenario de desastre sin precedentes, derivado tanto de su incompetencia y de sus tentativas privatizadoras antinacionales, que lo han llevado de fracaso en fracaso, como del escenario caótico creado por él mismo al lanzar anticonstitucionalmente a las fuerzas armadas a aparentar una lucha contra el crimen organizado, que lo único que ha producido es un inútil derramamiento de sangre, y éste ahora se agrava por la crisis financiera internacional, sin que se vislumbre una salida.
2. El país requiere con urgencia un cambio radical –de otras políticas que privilegien los derechos del pueblo por sobre los intereses de las trasnacionales, y de otros hombres para ejecutarlas, muy distintos a los yuppies extranjerizantes con los que Calderón pretende inútilmente gobernar–, pero las exigencias provenientes de todos los sectores se están multiplicando sin que el gobierno panista parezca tener otra prioridad que proseguir con una serie de manipulaciones tendientes a imponer una mayoría panista en la Cámara de Diputados en las legislativas de 2009.
3. El escenario actual de México requiere una lectura muy diferente de la que muchos analistas están haciendo, influidos por la propaganda oficial. La violencia generalizada que prevalece es consecuencia de las políticas deliberadas que instauró el gobierno de Calderón desde el primero de diciembre de 2006 para crear un escenario de caos que le permitiese mantenerse en el poder, a pesar de su ilegitimidad, e imponer los programas privatizadores, y no de los traficantes que tienen sus propios códigos, y que el pueblo ve claramente. En México no existe una violencia derivada de la lucha de los cárteles entre sí, como no hay tampoco, según se pretende, un narcoterrorismo.
4. Ese interés del gobierno panista en mantener el clima de violencia para amedrentar a la población y desmovilizarla, es lo que explica que lejos de tomar las medidas conducentes pretende arrojar aceite al fuego. Y es lo que explica también que lejos de prever medidas drásticas frente a la crisis financiera que está germinando, se pretenda ignorarla creyendo que puede contribuir al escenario del caos.
5. Las señales que vienen del Potomac y de Wall Street no dejan, sin embargo, lugar a dudas de cuál va a ser el escenario inmediato. Los republicanos y los demócratas de Washington están dando ya evidencias de que una vez más van a hacer recaer el costo de su crisis a la clase trabajadora estadunidense y, sobre todo, a los países subordinados a sus políticas como México, y esto va a ser así ocupe quien sea la Casa Blanca a partir del 20 de enero. De la misma manera que el gobierno panista de México, sometido por completo al exterior, va a pretender seguir haciendo lo que hasta ahora ha hecho: hacerle pagar el costo de sus erráticas políticas al pueblo y pasarle a las capas medias de la población, sobre todo al pueblo empobrecido, la factura de lo que ya se llama a nivel internacional el efecto jazz.
6. México estará destinado, en consecuencia, a pagar en parte el costo de la crisis del sistema financiero estadunidense de no cambiarse de políticas, y esto es responsabilidad de Calderón, pues no hay una fatalidad en el porvenir inmediato. Cualquier salida que le puedan dar a la crisis mexicana los grupos que actualmente pretenden gobernar, de seguir las cosas como están, va a ser, por consiguiente, dentro del modelo actual y del insignificante margen de acción que les dejan a quienes mandan en México tanto la Casa Blanca como los organismos financieros a los que han aceptado someterse.
7. La disputa que está aflorando entre los sectores más retrógrados del país sobre las medidas que ha de tomar el gobierno calderoniano para que la violencia que el mismo desató conduzca a algo o para que el efecto jazz no afecte demasiado al sector empresarial no refleja más que la miopía, la ineptitud y el entreguismo de los grupos oligárquicos que se han apoderado del poder en México. Y poco importa si Guillermo Ortiz (director del Banco de México) se opone al titular de Hacienda, Agustín Carstens, pues ambos obedecen dócilmente las directrices de Washington.
