El Lic. Andrés Manuel López Obrador Presidente Legítimo de México vendrá el próximo fin de semana a Puebla
¿Tú le crees a De la Madrid? Yo también
Extraordinario el trabajo periodístico de Carmen Aristegui en el que, brutalmente, el expresidente Miguel de la Madrid acusó a los hermanos Carlos y Raúl Salinas de Gortari de ser un par de corruptos y de estar ligados al narco. Yo le creo a De la Madrid. También creo que si este ex gobernante se desdijo posteriormente de lo que había afirmado en la entrevista con Aristegui, se debió a presiones muy fuertes de Carlos Salinas, al que mucha gente le tiene miedo.
Miguel de la Madrid afirmó que se equivocó al haber elegido a Salinas como su sucesor. No fue el único al que Carlos Salinas de Gortari engañó. Por fortuna, todos los que en algún momento vimos a Salinas como un político más o menos decente, nos hemos dado cuenta de que en realidad es un mafioso. La mayor parte lo entendimos desde principios de 1994, cuando Luis Donaldo Colosio todavía estaba vivo.
Tiene razón AMLO, por lo demás: lo dicho por Miguel de la Madrid pone al descubierto la podredumbre política en México. Una podredumbre que alcanza a los medios de comunicación mexicanos. El que quiere divertirse leyendo cómo hay personas que todavía se atreven a defender a Salinas, que lea lo que este jueves ha escrito Carlos Marín. Divertido espectáculo el del pobre diablo defendiendo al riquísimo capo de todos los capos.
TENDAJÓN MIXTOCampañas que generan miedo | |
La polémica sobre la epidemia de la influenza y de la forma y contenido de la información proporcionada por las autoridades nacionales y de organismos supranacionales, ha adquirido relevancia internacional. Más allá de las medidas asumidas por Cuba, haciendo uso de su soberanía para evitar la propagación del virus AH1N1 en la isla, en Europa el debate se encona mientras el “mesías abajeño” ya no sabe cómo responder a las críticas hechas a la campaña de terror emprendida por su (des)gobierno para informa a la población de la influenza, cuyos resultados más notorios fueron tres: desinformar; atemorizar a una población y volverla escéptica. En Europa saltó a la palestra el sociólogo suizo Jean Ziegler, ex relator especial de la ONU para el Derecho a la Alimentación, quien describió la política de información de la Organización Mundial de la Salud (OMS) como una campaña que genera miedo y tiene escasa relación con los problemas fundamentales que aquejan a la humanidad. Para empezar, calificó de vergüenza que un alto funcionario de la OMS se pare frente a los micrófonos para afirmar que 2 mil millones de personas están en riesgo ante el nuevo virus AH1N1, y aseguró: “El que vea como discurre la enfermedad está actuando de forma irresponsable si dice esas cosas”, por ejemplo, dijo Ziegler: “De 6 mil 200 millones de personas, murieron al parecer desde hace algunas semanas unas 61 personas por gripe en todo el mundo, 56 de ellas en México, mientras que 100 mil personas mueren todos los días por el hambre y sus consecuencias”, y agregó: “Cada cinco segundos muere de hambre un niño menor de 10 años”; entonces, no hay proporción entre uno y otro problema. Y si bien la OMS tiene como tarea fundamental velar por la salud a nivel internacional, “debe cuidad las proporciones y no meterle miedo a la gente”. Sin duda, las mismas observaciones críticas se pueden hacer a la forma como el gobierno espurio de Felipe Calderón abordó el tema de la influenza humana. Al parecer pretendieron realizar una campaña mediática controlada sobre este tema con el fin de ocultar los graves problemas económicos, políticos y sociales del país y evitar el derrumbe electoral de su partido; sin embargo, las cosas se salieron de control debido a una característica presente en todas las campañas publicitarias del PAN y sus gobiernos: informar para atemorizar. Lo hicieron con Andrés Manuel López Obrador y lo hacen ahora con el PRI en promocionales donde advierten a la ciudadanía sobre el “regreso de los dinosaurios”, sin reconocer que si regresan los priistas al gobierno lo hacen por las torpezas e ineficiencia del panismo cuando se hace gobierno y su terquedad, que raya en la vesania de sostener un modelo que en las tres últimas décadas ha profundizado los aspectos más negativos y perversos del capitalismo, como la recesión económica, el desempleo y la inflación.
