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Artículo de Guillermo Fabela Quiñones

Artículo de Guillermo Fabela Quiñones

Expectativas imposibles de cumplir
2009-09-06


Guillermo Fabela Quiñones

Apuntes...

Cuando se gobierna de espaldas a la historia, en contra de los intereses mayoritarios, sobrevienen problemas cuyo origen está en ambas formas de ejercer el poder. Eso es lo que ha ocurrido en México desde hace muchas décadas, situación que se evidenció con plena objetividad a partir de que el PRI perdió su hegemonía, sin que la alternancia diera paso a la democracia, sino a una simulación que favoreció aún más la conformación de grupos de interés que influyen de manera decisiva en la toma de decisiones por parte de un Ejecutivo que, en los hechos, sólo ejerce funciones de ejecutor de los mandatos de esa minoría que controla la vida económica, política y social del país.
Tal es la causa fundamental de la problemática que vive

Artículo de Ricardo Andrade Jardi

Artículo de Ricardo Andrade Jardi

¿Cuál puede ser nuestro interés en defender su crisis?
2009-09-06


Ricardo Andrade Jardí

La amenaza deja de ser un discurso distante y ya vuelve la burra al trigo, el aumento del IVA está a la vuelta de la esquina y la austeridad no pasa, ¡ni Dios lo permita!, por los salarios de los altos funcionarios del desgobierno, por los legisladores, jueces y demás cretinos, que son los que nos han llevado a la quiebra, o cuando menos la han permitido, los legisladores “machos” que se siente, abren el debate de los aumentos, y sus olvidos dogmatistas seguirán llenado la nota roja de los medios ¿informativos? Mientras los “representantes” antipopulares, se ocupan de ver cómo salvar, en medio del hambre de millones, su nivel de vida, las ejecuciones se multiplican y los muertos inundan las calles de nuestras ciudades, la violencia familiar engrosa la lista de la IMPUNIDAD y la corrupción política recorre todos los rincones del país

Los funcionarios del desgobierno, esos que no tienen llenadera, los mismos que aseguraban que la crisis financiera global, en México, sólo era “un catarrito”, ahora vociferan históricamente que hay que tomar medidas más estrictas, que los ciudadanos pobres deben seguir pagando la crisis y las deudas de los ricos ciudadanos, “para darle un aliento al sistema”, “para evitar que se colapse”, pues de “lo contrario el mundo como lo conocemos hoy, ya no será más”... Y ahí surge la pregunta urgente ¿y para qué queremos que siga siendo cómo es hoy? Tal vez llegó el momento de dejar que el sistema se colapse y empecemos de nuevo. Pero esta vez, además, pudiera ser que lo podemos hacer bien. Cuando menos distinto. Lo cierto es que la amenaza de que todo será diferente si no salvamos lo que hay no debería ser tan alarmante para los millones de ciudadanos que ya no tenemos nada que perder; para los millones que cada día nos vemos obligados a dejar de consumir este cereal o aquella carne, o enfrentarnos al salarial dilema shakesperiano de: “frutas o verduras... esa es la cuestión”, pues en una quincena es imposible comprar los dos grupos alimenticios juntos, o los que han tenido que dejar de usar (no por conciencia ecológica) sus automóviles, pues ya no alcanza para gasolina, o los que ahora caminan veinte cuadras más, en climas inhóspitos, porque el 20ás en el pretendido “ajuste”, del pasaje público, desequilibra el presupuesto familiar, el salario ya no da, y frente a las amenazas de aumento al IVA, y a las tarifas de los servicios básicos como agua, luz y gas... No sería ya más prudente dejar que todo se derrumbe y de ahí empecemos a construir otra cosa, una alternativa de convivencia social, ambientalmente más responsable, socialmente justa y digna para todos. ¿Cuál puede ser nuestro interés de defender un sistema criminal que cada día nos amenaza con más y más violencia y del que los que más tienen que perder son justamente los que más nos agreden?

 

 

Artículo de Arnaldo Córdova

Artículo de Arnaldo Córdova

El estudio de la historia
Arnaldo Córdova
La derecha, cuando es una fuerza dominante, hegemónica y, más todavía, gobernante, es, por necesidad, sinónimo de barbarie y de oscurantismo. Destruye todos los valores que sustentan las libertades de los individuos y es enemiga jurada de la igualación de los mismos en cuanto a oportunidades de mejoramiento, de preparación cultural y hasta de identidades que puedan ir más arriba de lo que ella es en su pequeñez y en su miseria espiritual. Es elitista por naturaleza, no obstante que ella no es modelo para nadie ni en nada. No soporta que aquellos que son diferentes de ella, por inteligencia, por el color de la piel o por la humildad de su origen la superen o aspiren siquiera a ello.

En 1937, José Vasconcelos publicó su Breve historia de México (Ed. Botas). En ella hace de la Conquista y la Colonia epopeyas del genio español. México antiguo, un informe e incoherente conjunto tribal sin ninguna identidad propia, fue convertido por Cortés en el principio de una nación. Los conquistadores no destruyeron nada que valiera la pena lamentar y, sí en cambio, nos dieron la civilización en la que hoy vivimos. En la Colonia, en particular, los españoles fueron constructores de ciudades y educadores de indios. Cuarenta mil españoles hicieron el milagro de hacer de seis millones de indígenas una nación. El maestro se horrorizaría si pudiera ver lo que nuestras autoridades educativas panistas hacen con la filosofía y con la historia.

Vasconcelos escribió su libro con el ánimo de reivindicar su visión derechista y conservadora y hacerla valer con las ideas. No debió tener dudas de la fuerza de sus argumentos. Para él fue una bendición que nuestros conquistadores fueran los españoles y no los anglosajones, y nos civilizaran con los más altos valores del Renacimiento y no con el espíritu pragmático, individualista y antisocial de la Reforma protestante, que era el credo de quienes más daño nos habían hecho a lo largo de la historia. Nuestros modelos intelectuales eran los grandes humanistas de la Conquista y la Colonia, los sabios misioneros que nos preservaron lo que sabemos del México antiguo, y luego Lucas Alamán y Carlos Pereyra; no Valentín Gómez Farías, que le enseñó a Juárez el credo protestante, liberal y carnicero de Poinsett y al cual, Juárez, seguimos venerando aun después de la Revolución.

Vasconcelos representa en 1937 a un pensamiento de derecha ilustrado y propositivo, aunque rencoroso. Hoy la derecha es incapaz de defender idea alguna, simplemente porque no tiene ideas. Castillo Peraza habló del PAN como el partido de la victoria cultural. Mi amigo (y tuve ocasión de decírselo) estaba soñando, porque llegaban al poder los bárbaros del norte y ya tenían en sus manos a su partido y él se quedó solo. Ninguna idea, ningún valor que reivindicar y defender con inteligencia, como lo hizo Vasconcelos. La historia, para los parámetros en los que se forman los estudiantes del Tec de Monterrey, el ITAM, el CIDE, la Libre de Derecho y las universidades privadas, no está para valores o ideas, menos para ideales. Sólo se trata de formar en los negocios y el poder, como ejecutivos o amanuenses.