8. Las medidas que deben tomarse de urgencia para poner un alto a la debacle nacional no implican, sin embargo, más que algo muy sencillo: respetar el marco jurídico establecido en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Es urgente que el gobierno de facto calderonista detenga su frenesí privatizador lo mismo de industrias estratégicas que del sector educativo, que el ejército y la Marina regresen a sus cuarteles y no realicen tareas policiacas y represivas que les están tajantemente prohibidas, que el gobierno cese de derrochar los recursos de la nación para poder imponerse de manera fraudulenta en 2009. Y, ¿por qué no?, que se establezca un gobierno que trabaje para los mexicanos y no para los intereses trasnacionales.
9. La dinámica política de los últimos meses de desastre del segundo gobierno panista no apunta, no obstante, a que exista en él talento ni voluntad política para darle salida a la grave crisis económica, política y moral a la que ha llevado al país, y sí, por el contrario, hay evidencias de que puede empecinarse en ahondar el escenario de caos que el mismo forjó, y para el que le sirven lo mismo la crisis política que la financiera.
10. Hay que recordar ante esto, y por lo mismo, que al margen de lo que decidan en las próximas semanas las cúpulas empresariales y políticas la salida no se halla arriba; está abajo.
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¿Qué diferencias hay entre el 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y el 15 de septiembre de 2008 en Morelia? Tantas que ni hace falta nombrarlas. Vale más señalar, en cambio, las similitudes que hubo en las reacciones de George Bush y Felipe Calderón. Después de los atentados, a pesar de su origen electoral espurio, ambos aprovecharon las tragedias para llamar a las fuerzas políticas de sus respectivos países a reconocerlos como líderes únicos.
Bush redujo las libertades públicas en Estados Unidos, atacó Afganistán para instalar un gasoducto, culpó a Saddam Hussein, lo acusó de tener armas de destrucción masiva, invadió Irak y causó la muerte de más de 100 mil inocentes. Pero luego reconoció que todo era un mero pretexto para tratar de adueñarse de una de las mayores reservas de petróleo del mundo.
En México, no lo olvidemos, el Senado analiza una serie de iniciativas de reforma, enviadas por Calderón, que de ser aprobadas permitirán que empresas de Estados Unidos exploren, extraigan, exporten, almacenen y transformen nuestro petróleo. No es gratuito, entonces, que al día siguiente de las granadas en Morelia, Tony Garza, el embajador estadunidense, haya salido a los medios a condenar el acto “narcoterrorista”.
La noche del 16 de septiembre, entrevistado por Carmen Aristegui, el experto de Naciones Unidas en temas de narcotráfico, Edgardo Buscaglia, propuso que el caso Morelia fuese llevado al Consejo de Seguridad de la ONU, y afirmó que “en la mitad de los estados la República la sociedad civil le paga impuestos al narcotráfico”, con lo que abonó su tesis, planteada en ocasiones anteriores, de que “la mitad de los gobiernos municipales del país” responden a los intereses de los cárteles.
¿Qué procedería, hipotéticamente, al cabo de una eventual reunión del Consejo de Seguridad de la ONU sobre la desastrosa situación de México? ¿La intervención de los cascos azules, el reforzamiento de la Iniciativa Mérida por tropas estadunidenses? No es indispensable ser Maquiavelo para entender que ante el evidente fracaso del enfoque calderonista sobre el fenómeno del narcotráfico, lo primero que se necesita es cambiar de política al respecto, y desde luego de políticos: hay que dejar de hacer aquello que favorece a las potencias extranjeras que se benefician de nuestras debilidades para apoderarse de nuestro petróleo.
A nadie sorprenden, por lo tanto, las declaraciones de prensa que Juan Camilo Mouriño dio el jueves, al reunirse con la fracción del PAN en la Cámara de Diputados, donde reiteró que “el gobierno federal no tiene previsto modificar su estrategia de combate” al narcotráfico. En otras palabras, todo seguirá empeorando hasta que se consume la privatización de Pemex. Después, ya veremos.