Hágame usted el... favor Ya le bajo a su protagonismo el “mesías abajeño”, y ahora ya no habla de haber salvado a la humanidad, sino de haber evitado 8 mil muertes. ¿Pero de verdad habrá un modelo matemático capaz de saber las muertes evitadas con las medidas aplicadas por el (des)gobierno de Calderón? Es como si se suspendiera un partido de futbol y se dijera: Con la cancelación se evitó un empate a dos goles... Como la información a los integrantes del gabinete de Felipe Calderón les llega muy tarde, Carstens apenas se enteró que México está en crisis, tal vez la señora Patricia Espinosa (secretaria de Relaciones Exteriores) no se haya enterado de que Fidel Castro dejó de manera definitiva el año pasado la presidencia de Cuba y, por eso, se den a sus opiniones el carácter oficial y merezcan la respuesta de la Cancillería mexicana por recomendación de José Ángel Córdova Villalobos, patético secretario de Salud... En cambio, los chistoretes de Obama sobre México y el virus no le ocasionan molestia alguna a la señora canciller... De verdad, las respuestas a las medidas preventivas de los gobiernos de distintos países, como el de Argentina, al que se le recordó que el dengue afecto a 20 mil personas, o al de Haití que rechazó la ayuda alimenticia del gobierno mexicano, cuyo titular respondió que en ese país se mueren de hambre y no por el virus, son de verdad tan infantiles que, a pesar de conocer Calderón, no dejan de sorprender e irritar por su infantilismo ¿o no? |
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* Llama a la gente a emitir un voto a favor del cambio verdadero de México y sus instituciones |
TENDAJÓN MIXTO¿Por qué tanto engaño? | |
La situación actual del país, en muchos de nosotros, provoca asombro. Sin duda, la influenza es real, pero al parecer el nuevo virus sólo es mortal entre los más pobres, como cualquier otro virus o bacteria; es más, las autoridades no han dicho o no tienen estadísticas ni se han hecho investigaciones sobre cuántos mexicanos (como siempre) pobres mueren cada año en las épocas de invierno cuando la gripa común se convierte en pulmonía. Le llaman influenza estacional, pues aparece año con año en los fríos (había un dicho que decía, más o menos así: “enero y febrero, desviejadero”, aunque ya la sabiduría popular agregó noviembre y diciembre, simplemente por el aumento de la pobreza) y mueren cientos (nadie sabe cuántos) a causa de su pobreza. Por eso, muchos se sorprenden al ver que en Estados Unidos se padece de la influenza humana pero nadie muere, bueno si murió un niño... mexicano. Además, el gobierno planteó mal, muy mal su estrategia informativa, que partió de un criterio: alarmar a la gente. Al parecer el gobierno no logra informar sin alarmar. Sus versiones incompletas, confusas y contradictorias generan incredulidad entre la población, que ya antes había visto como la crisis se asentaba en el país, mientras el gobierno hablaba sólo de un “catarrito”. Pero la paranoia y el miedo han sido seculares en las campañas de información gubernamentales y privadas, a pesar del poco efecto que han tenido, por ejemplo, las campañas para disuadir a la gente de abandonar su adicción al cigarro señalando los horrores provocados por el tabaco; sin embargo, el consumo no ha disminuido ni un ápice. El terror y la paranoia sólo le ha dado resultado al gobierno panista en las campañas electorales. Pero además, el gobierno no apeló a la solidaridad, a la movilización social para enfrentar la alarma sanitaria, uso su posición autoritaria, dio órdenes de manera vertical, provocó histeria e irritación, difundió información diversa, dispersa y contradictoria: los monopolios de la televisión y el radio pusieron a opinar a todo el que quiso opinar de todo lo que quisiera opinar, el resultado: total desinformación y miedo, por un lado, pero también escepticismo generalizado. Hoy los ciudadanos tenemos la sensación de haber sido engañados, desinformados, manipulados como títeres por el gobierno del ahora “mesías del Bajío” (“Defendimos a la humanidad”, dijo