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El Lic. Andrés Manuel López Obrador Presidente Legítimo de México, de gira por el Edo. de México.

El Lic. Andrés Manuel López Obrador Presidente Legítimo de México, de gira por el Edo. de México.

"LO QUE ME DA EL PUEBLO, NO ME LO PUEDE QUITAR EL IFE", DECLARA LÓPEZ OBRADOR, PRESIDENTE LEGÍTIMO DE MÉXICO 

Al concluir un recorrido de dos meses por 130 ciudades de los 31 estados del país, Andrés Manuel López Obrador manifestó que la mancha de un fraude electoral no se quita ni con toda el agua de los océanos y aseguró que el Consejo General del IFE no le podrá retirar con una prohibición el nombramiento de presidente legítimo de México, porque el cargo se lo confirió el pueblo.  

Desde la zona oriente del Estado de México, López Obrador precisó a los consejeros del mencionado órgano electoral: "lo que me da el pueblo, no me lo puede quitar el IFE" y afirmó que la restricción para usar el nombre del cargo que ostenta en spots de radio y televisión es "un buen signo, es una buena señal, porque —los adversarios políticos— no se preocuparían de nosotros y de nuestro movimiento, si no representáramos nada".  

A casi dos años del fraude electoral, Felipe Calderón tiene todavía pesadillas, trae problemas y no está tranquilo con su conciencia, porque está plenamente consciente de que él no ganó la Presidencia de la República, afirmó Andrés Manuel López Obrador, y agregó: "desde que usurpó la Presidencia de la República, hace 18 meses, Calderón Hinojosa resultó ser un inepto, no sirve para nada, aparece, pero es un cero a la izquierda en las materias económica, de bienestar social, empleo, educación y seguridad".  

En las asambleas informativas con brigadistas en defensa del petróleo de los municipios de Tlalmanalco, Chalco y Valle de Chalco, así como de Ixtapaluca, reiteró su decisión de convocar a una movilización nacional "si el presidente pelele y la derecha panista, en complicidad con la cúpula priista, intentan imponer la denominada reforma energética, para entregar el petróleo a compañías multinacionales", aclaró el presidente legítimo de México. 

Ante los brigadistas de Tlalmanalco, informó que el próximo domingo se reunirán aproximadamente 200 mil brigadistas de todo el país en el Zócalo de la Ciudad de México para definir la logística de la consulta popular del próximo 27 de julio en los municipios gobernados por el Frente Amplio Progresista.  

Al manifestar que el equipo defensor del petróleo avanza 12-0 sobre el grupo privatizador del petróleo, el presidente legítimo de los mexicanos se congratuló por el inicio de una serie de debates sobre la reforma energética en la Universidad Nacional Autónoma de México.  

Luego, en Chalco, resaltó que la derecha panista y la cúpula del PRI intentarán con toda seguridad imponer los cambios legislativos encaminados a privatizar la industria petrolera, aunque el mayor número de mexicanos exprese su rotundo rechazo en la consulta ciudadana y aunque se ganen todos los debates en el Senado de la República.  

Llamó entonces a los ciudadanos a estar atentos y a participar en las movilizaciones en la defensa del petróleo, "porque bajo ninguna circunstancia y por ningún motivo vamos a permitir que el patrimonio de la nación pase a manos de particulares", a pesar de la mucha hambre de dinero que tiene una minoría rapaz.  

En Valle de Chalco, en Ixtapaluca y en Chimalhuacán, López Obrador informó que en 18 meses del gobierno usurpador aumentaron los precios de los artículos de primera necesidad y de consumo generalizado, en algunos casos hasta cien por ciento, mientras que el salario creció tan sólo 4 por ciento.  

Consideró como un acto de cinismo el anuncio hecho por Calderón de congelar los precios de alrededor de 150 productos chatarra, como son jugos, tés y un importante número de enlatados que no forman parte de la dieta de las familias mexicanas. Sin embargo, aclaró que los precios del arroz, del frijol, del aceite, del huevo, de la leche y de la tortilla sufrieron aumentos significativos y "con un anuncio demagógico quieren engañar al pueblo", con la ayuda de la televisión, afirmó el dirigente de la izquierda mexicana.  

El ex candidato a la presidencia nacional del PRD, Alejandro Encinas Rodríguez; el presidente municipal de Chalco, Vicente Onofre; el diputado federal del PRD, Alberto López Rojas; la secretaria para el Estado de Bienestar, Martha Pérez Bejarano, regidores y el diputado local del PRD, Higinio Martínez Miranda, acompañaron a López Obrador en las asambleas informativas que se realizaron este día en 6 municipios del oriente del Estado de México.  

Para el domingo, 29 de junio, el presidente legítimo de México, Andrés Manuel López Obrador, asistirá a las 10 de la mañana a la asamblea nacional, en el Zócalo de la Ciudad de México.

Estos si son intelectuales, no como la chilindrina o el chavo del ocho o fecal

Estos si son intelectuales, no como la chilindrina o el chavo del ocho o fecal

Carta de intelectuales:  “La consulta, un logro del movimiento ciudadano”

No se puede ignorar la tensa, muy difícil o trágica situación del país. Entre las demostraciones de que no todos los tiempos son iguales:  Violencia radical del narcotráfico con altísimo costo de vidas (no sólo de los directamente involucrados); crisis del aparato de seguridad nacional; destrucción creciente del tejido social; expansión del miedo y el pánico en amplísimos sectores; carestía insostenible; desastre –reconocido por todos– de la enseñanza pública y la privada; ansiedad por reducir el proceso electoral a una compraventa de votos; crisis acentuada y efectiva del Poder Judicial; apoyo de funcionarios al sistema de ecocidios (sobrexplotación del agua, destrucción de bosques, contaminación) que ratifican la monstruosidad del neoliberalismo; impunidad de los poderosos que se ostentan como la nueva “autoridad moral”; campaña intensa de privatización de los recursos energéticos; funcionarios cuya perma- nencia es un desafío grave a la legalidad (Juan Camilo Mouriño, Ulises Ruiz, Mario Marín); campañas de linchamiento moral de los opositores…

Hay, sin embargo, razones, y muy significativas, para un optimismo racional o, si se quiere, para un replanteamiento positivo de las circunstancias actuales:

–Emergencia de sectores y personas en el análisis de la realidad, las decisiones participativas y las protestas. Las movilizaciones de los últimos tiempos no son calificables de izquierda en el sentido ideológico tradicional, sino como movimientos, de ciudadanía y ciudadanización, conceptos primordiales y ligados ya al fortalecimiento de la soberanía popular.

–Fracaso estrepitoso de los defensores del proyecto de Felipe Calderón en el debate sobre reforma energética. Carecen de argumentos sólidos, se entregan a la inútil y penosa manipulación de leyes y cifras, son inconexos y desinformados por sistema.

–Fracaso notable de los gobiernos sucesivos del PRI y del PAN en la política informativa sobre los hechos básicos del país. Los promotores de la privatización del petróleo se burlan de los mexicanos que no entienden de tecnología y ellos mismos, a la hora de evaluar su proyecto, lo reducen a lugares comunes del autoritarismo cantinflesco. Además, ¿de dón- de proviene la ignorancia de la sociedad en asuntos de extrema importancia? De quienes, mediante la represión y el oscurecimiento informativo de la te-levisión, han alentado por décadas la despolitización y aíslan y persiguen las actitudes politizadas. Los gobiernos federales desalientan desde hace mucho tiempo las acciones de la ciudadanía. También el desbordamiento de la ignorancia afecta en primer término a la clase gobernante, que nunca explica sus proyectos básicos y carece de la costumbre de razonar.

–El gobierno federal aceptó el debate sobre la reforma petrolera y ahora se propone ignorarlo, asfixiar su desarrollo y enterrar sus conclusiones. Con todo, este debate es otro de los signos irrefutables que anuncian una sociedad distinta, que va adquiriendo la capacidad de convocarse a sí misma.

–La clase gobernante fracasó en su intento de impedir por entero la consulta. El propósito de la consulta no es negar las facultades del Congreso, sino rechazar la privatización del punto de vista de la nación y no aceptar que sólo “los expertos” decidan el presente y el porvenir del país. La ciudadanía exige su inclusión en la toma de medidas que la afectan centralmente. Al oponerse a la consulta, la clase gobernante despliega el tamaño de su miedo a los ciudadanos y de su desconfianza ante su escasísimo poder de convencimiento.

–El fracaso impresionante de la derecha, que en décadas no ha ganado una sola de las batallas culturales en el país, no ha conseguido abolir los derechos de las mujeres ni de las mino-rías sexuales, ni ha detenido en lo mínimo el avance de sus odios predilectos: la laicidad, el laicismo, la secularización (e-jemplo reciente: la devolución por parte de la diócesis de Guadalajara de 30 millones para el Santuario de los Mártires). Si en las batallas culturales la derecha viene a menos, estamos aún lejos del respeto a los derechos humanos, del fin del racismo y del reconocimiento pleno a los derechos indígenas.