El llamado calderonista a la “unidad” con su política y sus políticos tiene la absurda pretensión de hacernos creer que no hay más ruta que la suya. El que durante la campaña se ofreció como la única opción capaz de evitar que México se hundiera en una nueva crisis, ha arrastrado al país a la peor espiral de violencia que se recuerde desde los años posteriores al triunfo de la Revolución.
Su discurso y su abrumador aparato de propaganda, formado por todos los medios electrónicos de comunicación, no sólo se empeñan en reiterar que no hay de otra sino, sobre todo, en ocultar que existe y está en marcha un programa alternativo que se resume en unas cuantas líneas y que Andrés Manuel López Obrador dio a conocer la noche del 15 en el Zócalo, ante decenas de miles de seguidores que lo escucharon con entusiasmo bajo la incesante lluvia.
El país puede volver a crecer económicamente si el gobierno federal reduce en 200 mil millones de pesos sus gastos superfluos; si destina ese dinero y el producto de los excedentes del petróleo a las siguientes obras y metas: construir las tres refinerías que faltan para que dejemos de importar gasolina, subsidiar con becas a todos los estudiantes de preparatoria, elevar el presupuesto de las universidades para absorber a los 300 mil jóvenes que son rechazados cada año; apoyar con medio salario mínimo mensual a todos los ancianos; cancelar la llamada “alianza educativa” que pretende acabar con las escuelas normales, formadoras de maestros; aumentar el presupuesto al campo; construir infraestructura para detonar la creación de empleos; librar a Pemex de su enorme carga fiscal y modificar radicalmente la política de seguridad pública, devolviendo las tropas a sus cuarteles y abandonando el modelo policiaco de la ultraderecha.
Sin embargo, mientras las noticias de Morelia y las arengas calderónicas borraban de los periódicos toda mención al discurso del Zócalo, el coordinador de los diputados priístas en San Lázaro, Emilio Gamboa Patrón, declaraba que “López Obrador es un mal mexicano, que divide en tiempos que reclaman unidad”, a la vez que un lector de noticias del canal 7 de la televisión de Saltillo (XHRGC), llamado Antonio Dávila, decía con todas sus letras que el tabasqueño “mandó” lanzar las granadas en Michoacán.
En un video, disponible en YouTube bajo el título “Acusa televisora saltillense a López Obrador”, el comentarista asegura textualmente lo que sigue: “¿Quién se atribuye este atentado? Un grupo político. ¿Quién? Eso lo vemos en otras partes del mundo, pero no en México. Y lo hacen, repito, grupos políticos separatistas, anarquistas. El único grupo separatista político que veo ya no es el PRD sino únicamente Andrés Manuel López Obrador. Lo vimos ahí precisamente en el Zócalo de México compitiendo con El Buki, compitiendo con Lucero, con las que se presentaron ahí; allá, abandonado, ni la dirigencia del PRD, ni Marcelo Ebrard, parece ser que se están desmarcando. Cuando se requiere de unidad, Andrés Manuel López Obrador habla de no, de separarse precisamente. Entonces pudiéramos decir que, como es el único grupo separatista que existe, él es el que mandó el atentado”.
El autor de tales reflexiones, no por nada, está estrechamente relacionado con el gobernador de Coahuila, Humberto Moreira, y con nativos de aquella entidad que ocupan posiciones relevantes en la industria petrolera: Carlos Morales Gil, director de Pemex Exploración y Producción (Ramos Arizpe, 1954); el contratista Antonio Juan Marcos Issa (Torreón, 1940) y Rosendo Villarreal Dávila (Saltillo, en 1942). Los dos primeros fueron denunciados por López Obrador como copartícipes en el fraude del buquetanque El señor de los mares. El tercero, miembro del PAN, ex alcalde de Saltillo, no tenía dinero cuando a principios de 2007 Calderón lo nombró director corporativo de administración de Pemex. Hoy comparte con sus hijos Rosendo, David y Gabriela Villarreal Berlanga la empresa Servicios Sierra de Arteaga, que posee al menos 67 camiones de carga, tipo tráiler.