muy campante sin el mejor sonrojo.). Los ciudadanos, y los correos que llegan por Internet lo muestran, tenemos la impresión de que hubo y hay ocultamiento de cifras y que las ofrecidas minimizan o exageran las situación. Y como advierte Florence Toussaint, “cualquier hipótesis es buena ante la ineficiencia (del gobierno) para comunicar y darle salida adecuada a un problema de salud pública, en este caso”. Si el gobierno de Felipe Calderón tenía una muy escasa credibilidad, perdió la que le quedaba, la ciudadanía se hartó de tanto engaño, de las innecesarias apariciones en televisión del mesías del Bajío. Si todas sus campañas se han basado en el engaño y la demagogia, hoy no se le puede creer nada. En fin, grave sería también que llegara a resultar cierto eso que se dice en La Jornada (lunes 4 de mayo de 209, p. 17): ‘“Señales alentadoras’ de que el AH1N1 no es más peligroso que la gripe típica”. Si esto fuera así, mucho nos alegraría la noticia, pero estaríamos al borde del más espantoso de los ridículos ante la humanidad que el mesías del Bajío dijo haber salvado. De cualquier manera, es necesario tomar las medidas preventivas esenciales y armarse de paciencia para evitar la depresión y la irritación provocadas por los encierros forzados producto del terrorismo informativo.
Hágame usted el... favor Frase, metáforas y consejos que si no estuviéramos en la situación dramática en la que estamos matarían... de risa: Esta respuesta la dio José Ángel Córdova, secretario de Salud, cuando le preguntaron la razón de que en México se muera la gente infectada con el virus de la influenza, mientras en Estados Unidos no se ha confirmado ningún fallecimiento: “Porque aquí siguen llegando tarde”. El siguiente consejo, para convertirnos en apologistas del gobierno, lo dio Felipe Calderón: “Este momento también, ahora que vamos a estar en casa, con la familia, de convivir con nuestros hijos, de explicarles con sencillez y sin temor las cosas que están pasando y que estamos trabajando para resolver este mal”. Esta respuesta tampoco tiene desperdicio, la hizo Leopoldo González, secretario general de la Conferencia Episcopal Mexicana y obispo auxiliar de Guadalajara, para responder a una pregunta respecto a si la detención de un sacerdote en Xalapa, acusado de pederastia, no alejaba a la feligresía de la iglesia: “Al contrario, dijo su señoría, mientras más humanos nos vean más nos va a apreciar”. “A partir del segundo semestre habrá una rápida recuperación económica”: Agustín Carstens. Y la estelar: el gobierno federal “ha defendido a toda la humanidad de la propagación del virus de la influenza presente en el país”. Sin comentario, pues si hiciéramos alguno tendríamos que llamar al declarante “mesías demagogo”, y eso sí que no. |
Durante el sexenio de Vicente Fox, México recibió las más abundantes ganancias de su historia por la venta de petróleo en el exterior, pero no quedó absolutamente nada de eso: el grueso del dinero fue utilizado para devolver a los más ricos de los ricos los impuestos que habían pagado; el resto, la propina, está en las trancas y el estiércol de un rancho en Guanajuato, en las empresas de los hijos de Marta Sahagún y en las cuentas bancarias de los hombres y mujeres del régimen.
En cambio, aquí, no existe un solo laboratorio, ni siquiera en la UNAM, capaz de detectar la mutación de un virus como el de la influenza porcina, que tras el exterminio de cerdos ordenado por el fanatismo del gobierno de Egipto, ahora se llama A/H1N1, para que nadie culpe a nadie. Como bien lo han documentado Enrique Galván Ochoa y Luis Linares Zapata en las páginas de este diario a lo largo de esta semana insólita, en México existía una empresa paraestatal denominada Birmex (Laboratorios de Biológicos y Reactivos de México), que según su portal electrónico surtía las vacunas, sueros, inmunoglobulinas y reactivos de diagnóstico que requieren los organismos públicos descentralizados de salud de los estados que integran la República Mexicana, y que en los hechos fue desmantelada por Fox.