–Movilización en amplios sectores de la sociedad, que no aceptan como respuesta la frialdad, el azoro, el desprecio, la inercia o el odio de la clase gobernante.

Antes lo dominante fue el pesimismo como determinismo. Hoy las circunstancias han cambiado. Nadie autoriza el optimismo, pero la tesis de la indefensión absoluta de la sociedad es, en última instancia, un comercial más del neoliberalismo.

Así, la consulta sobre la reforma energética es una saludable ampliación de la democracia y un logro del movimiento ciudadano.

Atentamente

Comité de intelectuales en defensa del petróleo

Marco Antonio Campos
Rolando Cordera
Arnaldo Córdova
Laura Esquivel
Bolívar Echeverría
Víctor Flores Olea
Luis Javier Garrido
Héctor Díaz Polanco
Antonio Gershenson
Margo Glantz
Enrique González Pedrero
Hugo Gutiérrez Vega
David Ibarra
Luis Linares Zapata
Guadalupe Loaeza
Lorenzo Meyer
Roberto Morales
Carlos Monsiváis
Jorge Eduardo Navarrete
Carlos Payán
Carlos Pellicer
José María Pérez Gay
Sergio Pitol
Elena Poniatowska
Ida Rodríguez Prampolini
Enrique Semo
Víctor Manuel Toledo
Héctor Vasconcelos
Javier Wimer

 

 

DOS ARTÍCULOS DEL ING. JAVIER JIMÉNEZ ESPRIÚ

DOS ARTÍCULOS DEL ING. JAVIER JIMÉNEZ ESPRIÚ

Javier Jiménez Espriú /I
jimenezespriu@prodigy.net.mx

Del debate energético. La motivación presidencial

Con motivo de los foros de debate del Senado de la República sobre las iniciativas para la “reforma energética” propuestas por el presidente Calderón fui invitado a exponer mis puntos de vista.

Por el tiempo disponible, sólo abordé los que considero más delicados de las iniciativas y su impacto en la ingeniería y el desarrollo tecnológico de México. Hoy, con la hospitalidad de La Jornada, inicio un resumen de mi participación y mis reflexiones sobre lo debatido en una serie de artículos semanales.

“Con plena convicción –dije–, considero que la propuesta, desde el diagnóstico, es insuficiente en el análisis económico, discutible desde el punto de vista técnico, inconsistente en el aspecto legal, ignorante de contenido histórico y ayuna de sensibilidad política.”

Esta convicción se ha visto a diario reforzada en los debates y en un sinnúmero de reuniones que se han dado sobre el tema, en las que si bien ha habido apoyos a las iniciativas o a partes de ellas, los argumentos opuestos a las propuestas y el énfasis a importantes y obvias omisiones, suman una mayoría aplastante.

Me referí a esos cinco aspectos, porque Pemex no es una industria común ni puede analizarse a fondo si alguno se soslaya.

No sólo es la empresa que tiene a su cargo los más importantes recursos naturales con que contamos, área estratégica de exclusividad del Estado, según nuestra Carta Magna. No es sólo una productora de commodities. Es una institución que, como ninguna otra, ha hecho viable el desarrollo de México, posible su factibilidad financiera y enfatizado su identidad como nación independiente. Su importancia económica, política y social es un todo inseparable.

Pemex es desde su nacimiento la empresa emblemática de la soberanía nacional. Pero aun siendo el organismo más importante del sector, hablar de una reforma energética y limitarla a la restructuración de Pemex es una aberración del gobierno que no cuenta con un plan energético ni petrolero de largo plazo, explicable sólo por su deseo de abrir la empresa, cuanto antes, a la participación privada,

Esto es preocupante sobre todo cuando se ha insistido desde hace muchos años en la urgencia de las “reformas estructurales” fundamentales para el desarrollo del país –la energética particularmente–, y nos ofrecen de pronto algo improvisado y con enormes carencias y fisuras.

Ha sido claro en el debate que las iniciativas tienen más omisiones que temas importantes tratados, y que hay más propuestas erróneas y comprometedoras que aciertos. Los abordaré sin muchas cifras y en términos sencillos, para beneficio de quienes no están adentrados en los complejos aspectos de la industria petrolera.

La falla original de las iniciativas, de la que surge el resto, es que nace de la decisión gubernamental de abrir la industria al sector privado, y a partir de ella acomodar premisas, argumentos y diagnóstico. La decisión primero y luego el diagnóstico.

El Presidente de la República al enviar las iniciativas dijo que con la propuesta Pemex se fortalece, que no hay contratos de riesgo, que no hay privatización, que los hidrocarburos son y seguirán siendo sólo de los mexicanos.

Los mexicanos sabemos leer, analizar y discernir, y de la lectura y el análisis de las iniciativas deducimos con meridiana claridad su intención primigenia y sabemos que si se convierten en ley: se autorizan los contratos de riesgo; Pemex inicia su privatización, contra la exclusividad que la Constitución le otorga en el conjunto de la industria petrolera y, por tanto, se debilita, se minimiza e inicia su transformación de una industria integrada a una administradora de contratos cuyos beneficiarios no seremos los mexicanos.

Esto cuando hay compatriotas altamente capacitados en todas las áreas de la industria petrolera, tanto en Pemex como en el sector académico, en las jubilaciones prematuras y en empresas privadas, que conocen todos los pasos de la industria, el estado de nuestras reservas, las formas de optimizar la producción, los tiempos para la búsqueda de nuevos yacimientos, para la adquisición de las tecnologías necesarias y para la formación del personal requerido, en suma, capaces de atender las necesidades actuales y futuras de nuestra industria fundamental, sin necesidad de compartir nuestros hidrocarburos ni entregar parte de los beneficios de la industria a la participación privada.

 

 

Javier Jiménez Espriú/ II
jimenezespriu@prodigy.net.mx

La reforma energética. Las verdades a medias

Las iniciativas para la “reforma energética” se han construido a partir de un diagnóstico con datos sesgados, de un lenguaje engañoso y de verdades a medias. Y las verdades a medias son mentiras dolosas.

Porque es cierto que Pemex está técnicamente quebrado, que las reservas de Cantarell declinan, que el sindicato de Pemex es enormemente oneroso –aunque se soslaya–, que sólo tenemos petróleo para 10 años con los actuales ritmos de explotación –si no hacemos nada para probar ni optimizar reservas–, que en Pemex hay ineficiencias y corrupción; que se requiere una reforma de fondo.

Que no tenemos ni la tecnología ni el dinero para perforar a grandes profundidades en el mar –aunque ni estamos en cero ni es conveniente ahora ir al mar ultraprofundo–, aunque si esto fuera urgente, cierto es que tenemos el petróleo y quien tiene el petróleo puede poner las reglas del juego para adquirir la tecnología y obtener el dinero.

Pero también es verdad que no se exterioriza porque se opone a los intereses de quienes pretenden abrir la industria a la iniciativa privada, que estamos a tiempo para seguir preparando a nuestros ingenieros y técnicos, que ya lo hacen a pesar de la poca voluntad de los políticos y estarán en condiciones para adquirir la tecnología oportunamente –desarrollarla o comprarla y asimilarla–, con acuerdos comerciales de transferencia con quien la tenga.

Que Pemex está quebrada a propósito –lo que se puede solucionar rápidamente–, con una cortedad de miras inaceptable y sin consideración de su potencial, ni de su importancia para el desarrollo del país, ni de sus necesidades de inversión, mantenimiento y modernización –para lo que es ampliamente solvente– y de protección de la soberanía de la nación.

Que esto lleva ya tiempo, sin definir políticas energética y petrolera, imperiosas para el desarrollo de la industria y de México y que esa empresa técnicamente quebrada, a pesar de sus ineficiencias y grupos y personas corruptos –lo que es inaceptable y urge corregir– es de todas formas una de las petroleras más rentables del orbe antes, desde luego, de las exacciones impositivas y políticas a que está sujeta.

Que es la única petrolera del mundo a la que no se le ha permitido aprovechar los recursos del boom del precio del petróleo para atender sus deficiencias y rezagos; para instalar refinerías, para modernizar y ampliar su red de ductos, para incentivar la investigación y el desarrollo tecnológico y para promover la industria petroquímica.

Que contamos con más posibilidades de explorar y encontrar petróleo y gas en el territorio y en aguas someras que en las grandes profundidades del océano; que la urgencia de ir al fondo del mar es sólo de los interesados en la participación privada en Pemex y no de la razón técnica ni de la planeación estratégica.

Y así, otras muchas verdades que se ocultan para dejar impunes las causas del deterioro y a sus causantes –quienes la han administrado– y para no desvirtuar las que parecen dar argumentos a una decisión tomada: abrir Pemex con “contratos de desempeño” y obsequiando a la iniciativa privada la refinación del petróleo, la propiedad y operación de oleoductos y la posibilidad de venta de gasolinas del exterior, que es entregar a los poderosos de siempre –de aquí y de allá y más de allá que de aquí–, eslabones fundamentales de la cadena de valor de la industria de los hidrocarburos, trastocando la Constitución.