De un gobierno derechista se podría esperar que defendiera la Conquista y la Colonia, pues en ellas se concretan todos los valores con los que lucha por conservar el orden establecido y hacerlo retroceder cuanto puede. Pero no. Esta derecha no sabe nada de historia. Fox y Calderón son emblemáticos. Para ellos, como lo dijera el primero, la historia, simplemente, vale madres. El pensamiento de derecha hoy, aunque cueste trabajo llamarle así, pensamiento (porque no piensa nada), consiste, como en el Tecnológico, en formar empresarios o ejecutivos. La cultura, si algo vale, que se la haga por su cuenta el que lo desee. En la escuela hay que enseñar matemáticas, administración y los elementos que lleven a ello.

Cuando pude leer el libro (en Internet) me asombró la prolijidad de datos sin sentido ni coherencia, los errores de todo tipo (algo que muchos notaron sin dificultad: que la isla de Java, perteneciente al archipiélago indomalayo y donde está la capital de Indonesia, país asiático, estaba en Oceanía). La contumacia en ignorar el mérito de las luchas sociales a través de las cuales se ha construido esta nación y hablar siempre en abstracto de un sujeto, el pueblo (o México), sin rostro y sin identidad. Las diferencias que han acabado por modelarnos se vuelven humo y lo que vemos es una mala película sobre un país que no es éste, sino una ensoñación de una derecha que no sabe lo que es cultura ni, mucho menos, algo llamado identidad nacional.

No tengo idea de cuál sea la formación académica del senador Carlos Navarrete (ojalá lo hiciera público porque, como muchos otros políticos, tiene la pinta de ser grillo de profesión desde la cuna), pero sea cual fuere, está claro que piensa como un derechista: Eso [de la historia] no me preocupa. Lo que quiero saber es si los alumnos están bien formados en matemáticas y saben español. No se cuánto sepa de matemáticas, aunque puedo saber hasta dónde llega su español; pero de historia me da la impresión de que no sabe ni con qué se come.

Las maromas y piruetas que las autoridades educativas han hecho para explicar que no se trata de una omisión sino que eso luego lo podrán ver los alumnos (resulta que ni en cuarto ni en sexto los escolapios podrán saber nada de esas etapas cruciales de la historia), sólo son pujidos y berridos de quien ha sido pillado en error y no sabe hacer otra cosa que muecas ridículas para justificar la falta y la estupidez en el trabajo de planeación educativa. Ver al yerno de la Gordillo, además, gruñir que no habrá marcha atrás, es sólo muestra de la prepotencia con la que la cacique magisterial hace y deshace con nuestra educación, deseando tal vez que nuestros alumnos sepan usar nuevos términos como epedinomológica o influencia A-HLNL.

Una derecha sin cultura, que ha hecho posible lo que Castillo Peraza jamás se imaginó, la victoria de la incultura, sólo sabe vivir en la barbarie y se solaza en eso. Para ella no somos otra cosa que el país de la naquez, sin pasado (glorioso o menos, de ello carece de noción), en el que sólo sus hijos blanquitos y orgullosamente criollos, como lo ha denunciado Ortiz Pinchetti, comanden y los demás se dediquen a vivir a su servicio. Las televisoras, siempre se ha visto, son las promotoras por antonomasia de esa derecha para la que la historia, si algo significa, sólo es lo que se puede apreciar en sus telenovelas. ¡Bonito país, éste en el que la derecha en el poder quiere convertirnos

Artículo de Rolando Cordera Campos

Artículo de Rolando Cordera Campos

 
El cambio del cambio, o del espiritualismo panista
Rolando Cordera Campos
Calderón descubrió la necesidad de cambiar y presto transmitió su descubrimiento al respetable. Precedido de una ominosa campaña de saturación publicitaria, que lo convirtió en un curioso conductor de programas de autoayuda o venta de productos milagrosos, como la seguridad pública, el bienestar o la salud para todos, Calderón dedicó la mañana del 2 de septiembre a conjugar el verbo cambiar hasta topar con la necedad del dogma hacendario y reafirmar su fe en un equilibrio fiscal que en la actual circunstancia del mundo y de México tiene de sano lo que la cicuta tuvo para Sócrates. Pero así y todo, el Presidente hizo su día y el infantil verbo antipresidencialista que acabó con el fundamental rito republicano del diálogo público entre poderes tuvo su tarde. Ahí las baladronadas del gritón y la futilidad del atento reclamo de la dimisión presidencial.

Así las cosas, la voluntad de cambiar estrenada por el gobierno conservador se troca con las horas en la decisión de no hacerlo en consecuencia con las necesidades impuestas por la crisis y el estado que guarda la nación, sino a contrapelo de ellos para congraciarse con lo más rancio y reaccionario del pensamiento empresarial y, sobre todo, para no provocar el menor reparo en las nefastas calificadoras de riesgo que, como pocas, contribuyeron a hacer del riesgo un desplome gigantesco del orden financiero mundial.

El decálogo del Presidente ha sido debidamente celebrado, pero su eficacia y pertinencia no han sido evaluadas. Sin secuencia explícita ni prioridades que comprometan al gobierno, los dichos de Calderón pueden pronto volverse diez mandamientos sin destinatario. Tal vez se hagan cargo de esto los diputados en su análisis del tercer Informe, pero lo cierto es que el análisis de la realidad que debe alimentar toda aspiración política de poder o de relevo, como lo admitió el diputado Rojas nada menos que en Los Pinos, no puede esperar. Cambiar de alma para cambiar el mundo, como dicen quererlo Caderón y sus peculiares exégetas, supone un compromiso intenso con el reconocimiento de la realidad y de la historia que nos ha traído hasta aquí, porque sólo así la República podrá reconstituirse y la economía iniciar su dura y larga reconstrucción sustentada en los recursos reales con que cuenta y no en los imaginados por un dogma en el que creen cada vez menos, salvo cuando se trata de mantener privilegios, propiedad y riqueza.

El país está cruzado por una desigualdad que no tiene parangón y hoy agravada por una pobreza mayor causada por la combinación de una crisis inclemente y los saldos de muchos años de crecimiento mediocre, de estancamiento estabilizador, que sin transición alguna se tornó en caída libre de la producción y el empleo. El si no hubiéramos actuado como lo hicimos hubiera sido peor es una burla cruel acuñada en Hacienda hace unas semanas, pero no puede ser admitida en el relevo de la situación a que debe abocarse el Congreso en estos días, de frente no al estallido que viene sino al que ya ocurrió en los ingresos familiares y el ánimo de productores y empresarios quebrados, trabajadores acosados por el despido a la puerta y desempleados formales, que hoy constituyen la mayoría activa nacional.

De esta cara no se ocupa Calderón en su redescubrimiento del mantra del cambio, pero su admisión implícita de que las hipótesis y las proyecciones que inspiraron su estrategia contra la crisis fallaron debería ser aprovechado por los partidos y los grupos parlamentarios para apurar el paso y plantearse ya, ahora, por lo menos dos enormes tareas. La primera de ellas, vital y decisiva, es la de asumir que la emergencia impuesta por la crisis no ha pasado, y que si, en efecto, la economía ya tocó fondo, el peligro de que se quede ahí, reptando en un estancamiento destructivo, es real e inminente. Sólo así podremos salir de la trampa ignominiosa de las finanzas públicas sanas que Calderón quiere vender como una de las divisas de su cambio.