Antes de éste, Zedillo acabó con el Instituto Nacional de Higiene y con el Instituto Nacional de Virología, que se dedicaban a la investigación científica de las cepas virales y al diseño de vacunas para combatirlas. Hoy no tenemos nada de eso. Los primeros casos de influenza en la ciudad de México no fueron detectados, entre otras cosas, porque la Secretaría de Salud no contaba con herramientas para identificarlos. Y no fue sino hasta días después cuando la multiplicación de los contagios y los primeros decesos movieron al médico del régimen –el siempre limitado y titubeante José Ángel Córdova Villalobos– a enviar muestras clínicas a laboratorios de Canadá, para que desde allá nos hicieran el favor de avisar qué era lo que estaba provocando esta gripe desconocida.
El planeta entero está asombrado porque, 10 días después del terrorista mensaje de Córdova Villalobos el jueves de la semana pasada a las 11 de la noche, el gobierno (o lo que que sea) de Felipe Calderón todavía no ha revelado cómo se llamaba ni siquiera una de las víctimas fatales del virus de la gripe mexicana, como tarde o temprano esta plaga será recordada por la historia. Después de un accidente aéreo, de un camionazo, de un terremoto, de una inundación, de un incendio, las autoridades suelen dar a conocer los nombres de los muertos. Pero en esta ocasión no lo han hecho y nadie sabe explicarse por qué.
No hace falta ser muy suspicaz para entender que si Calderón y su doctor se niegan a entregar esta lista de difuntos es porque ocultan datos claves que echarían por tierra su manejo del fenómeno mediante el pánico social. Por ello es fundamental que sepamos: cómo se llamaban los muertos, qué edad tenían, dónde vivían, cuál era su condición socioeconómica, a qué se dedicaban. En otras palabras, ¿en su casa contaban con agua corriente, excusado, regadera, piso de cemento y electricidad? ¿De cuántos miembros constaba la familia, cuántos dormían en un mismo cuarto, cada cuánto se bañaban? ¿Eran obesos, estaban desnutridos, cuántas veces comían al día, cuáles eras sus hábitos alimenticios? Al transitar por su barrio o pueblo, ¿pasaban cerca de criaderos de puercos, flotaba en el ambiente de su vida cotidiana excremento de aves o cerdos, trabajaban en contacto con vísceras de animales?
Una sospecha muy extendida en la sociedad mexicana –y que tarde o temprano se esclarecerá– es que los muertos de este brote epidémico pertenecen a las capas más desprotegidas de la población, es decir, que estamos ante una nueva enfermedad de la miseria, y como en México hay más de 50 millones de personas en situación de pobreza extrema, las medidas que se han aplicado hasta ahora –cierre total de escuelas, de restaurantes y bares, de oficinas públicas, de cines y teatros, de gimnasios y albercas, etcétera–, lo que en realidad pretenden es aislar a los más pobres de los que no lo somos tanto y, por supuesto, de los ricos.
En un acto más de autoritarismo, Calderón ha instaurado por sus pistolas el secreto funerario, violando el derecho a la información no sólo de los mexicanos sino de toda la humanidad. Mientras oculte datos elementales como los nombres de los muertos, el aparato del terror electrónico podrá seguir manipulándonos a sus anchas. ¿No será la hora de solicitar a nuestros amigos en todas partes una ola de solidaridad internacional en contra de esta forma de la censura? Exijamos la autopsia de esa franja de la sociedad mexicana que murió a consecuencia de esta gripe. ¿Tendremos que hacer plantones en el Zócalo, huelgas de hambre, bloqueos de carreteras o qué para que nos digan al fin cómo se llamaban los muertos?