¿Juega Dios con los ciclistas? No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que no sólo hay dioses; también hay demonios de las pequeñas cosas, duendes diminutos, juguetones chaneques, gnomos, pequeños seres bromistas, dedicados todos ellos a promover sorpresas, hechos inesperados, sucesos imprevistos. Para la ciencia, estos eventos impredecibles han dado lugar a la llamada “teoría del caos”, dedicada a atender situaciones en las que “un pequeñísimo cambio en las condiciones iniciales puede modificar drásticamente el comportamiento general de un sistema en el largo plazo”: El aleteo de una mariposa puede provocar un huracán, un tornillo mal colocado la caída de un avión, un microbio el colapso de un imperio, y… una caída en bicicleta el inicio de la ingobernabilidad de un país.
Todo indica que la mayoría de los accidentes no son hechos fortuitos o derivados del azar, sino el resultado de eventos consciente o inconscientemente inducidos o facilitados por el accidentado. Dicho de otra forma, cada quien promueve sus propios accidentes. Quien anda en bicicleta sabe que ya posee la habilidad de mantener un equilibrio, por ello el ciclista es, en cierto modo, un maestro en el arte de balancear. El ciclista que cae debido a una pérdida aunque sea temporal de su pericia, ha perdido su capacidad de mantener su balance, de sostenerse en movimiento por medio de dos ciclos y mediante el justo medio entre dos fuerzas opuestas: una que viene de la izquierda, la otra desde la derecha.
Probablemente no hay mayor desgracia para un gobernante que sufrir un accidente en bicicleta, porque el evento devela, como metáfora y suceso, una situación personal de pérdida de control (interno y/o externo), de ingobernabilidad sobre el instrumento que conduce. Como un contrapunteo invisible pero efectivo, se pierde doblemente el equilibrio: en la conducción bicicletera y en la dirección gubernamental. El colmo: el ciclista se cae, y por el diccionario de sinónimos sabemos que caída significa declinación, descenso, decadencia, desplome, derrumbamiento, desmoronamiento, hundimiento, ocaso. Y todo hecho inusual, por diminuto o personal que parezca, encierra la posibilidad de convertirse en símbolo, en icono, en parteaguas de la historia de los individuos, las comunidades y las sociedades.
Cuando el ciclista que cae es además un presidente acorralado, acotado, debilitado por los acontecimientos y las fuerzas que estaría obligado a gobernar, la probabilidad de que le ocurra un accidente es muy alta. Creo que nunca ha habido, en la historia reciente del país, un presidente con tan poca capacidad de maniobra como el que actualmente nos (des) gobierna. Investido mediante un mecanismo fraudulento (ahí siguen, amordazadas pero vivas, las urnas de la elección de 2006 a la espera de ser interrogadas), su “debilidad de origen” lo ha llevado a obligadas alianzas con las poderosas elites económicas, los líderes más corruptos del sindicalismo, las televisoras, los gobernadores prepotentes y mafiosos, las corporaciones trasnacionales (¿alguien se imaginaba a un presidente mexicano llevándole un pastel al gigante Wal-Mart?), los bancos extranjeros, y un grupo de funcionarios públicos leales pero ineficaces y corruptos. Ello lo deja sin autoridad moral y, en consecuencia, sin capacidad para la acción, frente a las dos grandes fuerzas que lo amenazan de manera permanente: el crimen organizado ya empoderado social y militarmente, y la oposición política, social y ciudadana de un país cada vez más injusto e inseguro.
La caída del ciclista tiene un último y peculiar significado. No se pueden hacer análisis políticos acertados en un país tan lleno de magia colectiva como México sin tomar en cuenta la fecha cabalística de la ruptura histórica. El 2010 está tan presente en el inconsciente social de los mexicanos como el maíz, el águila y la serpiente, la Virgen de Guadalupe o el mole poblano. Conforme nos acercamos a esa fecha, a ese “accidente societario” soñado, columbrado, intuido y deseado por millones de ciudadanos, nos aproximamos a un momento en el que el anhelo por un cambio induce y condiciona una esperanza que marea. En la intimidad, la gente, los ciudadanos, bien pueden otorgar un significado premonitorio a la caída de la bicicleta.