La otra, fundamental, tarea de la hora es la rehabilitación del edificio republicano y de su Estado, como condición necesaria pero insoslayable para afrontar el enorme reto de construir desde adentro una nueva forma de desarrollo basada en el crecimiento dinámico y la redistribución sostenida del ingreso y la riqueza. Esta es el alma que hay que cambiar; lo demás es puro espiritualismo, cuando no elemental espiritismo.

Murió la querida Margarita Suzán, incansable luchadora y entrañable amiga. Mi solidaridad con Reinaldo, Laura y los suyos.

Artículos de Alfredo Jalife-Rahme y de Antonio Gershenson

Artículos de Alfredo Jalife-Rahme y de Antonio Gershenson

Bajo la Lupa

Lula restatiza los hidrocarburos de Brasil

Alfredo Jalife-Rahme

on tiempos del nacionalismo petrolero en el contexto de la incipiente multipolaridad. Brasil, en la actual etapa con Lula, ha trazado su camino venturoso para posicionarse como potencia emergente a escala global, primordialmente, en Sudamérica –donde los hidrocarburos y la doble independencia financiera y económica juegan un inextricable papel preponderante–, mientras en México, los subsidiados fracasados (en particular, los empresarios medievales y sus subyugados políticos con su pletórica fauna de lorocutores), en pleno hundimiento de su Titanic, son quienes más vociferan en los multimedia que controlan aberrantemente al atreverse todavía, a contracorriente histórica desde Japón hasta Eurasia, a formular la repetición de sus descabelladas propuestas librecambistas implementadas durante 27 años aciagos.

No es lo mismo Petrobras con el claudicante y entreguista Fernando Henrique Cardoso, durante la fase unipolar de Estados Unidos (EU), que con Lula, el obrero metalúrgico quien ha resultado magnífico estadista y ha entendido perfectamente las tendencias de la multipolaridad, donde Brasil juega ya un papel relevante en el seno del BRIC (Brasil, Rusia, India y China).

Lula ha demostrado sus dotes de estadista en la cumbre de Unasur en Bariloche, al oponerse a la instalación de las siete bases militares de EU en la narcotizada Colombia, y ha expresado su inalienable independencia geopolítica al recibir próximamente al presidente iraní, Mahmud Ahmadinejad.

Quebradas las finanzas globales manejadas lascivamente por la dupla anglosajona en Wall Street y la City mediante su demencial financiarización especulativa, totalmente desacoplada de la economía real a la que acabó por contaminar y dañar, los pocos estadistas lúcidos que quedan operan un retorno gradual a los fundamentos y estamentos tangibles de las materias primas estratégicas, en particular, la joya de la corona: los hidrocarburos.

En la posmodernidad –tanto en la anterior unipolaridad como en la incipiente multipolaridad– constituye un grave error de juicio de carácter suicida desvincular a la banca nacional de la explotación de los hidrocarburos, ya no se diga del amplio sector energético, en particular, de los minerales que posee pletóricamente Brasil (como el uranio y el hierro).

Tal error suicida ha sido perpetrado y perpetuado insensatamente por el México neoliberal que prácticamente se quedó sin banca nacional: dependiendo de la cotización bursátil del día, entre 85 por ciento y 92 por ciento de la banca asentada es foránea en términos de capitalización de mercado.

El sagaz ministro brasileño de Energía, Edison Lobao, un día después del envío al Congreso de la propuesta de Lula para la restatización de los hidrocarburos, anunció que colocaría fondos adicionales al Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), de propiedad estatal, con el fin de financiar la explotación de los potencialmente extensos depósitos de petróleo en las profundidades del Atlántico (O Estado de Sao Paulo, 2/9/09).

No lo expresó Lobao, pero no es nada improbable que la recapitalización del BNDES provenga de quien atesora más dinero en el mundo: China, quien estaría más que agradecida con tal de que le abastezcan de petróleo (sin quedarse con la propiedad catastral de los yacimientos, al estilo depredador anglosajón; ver Bajo la Lupa, 2/8/09).

En una visión integral del indisociable binomio banca-energéticos, el mismo Lobao, quien está resultando un verdadero lobo de los negocios (y, más que nada, un juicioso lector de la multipolaridad antianglosajona), declaró que Brasil estudia un nuevo marco regulatorio (¡supersic!) del sector mineral. ¡Todo lo contrario del decadente México neoliberal, que opera a contracorriente histórica!

Por cierto, mis fuentes en Banobras –que debió haber cumplido la tarea de financiamiento de los nuevos yacimientos de Pemex en el Golfo de México–, aseguran que Calderón aún no liquida su adeudo millonario en la paraestatal que presidió ineficientemente. ¿Será?

Stratfor (1/9/09), centro de pensamiento texano-israelí, no tiene más remedio que plegarse a la restatización de facto de los hidrocarburos de Brasil que muestra su intención de proteger sus intereses nacionales (¡extra súper sic!) cuando se trata de explotar el petróleo de los yacimientos en aguas profundas y su desarrollo (sic). Brasil opera totalmente al revés del México neoliberal, lo cual explayamos en nuestro reciente libro La desnacionalización de Pemex (Editorial Jorale, 2009) que pone en la picota la entreguista reforma calderonista avalada por la tríada apátrida de Beltrones-Labastida-Gamboa (y sus perredistas de ocasión).

Brasil acopla las regulaciones del sector energético en línea con sus intereses estratégicos, refiere Stratfor, a quien no se le escapa que la propuesta contiene una tendencia nacionalista (¡extra súper sic!) que otorga al gobierno mayor margen de intervención en el desarrollo de las reservas estratégicas (sic), en particular, mediante la creación de Petrosal, una empresa estatal, que tendrá un representante, con plenos derechos de voto y veto, en el consejo directivo de cualquier consorcio energético que opere los depósitos pre-sal.

Con el dolor en el alma, Jonathan Wheatley, del Financial Times (1/9/09), destaca la voluntad inequívoca del papel del Estado (sic) brasileño en explotar sus reservas.

Bajo la modalidad de ley de urgencia, los legisladores tienen 90 días para aprobar o desechar las cuatro enmiendas históricas que, sintetiza Wheatley, introducen el régimen de producción compartida para sustituir el sistema basado en concesiones; crean Petrosal, una empresa estatal, para manejar las reservas; crean un fondo gubernamental para manejar los ingresos de las reservas y recanalizarlos al gasto social (¡extra súper sic!) en áreas como la educación, la infraestructura y el combate a la pobreza, y permiten la emisión de nuevo capital por 50 mil millones de dólares en Petrobras, la empresa mixta de control estatal, lo cual, diluirá la participación privada (apabullantemente en manos israelíes-anglosajonas y donde el megaespeculador George Soros posee un importante paquete).

Lula opera así un viraje histórico hacia la desprivatización (al diluir la participación accionaria privada que regaló el entreguista Cardoso en la fase unipolar) y la notable restatización, en la fase multipolar, mediante la nueva empresa estatal Petrosal (ver Bajo la Lupa, 1/7/09) que regirá el destino de los nuevos bloques en aguas profundas, que cuentan hasta con 100 mil millones de barriles.