Porque nuestra Carta Magna se refiere a la industria petrolera integral como área de exclusividad del Estado y en leyes secundarias se pretende –lo que no es legítimo– limitar las áreas estratégicas de la industria, reduciendo arbitrariamente el espectro que define y preserva, transfiriendo al sector privado funciones que la letra y el espíritu de la Ley Suprema otorgan indubitable y exclusivamente al Estado.

Y esto no es otra cosa que privatizar, objetivo fundamental de la propuesta.

La restructuración de Pemex –urgente y conveniente sin duda–, la premura de su presentación y el ansia de su aprobación urgente y con ello sus grandes omisiones, gira alrededor del interés en su apertura al sector privado. La propia iniciativa, en los tiempos que marca, da un ritmo precavido a sus propuestas sobre la autonomía de gestión y a las del uso de los recursos excedentes, pero establece como inicio de las posibilidades de contratación en un régimen especial por demás laxo, el día siguiente a la publicación de la ley.

La restructuración y sus resultados tomarían varios años –ya lo mencionó el propio Presidente y ya no tocará a su administración disfrutarlos–, … pero los contratos y su disfrute fluirán de inmediato.

 

ENTIENDE FECAL, TUS INICIATIVAS SON PRIVATIZADORAS Y NADIE LAS QUIERE

ENTIENDE FECAL, TUS INICIATIVAS SON PRIVATIZADORAS Y NADIE LAS QUIERE

80% de los poblanos, contra privatización de Pemex y reforma energética: PRI

 
Ignacio Juárez Galindo
Puebla, Pue.

La secretaria general del Comité Directivo Estatal (CDE) del PRI, Claudia Hernández Medina, dio a conocer que el primer corte realizado en la Consulta Ciudadana “Tu opinión es primero”, aplicada por su partido, arrojó que el 80 por ciento de los poblanos consultados rechaza la privatización de Petróleos Mexicanos (Pemex) y seis de cada 10 rechazan la versión del gobierno federal que la paraestatal está en quiebra.

La consulta, que incluirá otros temas como la crisis alimentaria, salud, educación, vivienda y servirá como base para el diseño de la plataforma electoral del PRI en la elección federal del 2009, comenzó el 8 de junio y ha recabado la opinión de 2 mil 200 personas.

A decir de Claudia Hernández, los primeros datos arrojan que el 80 por ciento de los ciudadanos que aceptaron el cuestionario mostraron su rechazo a la privatización de Pemex, así como a la iniciativa de reforma energética presentada por Felipe Calderón.

En el mismo sentido, el 83 por ciento rechazó que los excedentes por la venta de petróleo que México ha recibido sean utilizados por el gobierno federal para el pago de sueldos y gasto corriente, mientras que en el caso de la idea difundida por el gobierno de Felipe Calderón que Pemex se encuentra en quiebra, el 64 por ciento de los entrevistados dijo que eso es falso, pues existen recursos suficientes para llevar a cabo la modernización de la paraestatal sin tener que privatizarla.

 

Artículos de José Agustín Pinchetti, de Antonio Geherson , de Jaime Aviles, de Luis Javier Garrido y de Martí Batres Guadarrama

Artículos de José Agustín Pinchetti, de Antonio Geherson , de Jaime Aviles, de Luis Javier Garrido y de Martí Batres Guadarrama

El despertar

José Agustín Ortiz Pinchetti
jaorpin@yahoo.com.mx.

■ El 2006, asignatura pendiente

Calderón desespera por legitimarse. Abusa del apoyo de medios y la propaganda pagada: 3 mil 500 millones de pesos en lo que va del año. El 10 por ciento del programa Oportunidades. Sin embargo, no puede lograrlo porque son malas sus causas, como la privatización de Pemex. En el fondo carece de legitimidad de origen: la mitad de la población creyó y cree todavía que no ganó las elecciones. Ser considerado usurpador por 40 millones es un problema crítico. A 18 meses de gestión, no convence a la clase política ni a gran parte del pueblo de que merece el cargo.

Y tiene el tiempo en contra: irán fluyendo investigaciones que pongan en tela de juicio los comicios presidenciales de 2006. Un ejemplo notable y reciente es el trabajo de José Antonio Crespo (2006 hablan las actas. Las debilidades de la autoridad electoral mexicana). Crespo no intenta demostrar si hubo o no fraude. Simplemente coteja las actas oficiales con el principio de certeza que gobierna las elecciones mexicanas. Realiza un examen monumental de 60 mil actas de escrutinio, que equivalen a la mitad de los 300 distritos electorales, y calcula que hubo inconsistencias graves en número tal que rebasa tres veces la diferencia con la que pretendidamente ganó Calderón a AMLO. Lo grave, destaca, es que las autoridades electorales constataron las irregularidades, pero prefirieron plegarse al PAN y a Fox y validar los comicios. Éstas debieron anularse por la intervención del Presidente, los empresarios, la Iglesia católica y por las graves irregularidades en las propias urnas.

Investigaciones posteriores irán penetrando la verdad. Hay innumerables testimonios, registros y videos. El Poder Judicial ordenó la apertura de un pequeño número de actas: se encontró que había muchísimas boletas faltantes o sobrantes. Ajustes inexplicables en las actas, sin intervención de agentes especializados en fraudes electorales. También hay pruebas de la intervención del sindicato de maestros, comandado por Elba Esther Gordillo, experto en esas tareas.

Las elecciones de 2006 representan una regresión. Hoy nos parece un veranillo el periodo entre 1997 y 2000. Zedillo y sus secretarios de Gobernación demostraron voluntad y oficio para controlar la tendencia ancestral al fraude electoral. Hoy no sólo el IFE, el Trife, la Corte y hasta la CNDH han perdido independencia frente al Ejecutivo. Todos los órganos del Estado. Éste impone su voluntad sobre el pueblo y la ley. Se requiere gran organización popular para volver a poner las cosas en su cauce.

 

Antonio Gershenson
gershen@servidor.unam.mx

¿Coincidencias petroleras?

La prensa internacional, de uno de cuyos periódicos se reproduce la información en este diario, publica que se negocian contratos que implicarían el regreso de las principales trasnacionales a Irak, 36 años después de su nacionalización. Las empresas gigantes ExxonMobil, Shell, la francesa Total y British Petroleum, eran las que formaron la Irak Petroleum Company. Llama la atención que los contratos, que benefician también a otra trasnacional que no estuvo cuando la nacionalización, ChevronTexaco, serán para operar los mayores yacimientos y se otorgarán sin concurso. Coincidentemente, las reformas petroleras enviadas al Senado aquí facilitan los contratos sin concurso, al ampliar de manera significativa las causas para eludir esa licitación.

En la información se hace notar que este tipo de contratos sin concurso no son comunes en la industria petrolera. Se quiere justificar diciendo que el trabajo en desiertos y pantanos no puede ser llevado a cabo por cualquier empresa. Nosotros decimos que en México la regla general es que se concurse o se licite, y lo otro serían excepciones que deben ser reglamentadas por las leyes. El párrafo segundo del artículo 134 de la Constitución dice:

“Las adquisiciones, arrendamientos y enajenaciones de todo tipo de bienes, prestación de servicios de cualquier naturaleza y la contratación de obra que realicen, se adjudicarán o llevarán a cabo a través de licitaciones públicas mediante convocatoria pública para que libremente se presenten proposiciones solventes en sobre cerrado, que será abierto públicamente, a fin de asegurar al Estado las mejores condiciones disponibles en cuanto a precio, calidad, financiamiento, oportunidad y demás circunstancias pertinentes.”

Las propuestas de reforma de aquí dicen que puede no hacerse concurso, que si se hace puede no ser público, y otras lindezas. En Irak no le dan tantas vueltas. En cuanto los contratos se firmen, según se anuncia el 30 de junio, simplemente no hay concursos y ya. La información aclara que allá hay más de 40 empresas petroleras en condiciones de participar en concursos y que, obviamente, quedarían fuera con las adjudicaciones directas a las mayores trasnacionales. El Ministerio del Petróleo iraquí declaró que esto se hacía por la necesidad de tecnologías modernas, en lo que el Parlamento aprueba una legislación petrolera en discusión. ¿Suenan familiares algunas de estas palabras?

Otra justificación usada en el caso de Irak es que el petróleo está muy caro, y que con las grandes trasnacionales la producción de ese país, hoy en aproximadamente 2 y medio millones de barriles diarios, podría aumentar a 3 millones, o sea un aumento de medio millón de barriles diarios. ¡Qué coincidencia! Aquí se habla de esa misma cantidad, sólo que sería por un tesorito en el fondo de las aguas profundas del Golfo de México.

Un pretexto adicional para otorgar estos contratos sin concurso es el que las mayores trasnacionales habían desarrollado, sin cobrar, trabajos de capacitación del personal iraquí. Según lo publicado, otras empresas también lo hicieron, pero sin recibir el premio. Aquí, este tipo de trabajos se consideraría parte del cabildeo para obtener un contrato. El hecho es que aquí también se hace algo similar.