Es en este contexto que las propuestas de Porfirio Muñoz Ledo, aparentemente inoportunas, excesivas o descabelladas, son de una enorme trascendencia. Solamente una reforma profunda del Estado, de sus formas y reglas, incluida la posibilidad de revocar los mandatos de quienes gobiernan, puede ofrecer una salida democrática y evitar la opción autoritaria y violenta. La caída del ciclista no es solamente una alegoría, una broma de los demonios de las pequeñas cosas o una nueva demostración de la teoría del caos. También es una señal, diáfana y oportuna, de la llegada de un límite y de la debilidad de un régimen, y de un “estado de cosas”. En algún lugar de algún momento futuro los mexicanos hablarán, con nostalgia o con coraje, con placer o con amargura, de aquel hecho extraño y absurdo que desencadenó el cambio que el país necesitaba. En la memoria colectiva se grabó con letras de oro como la “parábola de los ciclistas que caen”. Roguemos por ellos.
“Dicen que queremos derrocarlo, pero él se cae solo”: A.M. López Obrador
Momentos de dolor y confusión tras la explosión en la plaza Melchor Ocampo, a escasos metros del palacio de gobierno, la noche del pasado lunes en la capital michoacana.
Nadie merece morir a la mala. Pero uno se consuela tontamente pensando que nuestros muertos de cada día murieron por algo, por andar en negocios peligrosos, quizá. Hasta para los muertos en secuestros hay una razón, por sórdida que sea. Los muertos de Morelia, en cambio, son muertos gratuitos. Murieron porque sí, porque estaban ahí y alguien tenía que morir para que recibiéramos el mensaje.
Toda muerte impuesta nos ofende, pero las muertes del Grito rebasan el umbral, nos afrentan como especie. Y esto hace aún más despreciable el uso político que el gobierno federal y sus epígonos están dando a la masacre.
Porque los mexicanos, todos, salvo un puñado de criminales, estamos unidos desde hace rato en el repudio a la barbarie. Como lo estamos en la exigencia de que el Estado cumpla con su exclusiva e indeclinable responsabilidad de dar seguridad a la ciudadanía. Nadie, absolutamente nadie, ha escatimado su condena al progresivo baño de sangre.
¿A cuenta de qué, entonces, en su discurso del 16 de septiembre de apenas 700 palabras, Calderón se refirió 20 veces a la unidad y su antónimo, la división, metiendo en el costal de “traidores a la patria” tanto a criminales ciertos que tiran granadas a la muchedumbre, como a unos presuntos divisionistas y desestabilizadores que no conformes con “opinar distinto” también “atentan contra el Estado”?
Versión insostenible, aun si la repiten todos sus corifeos mediáticos, pues sugiere que la presente administración está fracasando en su “guerra contra la delincuencia”, no por sus torpezas, sino porque los mexicanos estamos divididos y muchos discrepamos del gobierno (con la misma lógica se argumenta que la economía no crece y la pobreza sí, porque los eternos inconformes bloquean la reforma energética).
El mensaje presidencial con motivo de la masacre de Morelia es claro y ominoso: olviden que las elecciones de 2006 fueron fraudulentas, no insistan más en que la reforma energética calderonista es privatizadora, dejen de criticar la militarización del país, pues de lo contrario serán cómplices de la delincuencia, serán “desestabilizadores”, serán “traidores a la patria”.
Más grave aún que sacar raja política de la tragedia, insinuando –una vez más– que la oposición representa “un peligro para México”, es que con este discurso se sigue evadiendo el verdadero problema de la seguridad ciudadana: la batalla contra el crimen organizado se perderá –como se está perdiendo– si no rescatamos al país del naufragio económico, político y moral al que lo han llevado las últimas administraciones; se perderá fatalmente si el gobierno sigue pensando que la solución no radica en ofrecer a los jóvenes un futuro esperanzador, sino en aumentar la capacidad de fuego del Estado y para esto en la iniciativa presupuestal para 2009 propone dar más dinero a la fuerza pública y menos al campo.