En forma inteligente, Lula no toca (by the time being) las anteriores concesiones que legó el incorregible Cardoso, donde las trasnacionales anglosajonas se despacharon con la cuchara grande. Lula ve hacia un futuro venturoso de Brasil y no se confina a lamentarse estérilmente del pasado irreparable.

 

Brasil: fortalecimiento estatal en el petróleo
Antonio Gershenson
El lunes 31 de agosto, Lula, el presidente de Brasil, anunció el envío al Congreso de una nueva legislación petrolera. Esta legislación era esperada desde hace tiempo, y había discusiones al respecto. Por un lado, entre los movimientos populares se demanda una nacionalización completa. Por otro, en los medios oficiales, se discutían alternativas que permitieran que los enormes recursos que se esperan del llamado pre-sal, quedaran en el sector público y al servicio del pueblo, en la mayor medida posible.

El problema se originó con la privatización de una parte de las acciones de Petrobras, cuando el auge de las privatizaciones en escala casi mundial. Sesenta y dos por ciento del total de las acciones están en manos de particulares, se supone que en su mayoría extranjeros. El Estado sigue siendo el responsable de Petrobras, tiene mayoría de las acciones con voto, también nombra a las autoridades de la entidad y controla el consejo de administración. Pero no es raro que Lula haya condenado públicamente, en diferentes momentos, esa venta de acciones. Los accionistas no aportan ni un miligramo al trabajo de la empresa pública. Hicieron una aportación económica una vez, al comprar las acciones, además en un momento en que estaban muy baratas, y luego simplemente cobran sus utilidades. Esto no tiene nada que ver con el desarrollo que ha tenido Petrobras en varios sentidos.

La situación de privilegios a empresas privadas se apoyaba en el pretexto de que el riesgo de la inversión era alto, no en el sentido de que pudiera haber accidentes o algo así, sino que la perforación pudiera no encontrar nada, o muy poco. De ahí, se consideraba justificado que cuando una empresa lograra un buen trabajo, tuviera una utilidad mayor. Sin embargo, a medida que se va conociendo mejor la riqueza de yacimientos a gran profundidad y abajo de una capa salina hasta de dos kilómetros de espesor, pre-sal, se fue llegando a un consenso, en los medios gubernamentales, de que ahí no se justificaban los criterios que se habían aplicado en otras partes.

El anuncio de Lula explicó también otras partes importantes de la política brasileña en la materia. El Estado debe ser fuerte, y la crisis actual muestra que si el Estado no regula y fiscaliza el mercado, éste puede desfondar al mundo en un abrir y cerrar de ojos. Recordó que Brasil no quiere ser un simple exportador de petróleo crudo. Además de ser autosuficiente, ese país quería exportar refinados como la gasolina y el diesel. También quería ser autosuficiente en petroquímicos y exportarlos. Esto ratifica lo que ya se está haciendo: hay cinco refinerías en construcción, y una de ellas es la fase inicial de un complejo petroquímico. Dos de las refinerías están destinadas sólo a la exportación de sus productos.

Lula habla de quienes cayeron en la tentación del dinero fácil y rápido. Exportaron todo el petróleo que podían, y fueron inundados por monedas extranjeras. Resultado: quebraron sus industrias y se desorganizaron sus economías.

Por supuesto que para seleccionar terrenos para cada una de las refinerías, actuaron y ya hay obras en marcha. No hicieron ninguna competencia de gobernadores, como no se ha hecho en ningún otro lugar del mundo salvo México. Las condiciones de contratación de empresas para apoyar a Petrobras en pre-sal son fijadas por el Estado y se suprimen ahí las concesiones.

Según el proyecto de ley, Petrobras será el operador único de todas las actividades de la zona pre-sal. Podrá contratar empresas pero en las condiciones mencionadas. Se administrará conforme a una planeación. Pero además habrá una empresa petrolera adicional, totalmente estatal, Petrosal. Esto tiene un antecedente en Noruega, en ese país se creó Petoro, empresa totalmente pública. Allá, la empresa petrolera pública tiene aproximadamente un tercio de sus acciones en manos privadas. Con Petoro, una buena parte de los productos en materia de petróleo y gas no se reparten con los accionistas sino que van totalmente al sector público y al gasto público.

Además de la nueva empresa totalmente pública, que se va a encargar del control y supervisión de la actividad petrolera, se crea un fondo social, que se enfoca a la reducción de la pobreza, a la educación, y al desarrollo de ciencia y tecnología. Éste será, por ley, un destino de los beneficios del nuevo petróleo de pre-sal. Los recursos del fondo social vienen de regalías, bonos y utilidades comerciales del petróleo y el gas.

El gobierno brasileño da una importancia a estos cambios tal que declaró el estado de urgencia constitucional. Esto implica que las cámaras tienen un plazo de 45 días para resolver. Se estima que sumando las diferentes modificaciones, el conjunto tendría un plazo de 90 días.

No me extraña que varios funcionarios aquí volteen a ver para otro lado y no quieran ver ni oír nada de lo mencionado. El contraste con el papelito que han estado jugando es verdaderamente notorio y hasta escandaloso.

Artículo de José Agustín Ortíz Pinchetti

Artículo de José Agustín Ortíz Pinchetti

El Despertar

La calumnia como proyectil

José Agustín Ortiz Pinchetti
Cada semana se extiende un certificado de muerte política de Andrés Manuel y de su movimiento. Y a la vez se lanza una nueva campaña de calumnias que lo desmiente. No se ataca a un perro muerto. Se ha dicho que Andrés Manuel tiene una residencia en La Toscana, ranchos en Tabasco, un palacete en Morelia, etcétera. A pesar de que es el líder más austero de México, es enlodado por mentirosos profesionales.

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Un ejemplo reciente. El periódico Excélsior, en primera plana y a ocho columnas, reveló que la última fracción de diputados del PRD tomó del presupuesto 50 millones de pesos para el movimiento de López Obrador. Y que además se obligó a 127 legisladores perredistas hacer aportaciones. Esta nota, firmada por Andrés Becerril, demuestra que el nuevo Excélsior es tan irresponsable y tan venal como el de Regino Díaz Redondo.

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La verdad: la fracción del PRD se negó rotundamente a apoyar al movimiento. Se hizo presión para que los diputados perredistas dejaran de dar las aportaciones a las que se habían comprometido, a pesar de que llegaron a sus curules por el impulso de Andrés Manuel en 2006.

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Siguiendo una consigna, muchos comunicadores convirtieron la patraña en verdad. Denise Maerker, de El Universal (en otra hora periodista dura e independiente), confirmó la noticia y, moralista, clamó contra los diputados que ensucian su reputación por el bien de todos.

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La calumnia ha sido desmentida con energía. Andrés Manuel; Javier González Garza, coordinador de la fracción aludida; Alejandro Encinas, nuevo coordinador; Jesús Ortega, presidente del PRD, la han refutado, pero sus declaraciones no aparecen en los medios.