También vemos en la información que los mencionados contratos sin concurso formalmente estarán estructurados como contratos de servicios, y se paga a las empresas por su trabajo. Así, no necesitan esperar a que se apruebe la nueva ley. Y que se está negociando el pago a las trasnacionales en petróleo y no en efectivo. Esto nos recuerda los contratos de servicios múltiples del sexenio pasado, y los contratos-riesgo de tiempos de Miguel Alemán, de los que ahora se vuelve a hablar. Son muchas las similitudes a pesar de la gran distancia entre los dos países: cuando en México es el mediodía, en Irak son las 9 de la noche.

Se menciona que el portavoz de ExxonMobil afirmó que el enfoque de su empresa en Irak no era diferente del que tiene de otros países, que en todos los países en los que se les permite operar siguen los mismos patrones. ¿Tendrá eso que ver con tantas coincidencias que encontramos?

Esto nos lleva a reflexionar en qué medida las reformas propuestas al Senado tienen sus raíces en el plano internacional. Y a preguntarnos, ¿cuántas coincidencias pueden serlo, sin dejar de ser simples coincidencias?

 

Desfiladero

Jaime Avilés

■ Mermelada con achiote: ya llegaron las nuevas recetas para los pobres

Felipe Calderón anuncia, el miércoles 18, que gracias a un acuerdo entre los industriales y él, hasta el 31 de diciembre no volverán a subir los precios de “más de 150 productos”. Horas más tarde, Los Pinos difunde una lista de sólo “24 productos”, que no podrán aumentar hasta 2009, desglosados en 140 presentaciones, lo que es muy distinto. Se trata de una canasta de mentiras, compuesta por algunas marcas de atún, sardinas, frijoles y chiles en lata; jugos de frutas, de verduras y de soya; café soluble, té, achiote, chilorio, tres tipos de salsas para espagueti, catsup, mermelada de fresa, gelatinas, flan, sopas de camarón y gallina, perejil deshidratado, sal con ajo y pimienta verde y negra.

Calderón subraya: son alimentos de “enorme consumo popular”. Al día siguiente, Banamex lo refuta: esos productos “tienen una baja cobertura de mercado” (en otras palabras, se venden poco) y su efecto será “marginal” o sea, inútil, en la lucha contra la inflación. Además –acotan legisladores del PRI y del PRD, líderes sindicales y agrarios y ese mismo banco– ya fueron retiquetados “varias veces” en lo que va de este año: el aceite de cocina aumentó 32.6 por ciento, el atún y la sardina en lata, 7.5, la mayonesa 6, los chiles procesados 4.6, los purés de tomate, las sopas y los jugos, 3.5 por ciento, y no se esperaba que volvieran a subir antes del primero de enero.

Así que, en realidad, la medida es tan tramposa como si Calderón decretara que la luna es redonda. En los hechos, el “gobierno” ha dejado la vía libre para que se sigan incrementando los precios del maíz, el arroz, el azúcar, la leche en polvo, la harina de trigo, el pan, la tortilla, la carne de res, de cerdo, de pollo, el huevo, el pescado, el queso y, sobre todo, las verduras, que son indispensables para una alimentación balanceada.

Por si lo anterior no constituyera una prueba más de la irresponsabilidad de un demagogo obsesionado por cubrir las apariencias mientras todos los problemas se agravan, la lista de Los Pinos tiene “25 bebidas catalogadas por la Secretaría de Salud (Ssa) como riesgosas” para el cuerpo humano. Se trata de 11 jugos de ocho verduras con alto contenido de sodio y 19 falsos jugos de fruta, elaborados en realidad con soya y saborizantes artificiales, que presentan altas concentraciones de dulce y, según la propia Ssa, explicó Alejandro Calvillo, director de la organización El Poder del Consumidor, “pueden provocar obesidad y diabetes”.

No por nada, México es ya el segundo país con mayor número de personas obesas en el mundo, después de Estados Unidos, cuyos hábitos alimenticios ahora son también los nuestros. Comemos chatarra todos los días y al hacerlo, además de autodestruirnos, multiplicamos la escandalosa riqueza de quienes de tantas otras formas nos humillan. A lo largo del año pasado, por ejemplo, las empresas de la familia Servitje, que monopolizan el mercado del pan de caja y los bizcochos en papel celofán, obtuvieron ganancias por “46 mil 500 millones de pesos”, escribe Miguel Ángel Velázquez en su Ciudad Perdida de ayer.

Pero mientras los “ganadores” de las elecciones de hace dos años continúan despachándose con la cuchara más grande, las consecuencias de sus nefastas políticas se hacen cada día más evidentes. Véase el caso de Sinaloa, entidad que este año, además de la violencia del narcotráfico y la incompetencia y la corrupción de su gobierno local, está resintiendo los estragos del embargo estadunidense al tomate mexicano, al que los inspectores sanitarios del gobierno de Bush acusan de estar contaminado de salmonelosis.

Pues bien, anteayer, en Culiacán, capital del estado tomatero por excelencia, de acuerdo con la nota del corresponsal Javier Valdez Cárdenas, “el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) eliminó la carne de los 57 mil 400 desayunos escolares calientes que distribuye diariamente en zonas marginadas” del estado. Y agrega el reporte: “La presidenta del organismo, Rosalía Camacho, informó que ante el incremento en los precios de los productos de la canasta básica, como carne, res, pescado y pollo, el DIF estatal los sustituirá por soya y vegetales”.

En Sinaloa, agrega la nota, “los precios han registrado un aumento (en algunos casos) cercano a 200 por ciento. El litro de aceite, de la marca más económica, por ejemplo, pasó de ocho a 22 pesos”, mientras el arroz saltó de siete a 14 pesos, el frijol de 15 a 28 pesos y la carne de 70 a 78 pesos; la docena de huevo de 14 a 20 pesos y el jamón de pavo de 90 a 130 pesos. ¿Quiénes pagarán, primero que nadie, el costo de la crisis que Calderón prometió que no vendría? Claro, los niños de las franjas económicas más deprimidas, los que siempre han tenido y están condenados a tener hambre.

¿Qué hacer con los pobres? ¿Para qué alimentarlos con proteínas cuando solitos pueden cebarse con bebidas de soya y edulcorantes que los pongan como Agustín Carstens? En sólo dos cines de la ciudad de México –¿para qué más?– están dando una película que explica muchas cosas: se llama La gran venta, y habla de la privatización de la salud en Filipinas. Hay una imagen que lo dice todo: un hombre agoniza en un hospital de quinta mientras su hijo apachurra una botella de plástico, una y otra vez, para llenarle de aire los pulmones y evitar que se muera. La moraleja es implacable: al planeta le sobran 3 mil millones de personas. La misión de los privatizadores es eliminarlas de la manera más expedita. Si no tienen con qué pagar su residencia en la Tierra, que se vayan: que se pudran.

Y a propósito de la gran venta de Pemex, Conny Arias manda una colección de noticias frescas, cuyos títulos sintetizan muy bien cómo van las cosas. Transcribo: “Atraer inversionistas privados, reto de la reforma energética en México: Greenspan”, “Destaca la prensa el ‘evidente’ interés de España por Pemex”, “Felipe, ‘vasallo de la corona’, califica AMLO”, “Calderón: sólo digo que falta debate técnico”, “Juan Camilo Mouriño prevé que la reforma energética será dictaminada tras los foros de discusión”, “Apoya la IP a Calderón en torno al debate”, etcétera. Sólo cabría agregar: Jesús Reyes Heroles exhorta a los senadores a “hacer su chamba” a más tardar en agosto (durante los Juegos Olímpicos, como no hemos dejado de anticiparlo aquí).

En vía de mientras, mañana, en Puebla, la compañía de Magda Peña invita al “estreno mundial” de El Loro Negro, en el Parque del Triángulo de la ciudad camotera, donde habrá una gran verbena desde las 10 de la mañana, y música a cargo de Shka María Pastora y Tritone Matarraya.

Para comunicarse con esta columna jamastu@gmail.com

 

Luis Javier Garrido

La urgencia

¿Cuál es la prisa del grupo en el poder por entregar Pemex?

1. La propuesta legislativa en materia petrolera con la que Felipe Calderón ha pretendido engañar no tan sólo a los legisladores, sino sobre todo al pueblo mexicano, ha sido evidenciada en los debates de las últimas semanas como violatoria de la Constitución, absolutamente privatizadora, contraria a los intereses del pueblo mexicano y lesiva para la nación, no obstante lo cual el titular espurio del Ejecutivo ha seguido insistiendo con nerviosismo en que debe ser aprobada por el Congreso de la Unión y continúa maquinando con toda la fuerza del Estado tratando de imponerla al país.