Bush no fue autor de los atentados del 11 de septiembre, pero los utilizó para legitimar su prepotencia militarista. Que no nos pase lo mismo.
Hay que atender sus causas y la inseguridad y no quedarse en el discurso publicitario, expuso.
La Jornada On Line
Publicado: 19/09/2008 18:25
México, DF. Llamar a la unidad “de manera demagógica, nada más de espectáculo, no sirve para nada”, expresó este viernes el ex candidato a la presidencia Andrés Manuel López Obrador. “Claro que hay que unirnos -dijo-, pero hay que atender las causas de la violencia e inseguridad que imperan en el territorio nacional y no quedarse en el discurso publicitario y demagógico”.
Durante el segundo día de su recorrido por 23 municipio de Jalisco, López Obrador dijo, en relación al llamado a la unidad hecho por el presidente Felipe Calderón, que dicha unidad sólo se logrará hasta que haya una política distinta a la actual.
Al respecto, aseguró que la violencia e inseguridad no se resolverán con un mayor número de policías, amenazas de mano dura, leyes más severas, un mayor número de cárceles y militares patrullando las calles. Para salir de la crisis económica y de seguridad, agregó, es necesario otorgar becas a todos los jóvenes, apoyos a los adultos mayores, retirar las iniciativas para privatizar el petróleo, pagar los ahorros de los ex braceros y retirar de sus cargos a los responsables del gabinete de seguridad.
“Primero el pueblo, de manera particular los pobres y la gente necesitada y no primero los banqueros, no primero los especuladores financieros y no primero los políticos corruptos... la paz y la tranquilidad social son fruto de la justicia social", expresó.
En repudio a la violencia criminal | |
Jamás el pueblo ha agredido al pueblo. De ahí que, ni por asomo, se pueda decir o insinuar que el movimiento social, en sus múltiples expresiones, pueda cometer atentados como el ocurrido el 15 de septiembre en Morelia. Sólo una dolosa mala fe puede sugerirlo y no faltará quien lo intente. Los actos de barbarie como el ocurrido en Morelia durante la fiesta popular más sentida de los mexicanos, sólo pueden ser cometidos por el crimen organizado que, así, reta al gobierno y aumenta la ingobernabilidad o por quienes pretenden ocultar o desviar la atención de la deteriorada situación social prevaleciente en el país, que por supuesto de ninguna manera justifica la violencia. Los muertos de Morelia y muchos más, son los pasivos de la lucha popular. La injusta y absurda agresión fue cometida contra quienes son las víctimas de siempre. Son los pobres, de nuevo, quienes ponen los muertos y el gobierno el que hace los discursos. Y ahora se convoca a la unidad nacional. Se quiere que la población acepte resignada, en aras de esa unidad, la privatización del petróleo; que cesen las demandas laborales; que no se proteste por el alza constante de los precios de los alimentos que arroja a miles a la pobreza; que se deje de criticar y rechazar el modelo económico que condenan a millones de mexicanos al desempleo y la desesperanza que los obliga a emigrar y vivir otra cultura ajena a la suya; que se guarde “prudente” silencio ante el deterioro social y que se acepte la perversa alianza por la educación que terminará por fortalecer los valores neoliberales; que se deje de protestar por la ley de ISSSTE o por la ineficiencia del gobierno federal para enfrentar la guerra que le declaró al narco sin siquiera estar preparado para enfrentar ese conflicto del que sólo dijo el presidente que costaría muchas vidas y mucho dinero. Es de esperar que lo ocurrido en Morelia, que a nadie le duele más que al pueblo mismo, no se convierta en el pretexto que tanto ha buscado el gobierno federal para criminalizar y reprimir la protesta social pacífica provocada por la descomposición social que vive el país. En todo caso, México necesita construir una sociedad libre de este tipo de actos criminales y de la pobreza que la agobia, sin el desempleo que se generaliza y de la desigualdad y la exclusión que son ya la marca distintiva del quebranto del tejido social que el neoliberalismo ha provocado. La violencia no forma parte de la estrategia del movimiento social porque sabe que el cambio menos doloroso para el pueblo mexicano, habrá de hacerse pacíficamente. Así se ha propuesto, así se hará.