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Así funciona la conspiración del silencio que permite que las mentiras continúen sus efectos. Un poder autónomo es el que decide estas campañas negras y las impone a la opinión pública. El gobierno es beneficiario, aliado y cómplice, pero quienes mandan son otros.

Artículo de Emir Sader

Artículo de Emir Sader

 

El desafío teórico de la izquierda latinoamericana

 

Emir Sader

CLACSO - Cuadernos de Pensamiento Crítico /Le Monde Diplomatique

 

 

La orfandad de la estrategia
América Latina, un continente de revoluciones y contrarrevoluciones, carece de pensamientos estratégicos que orienten procesos políticos ricos y diversificados que estén a la altura de los desafíos que enfrenta. A pesar de contar con una fuerte capacidad analítica, importantes procesos de transformación y dirigentes revolucionarios emblemáticos, el continente no produjo la teoría de su propia práctica.

Las tres estrategias históricas de la izquierda contaron con fuerzas vigorosas en su liderazgo -partidos socialistas y comunistas, movimientos nacionalistas, grupos guerrilleros- y condujeron experiencias de profunda significación política: la Revolución Cubana, el gobierno de Allende, la victoria sandinista, los gobiernos posneoliberales en Venezuela, Bolivia y Ecuador, la construcción de poderes locales, como en Chiapas, y prácticas de presupuestos participativos, de las cuales la más importante ocurrió en la ciudad de Porto Alegre. Sin embargo, no contamos con grandes síntesis estratégicas que nos permitan usar los balances de cada una de esas estrategias, ni tampoco con un conjunto de reflexiones que favorezca la formulación de nuevas propuestas.
El hecho mismo de que esas tres estrategias hayan sido desarrolladas por fuerzas políticas distintas hace que no ocurran procesos comunes de acumulación, reflexión y síntesis. Mientras los partidos comunistas tuvieron una existencia realmente concreta, promovieron procesos de reflexión sobre sus propias prácticas. Mientras existió, la OLAS hizo lo mismo con los procesos de lucha armada. Los movimientos nacionalistas, en cambio, no establecieron entre sí intercambios suficientes para fomentar algo similar. Hoy, las nuevas prácticas no estimulan la elaboración teórica ni la problematización crítica de las nuevas realidades.

Las estrategias adoptadas en el continente, sobre todo en sus primeros tiempos, sufrieron el peso de los vínculos internacionales de la izquierda latinoamericana con los partidos comunistas en especial, pero también con los socialdemócratas. La línea de "clase contra clase", por ejemplo, implantada en la segunda mitad de los años veinte y que dificultó la comprensión de las formas políticas concretas de respuesta a la crisis de 1929 -de las cuales el gobierno de Getúlio Vargas en Brasil es sólo una de las excepciones, al lado del efímero gobierno socialista de doce días en Chile y de manifestaciones similares en Cuba-, fue una importación directa de la crisis de aislamiento de la Unión Soviética en relación con los gobiernos de Europa occidental, y no una inducción a partir de las condiciones concretas vigentes en el continente.

Las movilizaciones lideradas por Farabundo Martí y por Augusto Sandino nacieron de condiciones concretas de resistencia a la ocupación estadounidense y expresaron formas directas de nacionalismo antiimperialista. Los procesos de industrialización en Argentina, Brasil y México surgieron como respuestas a la crisis de 1929. No se asentaron, por lo menos inicialmente, en estrategias articuladas. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) teorizó situaciones cuando, ya al comenzar la segunda posguerra, se abocó a elaborar la teoría de la industrialización sustitutiva de importaciones e, incluso así, era una estrategia económica. Tampoco la revolución boliviana de 1952 diseñó una línea de acción estratégica propia, sólo puso en práctica ciertas reivindicaciones, como la universalización del voto, la reforma agraria y la nacionalización de las minas.

Así, ni el nacionalismo ni el reformismo tradicional asentaron su acción en estrategias, sino que respondieron a demandas económicas, sociales y políticas. Cuando la Internacional Comunista definió su posición de Frentes Antifascistas, en 1935, la aplicación de la nueva orientación se topó con las condiciones concretas vividas por los países de la región. Si la línea de "clase contra clase" respondía a las condiciones particulares de la Unión Soviética, la nueva orientación respondía a la expansión de los regímenes fascistas en Europa. Ninguna de ellas tenía en cuenta las condiciones de América Latina, asimilada a la periferia colonial, sin una identidad particular.

Esa inadecuación tuvo varios efectos concretos. El movimiento liderado por Luís Carlos Prestes en 1935 se mantuvo a horcajadas entre dos líneas: por un lado, organizaba una sublevación centrada en tenientes; por otro lado, no pregonaba un gobierno obrero-campesino sino un frente de liberación nacional, en respuesta a la línea más amplia de la Internacional Comunista. La forma de lucha correspondía a la línea radical de "clase contra clase", y el objetivo político, al frente democrático. El resultado fue que el movimiento se aisló de la "Revolución del 30" dirigida por Getúlio Vargas, de carácter nacionalista y popular.

El Frente Popular en Chile importó el lema "antifascista" sin que el fascismo se hubiera expandido por el continente. Lo que hubo fue una transposición mecánica del fascismo europeo hacia América Latina, con todos los correlatos de equívocos posibles. Allí, el fascismo se identificó con el nacionalismo y el antiliberalismo, sin ningún sentido antiimperialista. El nacionalismo europeo estuvo marcado por el chauvinismo, por la supuesta superioridad de un Estado nacional sobre los otros y por el antiliberalismo, incluso la democracia liberal. La burguesía ascendente asumió la ideología liberal como instrumento para destrabar la libre circulación del capital de los límites feudales.

En América Latina, el nacionalismo reprodujo el antiliberalismo político y económico, pero asumió una posición antiimperialista por la inserción misma de la región en la periferia -en nuestro caso, estadounidense, lo que nos situó en el campo de la izquierda-. Sin embargo, las transposiciones mecánicas de los esquemas europeos llevaron a algunos partidos comunistas de aquel período (en Brasil y la Argentina, por ejemplo) a caracterizar a Juan Domingo Perón y a Getúlio Vargas, en ciertos momentos, como reproductores del fascismo en América Latina. Debido a ello, fueron identificados como los adversarios más férreos que debían ser combatidos. El Partido Comunista de la Argentina, por ejemplo, se alió contra Perón en las elecciones de 1945, no sólo con el candidato liberal del Partido Radical, sino también con la Iglesia y la Embajada de EEUU, respondiendo a la idea de que toda alianza contra el mayor enemigo, el fascismo, era válida.

La mayor confusión se produjo no sólo en relación con el nacionalismo, sino también con el liberalismo, que en Europa fue la ideología de la burguesía ascendente, mientras que en América Latina las políticas de libre comercio del liberalismo eran patrimonio de las oligarquías primario-exportadoras. No sólo el nacionalismo tiene luz verde aquí, también el liberalismo.

Fue ese fenómeno el que provocó la disociación entre cuestiones sociales y democráticas, y la asunción de las cuestiones sociales por parte del nacionalismo, en detrimento de las democráticas.