2. El nerviosismo de Calderón, lejos de disminuir, se ha exacerbado, pues ahora ya está claro en todos los ámbitos del país que el esquema de “reorganización” de la industria petrolera mexicana preparado por su grupo, lejos de responder a los presupuestos de modernización que se anunciaron corresponden al plan de un grupo de delincuentes de Estado para apropiarse de un patrimonio fundamental de la nación: privatizando abiertamente la refinación, al igual que el transporte, el almacenamiento y la distribución de los productos, manteniendo contratos anticonstitucionales para ceder tareas de exploración y explotación, y creando un régimen de excepción a un Pemex al margen de la legalidad para permitir la entrega a pedazos de la industria.

3. El gobierno de facto no ocultó la urgencia que tenía por acelerar de manera irreversible en 2008 el proceso de privatización de la industria petrolera mexicana, y en consecuencia no ha logrado evitar que se entiendan cuáles son sus principales móviles para ello, los que van desde a) su necesidad de disponer de recursos frescos para lubricar la maquinaria de imposición electoral con vistas a los comicios legislativos de 2009, sobre todo b) ante la incertidumbre de cuál será la composición de la Cámara de Diputados de la 61 Legislatura que se instalará en 2009 y, sobre todo, c) su compromiso de cumplir cuanto antes con los acuerdos tenidos con diversas corporaciones trasnacionales a las cuales se halla vinculado Calderón desde los días del fraude electoral de 2006, en razón de la situación política prevaleciente en Estados Unidos.

4. La urgencia de Mouriño y Calderón por privatizar la industria petrolera mexicana estuvo además determinada desde un principio por las evidencias de que el tiempo jugaría en contra de sus pretensiones de engañar a los mexicanos con una serie de documentos mañosamente redactados y presentados por la propaganda oficial como lo que no eran, pues d) a medida que las iniciativas oficiales fueran discutidas se iría evidenciando su naturaleza, lo que permitiría el crecimiento y la organización del movimiento popular, encabezado por Andrés Manuel López Obrador, como aconteció, pero también, por otra parte, e) la profundización de la discusión en los partidos políticos y en particular en el PRI y en toda la llamada “clase política”, donde Calderón ha creído contar con sus mejores aliados, lo que está ahora sucediendo.

5. Una última explicación que se ha venido dando a la situación actual se halla, por otro lado, en razones síquicas y médicas y atañe al estado personal de quien se asume titular –espurio desde luego– del Ejecutivo, lo que es ya motivo de especulaciones en especial en el sector privado, muchos de cuyos dirigentes se hallan arrepentidos de haber colaborado al fraude para imponerlo, pues Calderón ha fracasado en toda la línea en sus pretensiones y su desfase de la realidad social es cada vez mayor.

6. La insistencia de Felipe Calderón en seguir mintiendo y aseverando que sus iniciativas no son privatizadoras o que no han sido comprendidas no hacen ver más que un desequilibrio y una incapacidad para decidir en asuntos de trascendencia.

7. Esa impaciencia de Calderón por entregar el petróleo de México a las trasnacionales asociadas a la familia Bush deriva, por ejemplo, en buena medida de la urgencia que tiene de retribuir a éstas y a sus protectores republicanos la ayuda financiera que le brindaron en 2006, sobre todo ante la inminente salida de George W. Bush de la Casa Blanca, pues el horizonte que se avecina en Estados Unidos no es claro para la banda de Calderón y de Mouriño, ya que cada vez más se proyecta a nivel internacional su imagen de dirigentes de un grupúsculo corrupto e incompetente.

8. El debate sobre el petróleo y la crisis de la energía está marcando también, por las presiones de las trasnacionales, la campaña presidencial en Estados Unidos, pues mientras el republicano John McCain exige, secundado por Bush, que se levante la prohibición que existe por razones ecológicas para explotar el petróleo en las costas estadunidenses, con el argumento, según ellos, de ya no tener que depender de “regímenes hostiles”, como Irán o Venezuela, el demócrata Barack Obama se opone a esto argumentando que conduciría a la destrucción de la Florida, California y Alaska (El País, 19/6/08). Las motivaciones de tal exigencia son claras, pues provienen de las grandes trasnacionales petroleras de origen estadunidense que, ante las dificultades crecientes que encuentran en el mundo entero para su expansión, pretenden no tener más alternativa que volverse a Estados Unidos.

9. En este escenario de mentiras y engaños, el papel que tienen ahora los legisladores del PRI ha adquirido, por consiguiente, la mayor importancia, de ahí que las especulaciones sobre lo que puede estar pasando sólo puede atajarlas la prudencia a que están obligados para enfrentar el desafío de desechar la propuesta de Calderón e intentar presentar y negociar otra, pues las especulaciones son muchas: la entrevista de Beltrones con el subsecretario Negroponte en Washington esta semana, los posibles acuerdos Salinas-Calderón para exonerar a Raúl de la acusación de narco a cambio de la pérdida de sus fondos en Suiza, los rumores sobre dádivas del gobierno a los legisladores.

10. Las prisas de la mafia de Mouriño y Calderón contrastan en todo caso con la serenidad de los mexicanos, la cual no debe confundir, pues hay ya un amplio movimiento dispuesto a defender el petróleo en manos de la nación como una cuestión fundamental.

 

Objeciones de la memoria
Martí Batres Guadarrama
20 de junio de 2008
 

Presidente legítimo, aunque les duela

 

 

Presidente legítimo, aunque les duela

 

La reciente decisión del Instituto Federal Electoral en el sentido de prohibir la utilización de la frase Presidente legítimo en los espots del PRD y PT confirma varias cosas. Por un lado, que fue una buena decisión del movimiento organizado en la Convención Nacional Democrática haber declarado Presidente legítimo de México a Andrés Manuel López Obrador.

Tal aserto, en efecto, es una forma de resistencia pacífica con una fuerte y efectiva repercusión política que, como revelan algunos analistas políticos, tiene de mal humor y sumido en la frustración a más de uno. Atrás quedó la burla inicial, la descalificación, el no reconocimiento, mas no el encono.

La decisión del IFE confirma también que quien habita en Los Pinos está seguro que no ganó la elección presidencial de 2006. A pesar de que diario se insiste mediáticamente en que Andrés Manuel va para abajo, que ya se cayó, que se derrumbó, a pesar de todo, la citada resolución corrobora que a quien realmente le teme el poder político y económico de México es al ex jefe de gobierno del DF, que sigue siendo su principal motivo de preocupación. Es su obsesión, el factor político que les quita el sueño.

Ahora bien, lo acordado en el IFE evidencia que de nada sirvió cambiar a los consejeros del instituto. Leonardo Valdés es lo mismo que Luis Carlos Ugalde. Está al servicio de los intereses del gobierno federal, del PRI y el PAN. Su objetivo fundamental, al frente del organismo, es afectar a las fuerzas políticas que representan a la izquierda. Así, se prepara para quemar la boletas electorales de 2006 y con resoluciones como ésta muestra que no tiene interés alguno en garantizar imparcialidad, menos transparencia. En suma, es la misma gata sin revolcar.

Por cierto, hoy Acción Nacional se dice preocupado y ofendido porque el Presidente legítimo lastima el prestigio de la institución presidencial. Llama la atención cómo durante todo el sexenio pasado se quedaron calladitos cuando Vicente Fox hablaba de la “pareja presidencial” y con ello cedía 50 por ciento de la Presidencia a su esposa Marta Sahagún, por la cual nadie votó pero que en realidad ejercía mando.

¿Dónde estaba entonces el reclamo del PAN, la queja, las acciones legales? Frente a ello —empezando por el propio Calderón y Germán Martínez— el PAN no dijo nada. Y entonces sí que se vulneró, maltrató y pisoteó la institución presidencial por parte de un par de panistas.
Finalmente, lo cierto es que entre la gente de abajo, en las calles, pueblos y capitales, en muchos espacios de la sociedad, para la historia misma, Andrés Manuel López Obrador seguirá siendo el Presidente legítimo de México.

QUE NO TE HAGAN BOLAS, EL PRESIDENTE LEGÍTIMO DE MÉXICO ES SOLO UNO: EL LIC. ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR.

QUE NO TE HAGAN BOLAS, EL PRESIDENTE LEGÍTIMO DE MÉXICO ES SOLO UNO: EL LIC. ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR.

■ Los panistas, desesperados por borrar las huellas del fraude, señala

Entonces, “¿donde está el otro, qué se hizo, existe?”, responde López Obrador

Alma E. Muñoz (Enviada)

Coyotepec, Mex., 18 de junio. En respuesta a lo resuelto por el Instituto Federal Electoral (IFE), Andrés Manuel López Obrador señaló: “el PAN presentó una demanda para que no me llamen más ‘presidente legítimo’. Pues ya cometieron un gran error, porque ya no va haber presidente de México. ¿Dónde está el otro? ¿Qué se hizo? ¿Existe otro presidente?”, preguntó.

Bueno, sí aparece, dijo en referencia a Felipe Calderón, pero “es como si no existiera. No sirve para nada”. Aparte de “pelele, resultó inepto. No puede manejar las cosas que tienen que ver con el país”, manifestó tras cuestionarle, además, el anuncio que realizó este miércoles de congelar precios de productos de primera necesidad.