El presupuesto y sus intenciones A pesar de lo que afirmara en días pasados Agustín Carstens, secretario de Hacienda, en el sentido de que el presupuesto federal para el año próximo aumentaría en poco más de 30 por ciento para estimular el crecimiento de la economía, el proyecto enviado al Congreso de la Unión prevé un aumento menor al 6 por ciento respecto al aprobado para el año que corre, con lo cual considerando la inflación que se acerca al mismo índice, no hay un aumento real en el gasto público. El proyecto enviado por Calderón prevé un incremento real de 33 por ciento en la partida de orden, seguridad y justicia, y 42 por ciento en Defensa Nacional. Y como el presupuesto permanece casi igual y de algún lado hay que obtener recursos, se disminuyen las partidas destinadas a Comunicaciones y Transportes, Comisión Federal de Electricidad, Reforma Agraria y Turismo. De esta manera, el crecimiento económico y la generación de empleo han pasado a segundo término y el presupuesto pone el énfasis en el abatimiento de la criminalidad. Hay que recordar que México lleva tres años en registrar el menor crecimiento económico de toda América Latina. Se descuida, también, la inversión en infraestructura y vale recordar que México tiene un fuerte rezago en ese rubro que lo coloca en el lugar 64 de entre 125 países. La ANUIES se quejó de los montos propuestos para las universidades públicas y el desarrollo científico y tecnológico, que consideran absolutamente insuficientes. Una partida conviene resaltar para ver como se las gasta (o como gasta Calderón) el Ejecutivo federal: El proyecto de presupuesto enviado a la Cámara de Diputados propone asignar mil 723 millones de pesos para gastos de comunicación social y publicidad de la presidencia de la República. Ni Fox se atrevió a tanto.
Hágame usted el favor Como Felipe Calderón ya no sabe qué hacer con el gobierno, convocó a un concurso para que los ciudadanos digan “cual es el trámite más inútil que se hace ante el gobierno federal”. En el programa radiofónico Economía al Aire que se transmite todos los viernes de dos a tres de la tarde, hicimos una encuesta entre los radioescuchas sobre el trámite más inútil y ofrecimos las siguientes opciones a elegir una: a) Haber ido a votar el 2 de julio de 2006, pues no se respetó el voto; b) El Acuerdo Nacional por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad, firmado el 21 de agosto pasado; c) El nombramiento con el que Calderón benefició a sus cuates: Juan Mouriño en Gobernación; Ernesto Cordero en Desarrollo Social y Gerardo Ruiz en Economía, pues ninguno sirve para nada. Ya se podrá usted imaginar que la opción que más votos tuvo fue la primera... ¿Qué les parece el anuncio que hizo Carstens de que las gasolinas aumentarán semanalmente? A estas alzas no les encuentra uno sentido ahora que disminuye el precio internacional del petróleo. El caso es que el precio de las gasolinas en México aumenta en un porcentaje superior al de la inflación... Nada fortuito fue el ataque que sufrió la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) de parte de grupos porriles que, generalmente son organizados y responden a los intereses de ciertas autoridades gubernamentales. La verdad es que la derecha no tolera el que la UNAM, siendo una universidad pública, sea la mejor de América Latina y se ubique entre las 100 mejores del mundo. Por eso quieren desprestigiarla y destruirla... Véalos actuar: la oficina de la presidencia de la República, tres días antes del segundo informe de labores de Felipe Calderón, envió 60 millones de cartas a los beneficiarios de los programas sociales federales destacando los logros de su gestión. La promoción política de Calderón costó al erario 240 millones de pesos. |