El liberalismo siempre intentó apoderarse de la cuestión democrática, y acusó a los gobiernos nacionalistas de autoritarios y dictatoriales, mientras éstos acusaban a los liberales de gobernar para los ricos y de no tener sensibilidad social, reivindicando para sí la defensa de la masa pobre de la población.

Sólo un análisis concreto de las situaciones concretas habría permitido apropiarse de las condiciones históricas específicas del continente y de cada país. Análisis como los realizados por el peruano José Carlos Mariátegui, el cubano Julio Antonio Mella, el chileno Luis Emilio Recabarren y el brasileño Caio Prado Jr., entre otros, todos ellos análisis autónomos que las direcciones de los partidos comunistas a las que pertenecían sus autores no tuvieron en cuenta. En cambio predominaron las ideas de la Internacional Comunista, que contribuyeron a dificultar el arraigo de los partidos comunistas en esos países.

Cuando el nacionalismo fue asumido por la izquierda, lo fue como fuerza subordinada en alianzas con liderazgos populares que representaban un bloque pluriclasista. Ese largo período no fue teorizado por la izquierda. Las alianzas y las concepciones de los frentes populares no daban cuenta de ese nuevo fenómeno en el que el antiimperialismo sustituía al antifascismo con características muy diferentes.

La revolución boliviana de 1952 fue objeto de interpretaciones enfrentadas porque contenía elementos nacionalistas -como la nacionalización de las minas de estaño- y populares -como la reforma agraria-. Pero la participación activa de milicias obreras que sustituyeron al Ejército, la presencia de una alianza obrerocampesina y las revoluciones anticapitalistas posibilitaron otras teorizaciones sobre lo que existía embrionariamente en aquel movimiento pluriclasista: desde un movimiento nacionalista clásico, nacional y antioligárquico, hasta las versiones que le darían un carácter anticapitalista.

La Revolución Cubana cuenta con dos tipos de análisis: el de Fidel, de tipo programático, en La historia me absolverá, y el del Che, en La guerra de guerrillas, sobre la estrategia de construcción de la fuerza político-militar y de lucha por el poder. El texto que Fidel pergeñó como defensa en el proceso contra los atacantes del Cuartel Moncada es un extraordinario análisis de elaboración de un programa político a partir de las condiciones concretas de la sociedad cubana de la época. El análisis del Che describe puntualmente cómo la guerra de guerrillas articuló la lucha político-militar, desde el núcleo guerrillero inicial hasta los grandes destacamentos que compusieron el ejército rebelde, resistió la ofensiva del Ejército regular y desató la ofensiva final que los llevó a la victoria.

Con todo, ya sea por no existir reflexión al respecto, ya sea para mantener el elemento sorpresa -importante para la victoria-, no hubo un análisis público del carácter del movimiento -si era sólo nacionalista, o si era embrionariamente anticapitalista-. La Revolución Cubana fue constituyendo, a la luz de los enfrentamientos concretos, su estrategia de rápido pasaje de la fase democrática y nacional a la fase antiimperialista y anticapitalista, conforme la dinámica entre revolución y contrarrevolución iba imponiendo las definiciones. Esa trayectoria no fue tanto motivo de reflexión como sí lo fueron las formas de lucha, y en particular la guerra de guerrillas. Ése fue el gran debate en América Latina después del triunfo cubano: las formas de lucha. ¿Vía pacífica o vía armada? ¿Guerra de guerrillas rurales o guerra popular? La articulación de las cuestiones nacional y antiimperialista con las cuestiones anticapitalista y socialista fue menos discutida y elaborada.

Las experiencias guerrilleras reprodujeron ese debate, de la misma forma en que el gobierno de la Unidad Popular lo hizo en Chile. Los gobiernos nacionalistas militares, en particular el gobierno peruano de Velasco Alvarado, pero también con menos profundidad los de Ecuador y Honduras, reinstalaron la temática del nacionalismo; sin embargo, su carácter militar no propició su teorización y tampoco fue considerada una alternativa estratégica por la izquierda de aquel momento.

El proceso nicaragüense incorporó las experiencias anteriores de estrategias de lucha por el poder y elaboró una plataforma de gobierno poco definida, adaptada a factores nuevos, de los cuales los más importantes fueron la incorporación de los cristianos y de las mujeres a la militancia revolucionaria y una política exterior más flexible. Fue enfrentando empíricamente los obstáculos que encontró -en especial, el asedio militar de los Estados Unidos-, sin contribuir con teorías sobre la práctica que desarrollaba.

Así como ocurrió con el caso de la Unidad Popular, la experiencia sandinista fue objeto de una vasta bibliografía, pero no se puede decir que haya conducido a un balance estratégico claro que pudiera dejar una experiencia para el conjunto de la izquierda. El debate sobre Chile estuvo presente en las discusiones de la izquierda en todo el mundo y, por eso, perdió su especificidad como fenómeno chileno y latinoamericano. Los debates sobre Nicaragua, por el contrario, tendieron a centrarse en aspectos importantes como, por ejemplo, las cuestiones éticas, pero no produjeron un balance estratégico de los once años de gobierno sandinista.

Cuando en el mundo la izquierda atravesaba su momento de mayor debilidad, en Brasil se destacaba como una excepción, a contramano de las tendencias generales, sobre todo de los cambios regresivos radicales en las correlaciones de fuerza internacionales. Lula se proyectó como alternativa de dirección política ya en las primeras elecciones, en 1989, al llegar a la segunda vuelta; por primera vez, la izquierda aparecía en Brasil como fuerza alternativa real de gobierno -en el año de la caída del Muro de Berlín y del fin del campo socialista, con fuertes indicios de disgregación de la Unión Soviética y del triunfo de los Estados Unidos en la Guerra Fría y con el retorno a un mundo unipolar, bajo la hegemonía imperial estadounidense-.

Por ese entonces, Carlos Menem y Carlos Andrés Pérez triunfaban en la Argentina y en Venezuela, respectivamente, y no sólo extendían así las experiencias neoliberales a fuerzas nacionalistas y socialdemócratas, sino que apuntaban a la generalización de esas políticas en el continente. A eso se sumó la elección de Fernando Collor de Mello, que había derrotado a Lula en Brasil, y la Concertación (alianza de la Democracia Cristiana con el Partido Socialista) en Chile, en 1990. En febrero de ese mismo año el sandinismo fue derrotado en las urnas. Cuba ya había entrado en el "período especial", durante el cual enfrentaría, con grandes dificultades, las consecuencias del fin del bloque socialista al que estaba estructuralmente integrada.

En ese momento, en Brasil se concentraban experiencias que aparentemente hablaban de una nueva vertiente de la izquierda -postsoviética, según algunos; postsocialdemócrata, según otros-. Además de Lula y del PT, los años ochenta habían visto surgir a la CUT, la primera central sindical legalizada en la historia del país; al MST, el más fuerte e innovador movimiento social en el país, y el crecimiento de las políticas de presupuesto participativo en las municipalidades, en general bajo las directivas del PT. Por todos estos factores, la ciudad brasileña de Porto Alegre más tarde sería elegida sede de los FSM.