Calderón, insistió, “anda desaparecido. Debajo de la cama o no sé donde se mete ése que no ganó la Presidencia de la República”, señaló el ex candidato presidencial en reunión con brigadistas del Movimiento Nacional en Defensa del Petróleo.

La resolución del IFE demuestra, señaló, “la intolerancia y además el nerviosismo” de los panistas, cuyo siguiente paso será la quema de las boletas electorales de 2006. “Están intentando desaparecer toda la paquetería, no quieren dejar huella, porque saben que la gente ya sabe que no ganaron la Presidencia”.

Resulta absurdo, resaltó, que por mayoría los consejeros electorales “tomen una resolución de este tipo”. Pero todo, apuntó el ex jefe de Gobierno capitalino, “ha sido una farsa; ellos (en el gobierno) saben bien que cometieron un fraude electoral, del que el IFE fue parte, y el tribunal electoral y (la mayoría de) los medios de comunicación fueron cómplices”.

Con el mandato del IFE al PRD y al PT para que retiren de sus mensajes la frase “presidente legítimo de México”, sentenció, “no van a resolver nada”. En el gobierno, remató, “andan muy desesperados porque no pueden”.

A lo largo de una gira que realizó por Tecámac, Zumpango, Coyotepec, Nicolás Romero y Naucalpan –en ese orden–, López Obrador reiteró su crítica a los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación por rechazar los amparos contra las reformas a la Ley del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado.

“Cuando dije al diablo con sus instituciones se molestaron mucho, pero ha quedado claro que la Suprema Corte está secuestrada, al servicio de los potentados, que en la Presidencia pusieron a un pelele, a Calderón”.

En referencia al panista, remató: “está muy nervioso, cada vez suda más porque sabe que es un traidorzuelo”.

Los ministros, continuó, son “de lo más conservadores y derechistas… Puede ser que resuelvan algún asunto menor, pero cuando se trata de proteger privilegios siempre ven para arriba”. Afirmó: “tenemos que limpiar las instituciones que están al servicio de una minoría”, y cuestionó que el gobierno se haya convertido “en un comité al servicio de unos cuantos”.

También habló del anuncio de Calderón de congelar precios. Advirtió que dicha medida “no va a dar resultado. Es un anuncio espectacular y demagógico, porque se hace después de que ya subieron los precios al doble”. La problemática, insistió, “no se resuelve con un anuncio en la televisión, con un acuerdo con la Concamin o por decreto”.

Eso, continuó, “no funciona. La ley más importante de la economía es la de la oferta y la demanda”. Y si no se produce en México se tienen que comprar alimentos afuera, cuando hay una crisis mundial. Este año el gobierno destinará 5 mil millones de dólares para esa compra cuando, manifestó, con ese dinero, y hasta con menos, “se podría lograr la autosuficiencia alimentaria y permitir un control de precios”.

 

ARTÍCULOS DE JAIME ORNELAS DELGADO, DE OCTAVIO RODRÍGUEZ ARAUJO Y DE CUAUHTÉMOC CARDENAS

ARTÍCULOS DE JAIME ORNELAS DELGADO, DE OCTAVIO RODRÍGUEZ ARAUJO Y DE CUAUHTÉMOC CARDENAS

TENDAJÓN MIXTO  

La contraofensiva neoliberal

 
 
Jaime Ornelas Delgado

Una vez pasada la euforia provocada por la transición democrática –el paso de los gobiernos dictatoriales encabezados por militares a regímenes basados en la democracia representativa–, en América Latina comenzó un periodo de lucha contra el neoliberalismo y su democracia de mercado que ya tiene su historia con distintas fases que van desde la resistencia inicial hasta la construcción de alternativas políticas de ruptura y, recientemente, el comienzo de la contraofensiva de la derecha.

La resistencia de los zapatistas, de los “sin tierra”, la lucha de los intelectuales contra el pensamiento único y los postulados del Consenso de Washington, los foros sociales mundiales, que desde 2001 convocan a la construcción de “otro mundo posible”, o las marchas de Seatle y Cancún contra la Organización Mundial de Comercio, fueron forjando un poderoso movimiento popular que pasó de la resistencia a la ofensiva que resquebrajó la hegemonía neoliberal construida desde Pinochet y Videla y consolidada por los Cardoso, los Menem, Fujimori, Carlos Andrés Pérez y Carlos Salinas.

El primer hecho que mostró que la de la resistencia se pasaba a la ofensiva, fue el triunfo electoral Hugo Chávez en 1998; más tarde la victoria de Lula en 2002 dio mayor impulso a la ofensiva electoral del movimiento popular; el triunfo de Kirchner en 2003 mostró que sí era posible derrotar a los aparatos políticos e ideológicos del neoliberalismo y los resabios de una larga y sangrienta dictadura; Tabaré Vázquez triunfa en Uruguay en 2004; Daniel Ortega en 2006 en Nicaragua y recientemente, en Paraguay, la victoria de Fernando Lugo mostró que sigue en ascenso el impulso popular frente al neoliberalismo. Todos estos triunfos, conviene recordarlo, se produjeron como alternativa a las propuestas de gobiernos ortodoxamente neoliberales.

Particularmente los triunfos electorales de Evo Morales (2005) y de Rafael Correa (2006) en países con abundante población indígena, así como el lanzamiento de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba), la creación del Banco del Sur y la adhesión de Venezuela y Bolivia al Mercosur, dieron contornos más amplios y un eje de lucha a los gobiernos que enfrentados al neoliberalismo comenzaron a construir modelos de ruptura sustentados en la integración regional sin Estados Unidos y el rescate de los recursos naturales así como  el uso de la renta proveniente de ellos para reforzar las transformaciones económicas, políticas y sociales orientadas a la construcción de una sociedad distinta a la neoliberal.

Por su parte, los grupos neoliberales y socialdemócratas que se adhirieron a él pasaron de la derrota política, ideológica y electoral a la ofensiva, utilizando los aparatos económicos y mediáticos que aún conservan como expresión de su poder.

Esta contraofensiva asume formas distintas según el país donde se lleve a cabo pero tiene como directriz la crítica a la presencia del Estado en la actividad económica y a sus acciones de rescate de la soberanía nacional en la explotación de los recursos naturales o haciendo énfasis en la corrupción, siempre centrada en el gobierno y nunca en el sector privado; de la misma manea, en donde pueden provocan el desabasto y promueven la autonomía de los gobiernos regionales destruyendo la unidad nacional y defienden la “libertad de expresión” como privilegio de los monopolios mediáticos que siguen sus campañas de odio y calumnias contra el movimiento popular, sus dirigentes y los gobiernos que emanan de ellos.

Por supuesto, la ofensiva neoliberal se sustenta también en la oposición a cualquier intento de reforma agraria, a los cambios constitucionales que traten de abrir cauces más anchos a la democracia y, por supuesto, se oponen a las nacionalizaciones pues prefieren siempre a la inversión privada, “aunque sea nacional” dirán resignados, a cualquier forma de participación estatal.

Esos son, en general, los ejes de las acciones de la derecha que se sustentan en la complacencia ante al capitalismo al que consideran esencialmente desigual y que no es posible cambiarlo, por lo que resulta una ilusión de la izquierda pretender la distribución de la riqueza, el ingreso y el poder. En consecuencia, concluyen, es mejor dejar las cosas como están sólo tratando de que la desigualdad no llegue a extremos que ponga en riesgo la estabilidad que requiere la acumulación de capital.

Enemiga de la distribución, la derecha parte de la vieja tesis de los economistas neoclásicos: lo fundamental es crecer antes que distribuir. Esta es, sostienen que el desarrollo es solo crecimiento ya que si se distribuye la riqueza actual quienes la concentraban pierden –y con ellos la sociedad– capacidad de ahorro y sin ahorro no hay inversión y, en consecuencia, no se generan empleos. Esto, sencillamente, significa que para que haya ahorro, inversión empleo y desarrollo, es preciso empobrecer a la mayoría para que la minoría ahorre e invierta. Además, para eso se necesita estabilidad o que cambie lo necesario para que todo siga igual.

 

Octavio Rodríguez Araujo

Calderón, otra vez cuestionado

José Antonio Crespo nos ha brindado un conjunto de elementos objetivos que reviven la certidumbre del fraude electoral de la elección presidencial de 2006. Muy recientemente publicó en la editorial Debate un libro de 236 páginas titulado 2006: hablan las actas. Las debilidades de la autoridad electoral mexicana. Él aclara que las irregularidades que analizó en las actas no le dan automáticamente el triunfo a López Obrador, pero que tampoco se lo dan a Calderón. La única forma en que esas grandes dudas podían haber sido despejadas hubiera sido contar todos los votos como se ha demandado no sólo por la coalición Por el Bien de Todos (PRD-PT y Convergencia), sino por entidades y personas no involucradas directamente con ningún partido.