En el continente americano, México es uno de los países más grandes y ricos en recursos naturales, pero una peste más voraz, destructiva y mortífera que la influenza de los puercos –la de los políticos neoliberales del PRI y del PAN, la plaga de los Salinas y los Zedillo, de los De la Madrid y los Fox, al servicio de un puñado insaciable de millonarios–, nos ha convertido en un país más débil, indefenso y hambriento que Haití, que apenas ocupa la mitad de una isla en el Caribe, o que la pobre Honduras, bananera sin bananas. ¿Por qué lo hemos permitido, por qué hemos tolerado que nos hicieran caer tan bajo? ¿Acaso nos equivocamos cuando salimos a las calles con banderas blancas a frenar la rebelión de los indios de Chiapas?
¿Por qué se alivian los que viven en mejores condiciones sanitarias? ¿Por qué han desatado la sicosis de que A/H1NI prefiere a los jóvenes entre 20 y 45? ¿Por qué nos hemos dejado convencer de ello si tampoco sabemos las edades de los muertos? Después de la campaña López Obrador es un peligro para México, después del fraude haiga sido como haiga sido, después de la violación de todas sus promesas empezando por la del empleo, después de la artificiosa guerra contra el narco para militarizar el país y tratar de afianzarse en el poder, a costa de la seguridad nacional junto con la de Estados Unidos, los mexicanos tenemos la claridad y la madurez necesarias para saber que Calderón es capaz de cualquier cosa: si un día se vistió de sargento para lanzar a las fuerzas armadas a una aventura trágica, ahora se pone la bata blanca de doctor para mantenernos en arresto domiciliario, sudando de pánico.
A raíz de esta gripe, dos nuevos objetivos aparecen en nuestra agenda ciudadana: exigir con todos los recursos a nuestro alcance que el gobierno (o lo que sea) entregue los nombres de los muertos, y movilizarnos por un cambio radical en materia de inversión para la investigación científica. Así como obligamos al espurio a construir una nueva refinería, ahora debemos luchar por nuevos laboratorios, y por la conservación de la filosofía, de la ética y de la estética entre las materias del bachillerato. ¡Basta, basta ya de una vez por todas, no soportemos un día más la tiranía de la ignorancia panista!
| Porfirio Muñoz Ledo Secuestro electoral 01 de mayo de 2009 | ||||||||||||
Cuando la primera Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente, en 1972, acuñamos una frase esclarecedora: “No hay peor contaminante que la miseria”. Queríamos prevenir cualquier operación de los países avanzados tendiente a imponer pautas de desarrollo a los demás y colocar además el énfasis en la injusticia económica internacional y la degradación material generada por la desigualdad. Unas son las causas de las enfermedades —su etiología— y otras las condiciones sociales y la debilidad institucional que contribuyen a su propagación y lastran su combate oportuno y eficaz. El caso de la influenza A/H1N1 diseminada en nuestro país es un ejemplo palmario de la incuria y la decadencia como detonadores de una PANdemia.
Los estragos que el huracán Katrina —agosto de 2005— provocó en Nueva Orleáns evidenciaron la mortandad incubada en la indefensión de la pobreza. Un reducto del tercer mundo —en medio de la opulencia— pagó elevado precio por las condiciones de insalubridad, marginación, precaria infraestructura, servicios públicos insuficientes y descuidos culpables de la administración Bush.
La tragedia fue utilizada para desencadenar privatizaciones, de acuerdo con la estrategia descrita por Naomi Klein en Capitalismo de shock. Las crisis debían ser aprovechadas para profundizar el modelo neoliberal, que era —paradójicamente— la causa última del desamparo y la excesiva mortandad.
Sin contar con la cínica manipulación política de la que fueron objeto el derrumbe de las torres gemelas en Nueva York y el atentado terrorista de Atocha en víspera de las elecciones españolas. Cada quien padece el fundamentalismo que le toca. El “comité de salud pública” de los jacobinos franceses los condujo a la guillotina y el nuestro está programado para la entronización de El Yunque.