Se proyectaron así sobre la izquierda brasileña, y en particular sobre el liderazgo de Lula y sobre el partido petista, grandes esperanzas de que se abriría un nuevo ciclo de una izquierda renovada. Sin entrar en el análisis detallado de una experiencia tan compleja como la del PT y el liderazgo de Lula, es preciso destacar que, desde el comienzo, se proyectaron sobre ambos expectativas que no tenían fundamento en experiencias concretas ni en los rasgos políticos e ideológicos que esas experiencias asumieron con el paso del tiempo.

Componentes de la izquierda anterior y de corrientes internacionales hicieron de Lula no sólo un dirigente obrero clasista, vinculado a las tradiciones de los consejos obreros, sino un dirigente de un partido de izquierda gramsciano, de un nuevo tipo, democrático y socialista. Lula no era nada de eso, pero tampoco era un dirigente a imagen y semejanza de aquello en lo que se había convertido el PT. Se formó como dirigente sindical, de base, en la época en que los sindicatos estaban prohibidos por la dictadura; un dirigente negociador directo con las entidades patronales, un gran líder de masas, pero sin ideología. Nunca se sintió vinculado a la tradición de la izquierda, ni a sus corrientes ideológicas, ni a sus experiencias políticas históricas. Se afilió a una izquierda social -si podemos considerarla de ese modo-, sin tener necesariamente vínculos ideológicos y políticos con ella. Buscó mejorar las condiciones de vida de la masa trabajadora, del pueblo o del país, según su vocabulario se fue transformando a lo largo de su carrera. Se trata de un negociador, de un enemigo de las rupturas, por lo tanto, de alguien sin ninguna propensión revolucionaria radical.

Esos rasgos deben ser enmarcados en las situaciones políticas que Lula enfrentó hasta convertirse en el Lula real. Sólo así se podrá intentar descifrar el enigma Lula.

Uno de los elementos de la crisis hegemónica latinoamericana es la falta de teorización al respecto. Con excepción del caso boliviano, que puede apoyarse en las producciones del grupo Comuna, en general los avances de los procesos posneoliberales ocurrieron por ensayo y error, y sobre los eslabones de menor resistencia de la cadena neoliberal. Ese proceso ya superó su fase inicial, cuando -como dijimos- obtuvo avances relativamente fáciles, hasta que la derecha se reorganizó y recuperó su capacidad de iniciativa. A partir de entonces, las elaboraciones teóricas que permitan la comprensión de la situación histórica real que afronta el continente, con sus elementos de fuerza y de debilidad, sus correlaciones de fuerza reales, concretas y globales, sus desafíos y sus posibles líneas de superación se han vuelto condición indispensable para el enfrentamiento y la superación de los obstáculos.

Desde que la hegemonía neoliberal se consolidó, la resistencia a ese modelo y las luchas de los movimientos sociales, incluso la organización del FSM, desplazaron la reflexión hacia el plano de la denuncia y de las resistencias, y soslayaron la cuestión política y estratégica. O sea, se tendió a la definición de un supuesto espacio de la sociedad civil como territorio privilegiado de actuación, en detrimento de la política, del Estado y, con ellos, de los temas de estrategia y construcción de proyectos hegemónicos alternativos y de nuevos bloques sociales y políticos. Esa postura teórica disminuyó con creces la capacidad de análisis de las fuerzas antineoliberales, que casi se limitaron a exaltar las posturas de resistencia y el valor de las movilizaciones de base, en desmedro de las posiciones de los partidos y de los gobiernos.

Los nuevos movimientos no contaron con una actualización del pensamiento estratégico latinoamericano en la que pudieran apoyarse, y ni siquiera con balances de las experiencias positivas y/o negativas anteriores. Lo que agravó todavía más la situación fueron los cambios radicales a escala mundial: el pasaje de un mundo bipolar a un mundo unipolar -bajo la hegemonía imperial estadounidense- y del modelo regulador al neoliberal, ambos ocurridos en un período histórico que implicó serias consecuencias para América Latina. Entre ellas, la regresión en los marcos de inserción de los países del continente en el mercado mundial, resultado de la apertura neoliberal, y el debilitamiento de los Estados nacionales.

Teorizaciones como las de Holloway y Toni Negri aparecían como adecuaciones a situaciones reales que, en vez de proponer soluciones estratégicas, intentaban hacer del vicio virtud. Aunque distintas en sus esbozos teóricos, ambas terminaron por acomodarse a la falta congénita de estrategia por parte de quienes rechazaban el Estado y la política para refugiarse en una mítica "sociedad civil" y en una reduccionista "autonomía de los movimientos sociales", renunciando a las reflexiones y las proposiciones estratégicas y dejando así al campo antineoliberal sin armas para responder a los desafíos de la crisis de hegemonía, que se hicieron más evidentes cuando la disputa hegemónica pasó a estar a la orden del día.

Ya analizamos cómo ese factor afectó el proceso venezolano, cómo el boliviano encontró una solución original y cómo el ecuatoriano se apoyó en soluciones híbridas, aunque creativas. El posneoliberalismo trajo nuevos desafíos teóricos que, por las nuevas condiciones que las luchas sociales y políticas enfrentan en el continente, iluminan una práctica necesariamente novedosa y, más que en cualquier otro momento, requieren reflexiones y propuestas estratégicas orientadas según las coordenadas de las nuevas formas de poder. Las propuestas del grupo boliviano Comuna, como mencionamos, son una excepción: constituyen el conjunto de textos más rico con que cuenta la izquierda latinoamericana, un ejemplo único en su historia por la capacidad de conjugar trabajos académicos y análisis individuales de gran creatividad teórica -de autores como Álvaro García Linera, Luis Tapia, Raúl Prada, entre otros-, a intervenciones políticas directas. En estas condiciones, García Linera se convirtió en vicepresidente de la República y Prada fue un importante parlamentario constituyente.

Las dificultades para desarrollar una teoría a partir de la práctica que hoy enfrenta la izquierda latinoamericana se deben a varios factores. Entre ellos, podemos resaltar la dinámica asumida por la práctica teórica, esencialmente concentrada en las universidades, que sufrió los efectos del cambio de período en el plano académico: ofensiva ideológica del liberalismo; reclusión en la división del trabajo interno de las universidades, en particular por la especialización; refugio en posiciones poco críticas, que tienden a ser doctrinarias y no dan lugar a las alternativas.

Por otro lado, los procesos de superación real del neoliberalismo introdujeron temas alejados de la dinámica de la reflexión académica, como el de los pueblos originarios y los Estados plurinacionales, la nacionalización de los recursos naturales, la integración regional, el nuevo nacionalismo y el posneoliberalismo, que están muy alejados de los que suelen abordarse en los cursos universitarios y de aquellos privilegiados por las instituciones de fomento e investigación. Éstas privilegiaron las propuestas definidas por las matrices fragmentadas de las realidades sociales, desvalorizando interpretaciones históricas globales, y a la vez acentuaron la fragmentación entre las distintas esferas -económica, social, política y cultural- de la realidad concreta.

Además, no debemos olvidar los efectos de la crisis ideológica que afectó las prácticas teóricas en la transición del período histórico anterior al actual, con la descalificación de los llamados megarrelatos y la utilización generalizada de la idea de crisis de los paradigmas. A raíz de eso, se abandonaron los modelos analíticos generales y se adhirió al posmodernismo, con las consecuencias señaladas por Perry Anderson: estructuras sin historia, historia sin sujeto, teorías sin verdad, un verdadero suicidio de la teoría y de cualquier intento de explicación racional del mundo y de las relaciones sociales.