Calderón no quiso que se contaran todos los votos, el IFE tampoco y, por si no hubiera sido suficiente, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) también se negó a ese recuento. Y no sólo a tomar en cuenta todos los votos, sino que también se negó a revisar todas las actas que denotaban inconsistencias, así como el contenido de los paquetes electorales correspondientes a esas mismas actas. La tarea que realizó Crespo fue, muy probablemente, ardua y aburrida, pero la llevó a cabo sabiendo que su hipótesis principal sería comprobada, es decir, que encontraría tal cantidad de errores e inconsistencias aritméticas que rebasarían por mucho la diferencia de votos supuestamente habida entre Calderón Hinojosa y López Obrador.

La comprobación de Crespo fue que los errores detectados en las actas eran suficientes para afectar el resultado total en el país (lo que debió tomar en cuenta el TEPJF) y que el principio de certeza no se había garantizado. En pocas palabras, el tribunal electoral tuvo en sus manos la posibilidad de demostrar y de exhibir que la elección estaba plagada de errores e inconsistencias y que, por lo mismo, no había certeza absoluta en los resultados oficiales ni en el triunfo de Calderón. No lo hizo, por lo que una vez más se puede afirmar que dicho tribunal actuó sesgadamente, quizá con dolo y, desde luego, en oposición a la verdad que casi todo mundo demandaba.

¿Cómo debe interpretarse que hubiera muchos más votos irregulares (siempre de acuerdo con las actas analizadas por Crespo) que la ventaja supuesta de Calderón sobre su principal contrincante en 2006 (y todavía ahora)? El autor de 2006: hablan las actas... revisó la mitad de éstas, correspondientes a la mitad de los distritos electorales. Y en este ejercicio descubrió más de 300 mil errores que revelan la misma cantidad de votos alterados. Si hubiera revisado el total de las actas, mínimo hubiera encontrado el doble, es decir, más de 600 mil votos registrados irregularmente, casi tres veces más que la diferencia de sufragios entre los dos principales contendientes presidenciales según los trucados resultados oficiales.

La conclusión que el lector de Crespo puede extraer con facilidad, si es tan objetivo como el autor del libro comentado, es que Calderón no ganó la elección o, en el mejor de los casos, que no podría ni podrá comprobar su cuestionado triunfo.

Esto ya lo sabíamos y lo sabemos los que analizamos desde la noche de la elección el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) y las siguientes acciones y omisiones del presidente del IFE, de la televisión comercial y de los voceros oficiales y oficiosos del conservadurismo mexicano. Pero como muchos de los que demostramos esas irregularidades cometimos “el pecado” de pronunciarnos en favor del triunfo de López Obrador, fuimos ignorados. No podrá ser el caso de José Antonio Crespo, ya que él no ha sido ni es simpatizante de López Obrador, aunque tampoco, justo es decirlo, de Calderón.

La aportación de Crespo revive el debate sobre el fraude electoral de 2006 y sobre la legitimidad de Calderón como presidente de México, pero también es una publicación muy oportuna, pues en este momento FCH y su partido están a la baja, colocados en segundo lugar después del PRI sin que este partido haya hecho nada especial por recuperar su primer lugar perdido desde el 2000.

El tribunal electoral tuvo en sus manos la posibilidad de atender la lógica demanda de un conteo total de los votos, pero se negó, “concediendo” que se abriera 9.07 por ciento de la paquetería electoral y, con base en el conteo de esta “muestra” (sin validez estadística), resolvió que la diferencia de Calderón sobre López Obrador había sido de 0.56 por ciento. El TEPJF fue la última instancia del que he llamado golpe de Estado ex ante, y cometió deliberadamente dos errores inaceptables para cualquier jurista: considerar cada una de las posibles causales de nulidad de las elecciones sin relacionarlas con el conjunto, y negarse al conteo de todos los votos. Lo que hizo no sólo fue deliberado, sino un abuso de su poder, ya que cualquier cosa que dictaminara sería la última voz legalmente permitida y, además, inatacable. Un tercer error, de esencia no jurídica, fue forzar la lógica en favor de la consigna que recibieron los magistrados (y quizá por ofertas que no pudieron resistir): si dijeron que cada uno de los elementos “analizados” no era determinante en la elección, igualmente podrían haber dicho lo contrario: que sí era determinante, pues así como no probaron sus recurrentes y ocurrentes conclusiones, tampoco tenían que probar lo contrario. Pero Crespo se encarga de demostrar, casi dos años después (nunca es tarde) que el TEPJF hizo lo que hizo para que las actas no hablaran y poder encubrir la truculencia electoral de 2006.

Con Crespo las actas hablaron, falta saber qué dirían los votos contenidos en los paquetes electorales antes de que sean destruidos. El simple hecho de que los del poder institucional no permitan que se cuenten todos los votos es suficientemente revelador del fraude. Si Calderón supiera que contando todos los votos se demostraría que ganó, ya se hubieran contado. Calderón no ganó.

 

Cuauhtémoc Cárdenas

Política petrolera (una respuesta)

El viaje del titular del Ejecutivo a España ha estado lleno de declaraciones, las cuales han presentado una visión totalmente equivocada sobre los foros para tratar cuestiones petroleras, convocados por el Senado de la República.

Primero, debe decirse que la propuesta hecha por el mandatario no es propiamente sobre la política petrolera, como parecería desprenderse de sus declaraciones, sino que se trata de seis iniciativas: cinco de reforma a varias leyes y una para la creación de una comisión. En ningún caso, entonces, ni en México ni en España, ha hecho pública alguna propuesta sobre políticas petroleras, es decir, el programa de trabajo o plan de desarrollo de dicha industria, a partir de lo cual pudieran discutirse sus criterios o planteamientos técnicos, económicos, financieros o de tiempos que, por otro lado, en varias de las presentaciones en el Senado y en otros foros celebrados en otras instituciones se han estado tocando.

El gobierno parece no darse cuenta de que una cosa son las iniciativas de ley para cambiar el marco regulatorio de la industria petrolera, y otra, muy distinta, las ideas o las propuestas a ejecutar –obras, inversiones, volúmenes de producción, medidas de integración productiva, esquemas de gestión, etcétera– para reactivar y desarrollar la industria petrolera, aun cuando unas y otras estén relacionadas a la hora de llevar las segundas a la práctica.

El titular del Ejecutivo ha expresado: “no se han disputado elementos centrales de mi propuesta”. Se equivoca. Ha sido una constante en varios foros señalar, por ejemplo, la anticonstitucionalidad que contienen varias de sus iniciativas, entre ellas, y de manera destacada, la referente a la ley reglamentaria del artículo 27 constitucional en el ramo del petróleo.

De aprobarse el artículo 4° de esta iniciativa, abriría el paso franco a la violación de la Carta Magna, pues permitiría la inversión de particulares en áreas de la industria petrolera reservadas de manera exclusiva a la nación. Dice el texto de este artículo: “Petróleos Mexicanos, sus organismos subsidiarios y los sectores social y privado, previo permiso, podrán realizar las actividades de transporte, almacenamiento y distribución de gas, de los productos que se obtengan de la refinación de petróleo y de petroquímicos básicos”, y continúa: “Petróleos Mexicanos y sus organismos subsidiarios podrán contratar con terceros los servicios de refinación de petróleo”.

De acuerdo con el 27 constitucional, el Estado está impedido, desautorizado, para contratar o dar concesiones a personas, físicas o morales, para que, tratándose del petróleo y los hidrocarburos, inviertan en las actividades de esa industria en las que por disposición de la propia Constitución sólo tiene cabida la nación.

En el artículo 2° de la propia iniciativa se pretende incorporar expresamente la categoría, hasta ahora inexistente en la ley vigente, de áreas estratégicas en la industria petrolera, para diferenciarlas de aquellas hasta hoy reservadas, en las que, pretende el gobierno, pudiera aceptarse la inversión privada, que son la exploración, la explotación, la refinación, la elaboración, el transporte, el almacenamiento, la distribución y las ventas de primera mano del petróleo y los productos de su refinación, el gas y los denominados petroquímicos básicos, que en conjunto integran lo que la ley vigente define en su artículo 3° como la industria petrolera, aquella reservada en exclusiva a la nación.

En el artículo 11, apartado III, se propone facultar a la Secretaría de Energía para que regule, por una parte, actividades estratégicas y, por otra, actividades en este caso de nueva aparición, a las que llama permisionadas, que se separarían de las ahora reservadas a la nación para abrirse a inversionistas privados. De llegarse a aprobar esta diferenciación dentro de la industria petrolera, la acción pública acabaría por quedar reducida a la extracción.

Una violación potencial más a la Constitución se encuentra en la eventual aprobación del artículo 46 de la iniciativa de nueva ley orgánica de Petróleos Mexicanos. Dice su texto que Pemex podrá celebrar contratos “sujetos al buen desempeño y generación de resultados”, en los que “se pacte una remuneración fija o variable, determinada o determinable, con base en las obras y servicios especificados al momento de la contratación o que el desarrollo del proyecto exija con posterioridad”, y que “Petróleos Mexicanos podrá pactar incentivos tendentes a maximizar la eficiencia o el éxito de la obra o servicio”, es decir, contratos que la iniciativa llama de desempeño, que no serían otra cosa que de riesgo, cuyo pago se vincula a los resultados obtenidos –pago nulo en caso de cero resultados o un porcentaje pactado de la producción obtenida–, prohibidos expresamente por nuestras leyes.