La acción eficaz, la transparencia y la mesura son pruebas de la racionalidad del Estado. En nuestro caso deslumbra la exhibición de lo contrario. Aparecen datos sobre el conocimiento que tenían desde hace tiempo las instancias médicas respecto del probable desencadenamiento de la epidemia y la existencia de brotes específicos a finales del año pasado.
Debido a que en Estados Unidos surgieron casos de esta influenza desde diciembre de 2005, sus autoridades determinaron las sustancias idóneas para contrarrestarla. El Boletín de Práctica Médica divulgó aquí en diciembre de 2006 un catálogo de “acciones básicas ante una pandemia de influenza” y el Seminario Internacional de Influenza de octubre último predijo que podría precipitarse en razón de “los daños causados por la situación económica que atraviesa el mundo”.
Es claro que el 18 de marzo “expropiamos” el virus procedente del Canadá y que de inmediato comenzó su propagación: hospitalizaciones, diagnósticos erráticos, decesos y comunicaciones cruzadas entre autoridades de salud. Nada se hizo público durante las visitas de Sarkozy y de Obama, que tuvieron sin embargo limitantes por razones sanitarias.
No fue sino hasta el 25 de abril que el Ejecutivo desencadenó un operativo sigilosamente preparado. Reunión del Consejo Nacional de Salud, adoctrinamiento a los medios electrónicos y aparición de Calderón otorgando facultades de excepción al secretario de Salud. Decreto ostentosamente violatorio de garantías constitucionales.
Sorprende el silencio cuando no la complicidad del Congreso ante esta “dictadura sanitaria”. Remedo de la militarización del país y la declaración de guerra al crimen organizado. Esta vez Calderón no se vistió de médico, como entonces lo hizo de general, pero tal vez se disfrace —antes de las elecciones— para anunciar que ha derrotado el mal.
Asombra más la declaración del propio Ejecutivo en el sentido de que el país carece de los medios técnicos “capaces de identificar el diagnóstico, el tratamiento y la estrategia preventiva”, pero que en 72 horas los tendría, plazo que se ha prolongado indefinidamente. Como en tiempos de la Revolución: “Primero disparas y luego averiguas”.
¿Por qué México produce el mayor número de muertos? Si no somos un Estado fallido, nos parecemos mucho. Obedecemos a la definición de Fukuyama sobre la debilidad institucional de los países periféricos —la otra cara de la globalización—, que combina en el mismo saco apocalíptico terrorismo, narcotráfico, crimen organizado, éxodos migratorios y epidemias que amenazan al “mundo civilizado”.
El proceso electoral obliga a una reflexión colectiva y una acción responsable. No podríamos aceptar el secuestro de la conciencia pública y la desmovilización ciudadana por la manipulación mediática. Cubrebocas sí, “cubrementes” no. El manejo de la salud debiera quedar en manos de expertos y su difusión confiada a la pluralidad política. Conjuremos el golpe de Estado sanitario.
Ex embajador de México ante la Unión Europea | ||||||||||||
TENDAJÓN MIXTODemasiada información termina desinformando | |
Demasiada información termina desinformando. La epidemia del virus porcino es real y peligrosa y, por tanto, debió haber sido tratada con profesionalismo y sobriedad, sin alarma ni morbo. Sin embargo, nuevamente el gobierno perdió el control de la información y lo cedió al duopolio televisivo y radiofónico que lograron dos cosas: desinformar, al proporcionar información dispersa, cuando no contradictoria, y al mismo tiempo, crear un ambiente de histeria y pesadumbre desalentadoras, provocando conductas colectivas cercanas a convertirse en patológicas, como es el caso de las compras de pánico tanto de medicamentos y vitaminas como de alimentos, generando desabasto y ganancias extraordinarias a las grandes empresas minoristas. En estos casos, el gobierno federal debería impedir que las empresas de radio y televisión asumieran la iniciativa y se dedicaran a entrevistar a quien sea e invitar a dar su opinión a todos aquellos que, aún siendo médicos, no conocen los problemas epidemiológicos. Conviene recordar que el sentido común es el menos común de los sentidos. Las opiniones y comentarios muchas veces son banales y llenos de superchería. Imagínese en una situación como la que estamos viviendo ver y oír a un médico discutir, con mucho entusiasmo, si se le debe llamar flujo nasal al líquido que sale de la nariz o de otra manera. ¿A quién pueden servir las disquisiciones de este médico, tal vez, lleno de buena voluntad, pero que trató, simplemente, de vivir sus cinco minutos de fama diciendo cualquier cosa, pues fue invitado a opinar ahora que los medios se abrieron a escuchar a quien quiso opinar? En situaciones tan delicadas se debería haber nombrado un vocero oficial creíble, que explicara sin tremendismo en qué consiste la enfermedad, las medidas a seguir e informar con objetividad la situación real. Si se decretó que las autoridades sanitarias podían allanar domicilios donde se sospechara la existencia de personas afectadas ¿por qué no poner bajo control gubernamental –exclusivamente para los fines de manejar información veraz sobre la epidemia– a los medios de comunicación? De haberlo hecho se hubiera evitado tanta infame especulación.