Temas esenciales para las estrategias de poder, como el poder mismo, el Estado, las alianzas, la construcción de bloques alternativos de fuerzas, el imperialismo, las alianzas externas, los análisis de las correlaciones de fuerzas, los procesos de acumulación de fuerzas, el bloque hegemónico, entre otros, quedaron desplazados o prácticamente desaparecieron, en especial a medida que los movimientos sociales pasaron a ocupar un lugar protagónico en las luchas antineoliberales. El pasaje de la fase defensiva a la fase de disputa hegemónica ha de significar -como significa en los textos del grupo Comuna y en los discursos de Hugo Chávez y Rafael Correa- una recuperación de esas temáticas, una actualización para el período histórico de la hegemonía neoliberal y la lucha desmercantilizadora. Refugiarse en la óptica de simple denuncia, sin compromiso con la formulación y la construcción de alternativas políticas concretas, tiende a distanciar a una parte importante de la intelectualidad de los procesos históricos concretos que el movimiento popular enfrenta en el continente, y de ese modo lo condena a intentos empíricos de ensayo y error, en la medida en que no cuenta con el apoyo de una reflexión teórica comprometida con los procesos de transformación existentes.

La tentación contraria es grande. Dado que Fidel Castro no es Lenin, el Che no es Trotsky, Hugo Chávez no es Mao Tsé-Tung, Evo Morales no es Ho Chi Minh y Rafael Correa no es Gramsci, sería más fácil rechazar los procesos históricos reales, porque no corresponden a los sueños de revolución construidos con el impulso de otras eras, que intentar descifrar la historia contemporánea con sus enigmas específicos. En fin, intentar reconocer los signos del nuevo topo latinoamericano o quedar relegado a los compendios a los que son reducidos los textos clásicos por las manos poderosas y sectarias de quienes tienen miedo de la historia.

Refugiarse en las formulaciones de los textos clásicos es el camino más cómodo, pero también el más seguro para la derrota. Las derrotas no se explican por razones políticas, sino morales -y la "traición" es la más común-. La falta de respuesta política lleva a visiones infrapolíticas, morales. El diagnóstico de Trotsky sobre la Unión Soviética es el modelo opuesto: se trata de la explicación política, ideológica y social de los caminos abiertos por el poder bolchevique. Por eso pasó de la tesis de la revolución "traicionada" a la afirmación sustancial del Estado bajo la hegemonía de la burocracia.

La defensa de los principios supuestamente contenidos en los textos de los clásicos parece explicarse por sí misma, pero no da cuenta de lo esencial: ¿por qué las visiones de la ultraizquierda, doctrinarias, extremistas, nunca triunfan, nunca consiguen convencer a la mayoría de la población, nunca construyeron organizaciones que estén en condiciones de dirigir los procesos revolucionarios? Se identifican con los grandes balances de las derrotas, pero nunca conducen a procesos de construcción de fuerzas políticas revolucionarias. No es casual que su horizonte acostumbre ser la polémica en el interior de la ultraizquierda y las críticas a los otros sectores de izquierda, sin protagonizar grandes debates nacionales, sin enfrentar centralmente a la derecha o participar de la disputa hegemónica. Aquellos que sólo aparecen en los espacios públicos para criticar a los sectores de izquierda, muchas veces valiéndose de los espacios mediáticos de los órganos de la derecha, perdieron de vista a sus enemigos fundamentales, los grandes enfrentamientos con la derecha.

El desafío es encarar las contradicciones de la historia en las condiciones concretas de los países de la América Latina de hoy y desentrañar los puntos de apoyo para así construir el posneoliberalismo. El grupo Comuna supo hacerlo porque releyó la historia boliviana, en especial a partir de la revolución de 1952, descifró su significado, hizo las periodizaciones posteriores de la historia del país, comprendió los ciclos que llevaron al agotamiento de la fase neoliberal, consiguió deshacer los equívocos de la izquierda tradicional en relación con los sujetos históricos y realizó el trabajo teórico indispensable para concertar el casamiento entre el liderazgo de Evo Morales y el resurgimiento del movimiento indígena como protagonista histórico esencial del actual período boliviano. Pudo así recomponer la articulación entre la práctica teórica y la política, y ayudar al nuevo movimiento popular a abrir los caminos de lucha por las reivindicaciones económicas y sociales en los planos étnico y político.

Ese trabajo teórico es indispensable y sólo se puede hacer a partir de las realidades concretas de cada país, articuladas con la reflexión sobre las interpretaciones teóricas y las experiencias históricas acumuladas por el movimiento popular con el paso del tiempo. La realidad es implacable con los errores teóricos. La América Latina del siglo XXI requiere y merece una teoría a la altura de los desafíos presentes.

Notas:

Secretario Ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO). Director del proyecto LATINOAMERICANA - Enciclopedia Contemporánea de América Latina y el Caribe.

 

HUGO CHAVEZ, ÉSTE SI ES UN SEÑOR PRESIDENTE CON ESPÍRITU SOCIAL

HUGO CHAVEZ, ÉSTE SI ES UN SEÑOR PRESIDENTE CON ESPÍRITU SOCIAL

En concentraciones simultáneas este sábado frente a las Embajadas de Venezuela

 

Cincuenta países expresarán su respaldo a la Revolución Bolivariana

 

La República

 

 

Este sábado, cincuenta países expresarán su respaldo a la Revolución Bolivariana en concentraciones ante las embajadas de Venezuela en el mundo, para contrarrestar la campaña de desprestigio internacional que por Internet se ha emprendido en contra del presidente de la República Hugo Chávez.

"Por tanto, aquí en Venezuela vamos a salir en defensa del socialismo y del pueblo, pero esa defensa del socialismo y del pueblo tiene nombre y apellido: el comandante Hugo Chávez. Y no es que queramos hacer culto a la personalidad, sino que los enemigos se quitaron la máscara y ahora vienen por Hugo Chávez", afirmó Freddy Bernal, ex alcalde de Caracas.

La marcha partirá desde la plaza Sucre de Catia hasta el Ministerio del Poder Popular para las Relaciones Exteriores (MRE), ubicado en la esquina de Carmelitas de la avenida Urdaneta, explicó por su parte el director Nacional de Movilización y Eventos del PSUV, Darío Vivas
"Hemos acordado el día sábado realizar en Caracas una movilización desde la Plaza Sucre de Catia con los sectores populares, estudiantes, juventud, mujeres, con pueblos indígenas, hasta el ministerio de Relaciones Exteriores en la esquina de Carmelitas, a favor de la paz, de Chávez y de la soberanía", precisó.

Igualmente destacó que el viernes a partir de las 9:00 de la mañana se realizará la cantata antimperialista en apoyo al presidente Chávez frente a la Casa Amarilla de la Cancillería venezolana.

Asimismo, el dirigente del PSUV anunció que en todas las plazas Bolívar del país los días viernes y sábado se realizarán las concentraciones en contra de la violencia.