Hágame usted el... favor Pues seguimos mal y de malas. La semana pasada y ésta conocimos diversas estimaciones respecto al crecimiento esperado de la economía mexicana en este 2009. Dos de ellas llaman la atención: una la proporcionó la Secretaría de Hacienda, que vaticina un decrecimiento de 2.8 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB); la otra, más pesimista (¿o más realista?), la dio a conocer el Fondo Monetario Internacional (FMI), organismo por cierto generoso acreedor del gobierno de Felipe Calderón, que pronostica un decrecimiento del PIB de 3.7 por ciento. En ambos casos, este sería el peor comportamiento de las economías latinoamericanas y caribeñas... La situación, sin duda, es grave, y Felipe Calderón no parece querer darse por enterado. Habla de reanimación y proclama la creación de 4 mil empleos, cuando en los últimos cinco meses se perdieron 600 mil puestos de trabajo. Por lo pronto, la encuesta de empleo del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (Inegi) mostró que el desempleo urbano alcanzó al 6.13 por ciento de la población económicamente activa, el índice más alto en lo que va de esta década. En términos absolutos, esto significa que en el país cerca de 2.2 millones de personas buscan empleo y no lo encuentran. Y uno puede preguntarse, aceptando la cifra de Hacienda de una contracción del 2.8 por ciento: ¿Cuántas empresas cerrarán? ¿Cuántos empleos se perderán? ¿Cuántos miles de mexicanos emigrarán? ¿Cuántas hipotecas dejarán de pagarse? ¿Cuánto se deteriorará el tejido social? A estas y otras muchas interrogantes habrá de responder este gobierno (o lo que sea, Jaime Avilés dixit) caracterizado por su irresponsabilidad e incapacidad para enfrentar esta situación de crisis. Y, ahora, a la contracción económica se une la inflación. En efecto, según informó el Banco de México, en la primera quincena de abril, el Índice Nacional de Precios al consumidor registró un incremento de 0.14 por ciento, muy por encima de las expectativas que lo esperaban en 0.05 por ciento. Con este resultado, la inflación general sufrió un nuevo impulso de su tasa anual, al ubicarse en 6.20 por ciento luego de que al cierre de marzo fuera de 6.04 por ciento. Así, la economía mexicana se acerca a una de las peores y más indeseables situaciones: el estancamiento económico con inflación y desempleo... ¿A quién creerle? Mientras el secretario de Salud de Puebla, Antonio Marín, advierte que el tapabocas sirve de poco en la calle, el secretario de Desarrollo Social recomienda usarlo. Por cierto, se dice que el costo de un tapabocas es de 28 centavos y se vende hasta en cinco pesos. Hay, sin duda, quienes lucran con la emergencia sanitaria, pero no todas han de ser malas noticias, las hay también excelentes: En Bolivia, Evo Morales desmontó una conjura en su contra y en Ecuador se reeligió Rafael Correa, quien anunció la radicalización de la revolución ecuatoriana. Eso hace renacer el optimismo ¿o no? |