Para terminar con el asunto de las violaciones constitucionales que entrañaría la aprobación de las iniciativas del gobierno tal como fueron enviadas al Congreso, habrá que decir que en la propuesta de reforma a la Ley Federal de Derechos, en su artículo 257 quáter, se considera aprobada ya la apertura a la inversión privada en los trabajos de exploración y explotación en aguas profundas, y de la iniciativa de ley que crearía la Comisión del Petróleo, podría desprenderse que hubiera concesionarios de la explotación distintos a Pemex, lo que prohíbe la ley en vigor.

La Ley reglamentaria del artículo 27 constitucional en el ramo del petróleo no debe reformarse. Debe mantenerse como está y rechazarse la iniciativa presentada por el Ejecutivo al Senado. Los contratos de desempeño o incentivados, que son de riesgo, no caben en la ley, así como tampoco la apertura a intereses particulares de los trabajos en aguas profundas.

El gobierno, que de acuerdo con el conjunto de iniciativas de ley que ha enviado al Congreso, se muestra urgido por entregar a inversionistas privados la explotación en aguas profundas, la refinación, el transporte, el almacenamiento y la distribución de petróleo, gas y petroquímicos básicos, no se atreve a presentar con franqueza a la nación una propuesta de reformas constitucionales, y es por eso que se mueve por vericuetos legaloides, buscando complacer a inversionistas privados e intereses de dentro y fuera que pretenden una industria petrolera mexicana plenamente a su servicio.

Los de dentro, para beneficiarse con las utilidades que genera la industria del petróleo, áreas de la cual –de aprobarse las iniciativas oficiales– se les entregarían de manera privilegiada para manejarlas de acuerdo con sus particulares intereses. Los de fuera, que son básicamente los de los grandes negocios petroleros estadunidenses, para que nuestros hidrocarburos sigan contribuyendo a sostener su economía bélica y de dispendio energético, para asegurarse suministros cercanos, para seguir beneficiándose de los mercados mexicanos altamente lucrativos que se les han entregado y los que evidentemente no quieren perder, como los de los combustibles y los fertilizantes. Y en todo esto, no deben faltar jugosas comisiones, evidentemente no declaradas, para quienes en el pasado y en el presente han tomado o puedan tomar las grandes decisiones sobre la política petrolera.

Ahora bien, independientemente de la pretensión del gobierno de modificar el marco regulatorio de la industria petrolera admitiendo y alentando violaciones flagrantes a la Constitución, de aceptarse a inversionistas privados en las áreas que están reservadas en exclusiva a la nación, se provocaría el rompimiento de las cadenas productivas en una industria que ofrece los mejores resultados, tanto técnicos como económicos, cuando opera con la mayor integración posible y cuando, evidentemente, abastece mercados con la mayor amplitud posible.

Por ejemplo, de abrirse la posibilidad al transporte por ductos de propiedad y gestión privada, un sistema circulatorio energético que corre por todo el país podría manejarse con dos o más criterios distintos, incluso válidos desde los respectivos puntos de vista, pero contrapuestos en función de sus objetivos finales, que en el caso del sistema de ductos de Pemex, además de su eficiencia operativa, no debieran ser otros que el abasto suficiente y oportuno de petrolíferos a todo el país, independientemente del lucro que pudiera representar.

En el caso de la refinación, para dar otro ejemplo, es obvio que para un maquilador particular no sería aceptable el tratamiento que se da a la subsidiaria Pemex Refinación. A ésta se le entrega el petróleo al precio corriente internacionalmente –hoy en el orden de 130 dólares por barril de crudo– y la Secretaría de Hacienda le fija el valor a que debe vender los refinados, muy por debajo de costos internacionales, con lo que se hace operar a esta subsidiaria obligadamente con pérdidas. Un particular recibiría el crudo y entregaría a Pemex los combustibles sin que le importaran los precios de uno y otros, pues simplemente se le pagarían entre 16 y 20 dólares por barril maquilado en su refinería, lo que constituiría un negocio altamente lucrativo y más que seguro. Si a Pemex Refinación se le tratara como se pretende hacer con los particulares, sería una de las subsidiarias de Pemex con utilidades mayores y aseguradas.

La cesión de estas actividades a inversionistas privados, por otro lado, iría en contra de las tendencias que se observan en las grandes petroleras mundiales, privadas y públicas, que es la de tratar de integrarse productivamente lo más posible, operar en toda la cadena productiva con criterios y, sobre todo, con intereses comunes, y no al revés, como parece que pretende hoy el gobierno mexicano.

* * *

Recientemente también, el titular del Ejecutivo ha declarado que “la controversia ha estado más bien en los planos ideológico y político, pero en el plano técnico y de los hechos que busca la reforma, no ha habido realmente una polémica”.

Desde luego, todo lo que se ha estado expresando en los foros sobre el petróleo, al igual que las iniciativas del Ejecutivo, parten de las concepciones ideológicas y las posiciones políticas de las personas que elaboraron las iniciativas y de aquellas que en los foros hemos manifestado nuestras opiniones sobre los diferentes temas tratados. No podría ser de otra manera.

Ahora bien, debe destacarse que fuera de las seis iniciativas, es el gobierno el que no ha tenido propuesta en los terrenos técnicos y económicos, salvo expresiones de que con los cambios del marco regulatorio de la industria petrolera, como por arte de magia –sin precisar actividades, ni menos inversiones requeridas, fuentes de éstas, y tiempos– se tendría una industria petrolera reactivada y en expansión. Y debe agregarse que el gobierno no ha dado pie para la discusión técnica sobre la programación de corto, mediano y largo plazos en la industria petrolera, de las actividades a realizar, de sus fuentes de financiamiento, de sus tiempos de ejecución; de todo ello ni una palabra.

El titular del Ejecutivo declaró en España que si se aprueba su iniciativa de reformas, México podría convertirse en el cuarto productor mundial de petróleo –frente al sexto lugar que ahora ocupa–, que se elevaría la producción de gas y de petróleo, que aumentarían las reservas probadas de nueve a por lo menos 40 años más y que permitiría producir toda la gasolina que necesita el país y reducir su importación.

Declarar lo anterior no es entrar al debate técnico-económico. Es una profesión de fe, a la que no se le da sustento material alguno, ya sea político, técnico o financiero. Es más, aun aceptando que se tratara de una manifestación de intenciones, ésta en particular, de llevarse a la práctica, resultaría en un grave riesgo para el futuro de México y los mexicanos.

Y si por técnico se entiende hablar de cifras, empecemos con algunas.

El titular del Ejecutivo pretende que México aumente su producción de petróleo y gas, aunque no dice en qué cantidades. Me parece que orientar los trabajos de Pemex en ese sentido sería altamente riesgoso para el país.

Elevar la extracción de hidrocarburos representaría que la actual reserva probada se agotara en un tiempo más corto de los nueve años de vida que ahora se le estiman, o los 40 años de que ha hablado el titular del Ejecutivo, porque se incrementará la actividad exploratoria y con ello el volumen de las reservas probadas se acortará.

La plataforma de producción de los años recientes se sitúa en el orden de 3 millones de barriles diarios. En estas condiciones ahora se tienen reservas probadas para nueve años. Si se convirtieran en probadas las reservas calificadas como probables y posibles, se llegaría a un total de 44 mil 500 millones de barriles, que manteniendo los ritmos de explotación actuales darían para el abasto de unos 30 años. Si aumenta la extracción, como pretende el titular del Ejecutivo, esos 30 años, los años de la actual generación joven, se harían menos y estarían agotadas todas las reservas, las ahora probadas, las probables y las posibles.

El consumo nacional demanda un millón 700 mil barriles diarios. El resto, un millón 300 mil, se exporta sin que se le agregue valor mediante su transformación industrial en refinados y petroquímicos, sin generar empleos en el país, sin impactar en otras actividades económicas ni en el desarrollo regional.

Una política inteligente sería agregar valor al producto extraído de la tierra y, por tanto, ir disminuyendo gradualmente, hasta eliminar, la exportación de crudo, industrializarlo en el país, satisfacer las demandas internas de combustibles y otros petrolíferos y exportar principalmente petroquímicos.

Una decisión en ese sentido llevaría a no dejar que la Secretaría de Hacienda, con sólo criterios fiscales, siga fijando en la práctica, y más allá de lo formal, la plataforma de explotación. Ésta debiera ser una función del Congreso, del Senado en particular, pues es con base en esta cifra y en la relación que debe existir entre los volúmenes de extracción y de reservas probadas, de donde debiera partir el diseño de la política petrolera. La plataforma de explotación no debiera elevarse porque se crea, irracionalmente, sin argumentar razones, porque se tengan ganas o, lo más probable, para complacer al extranjero, que México pase de ser el sexto productor mundial a ocupar el cuarto lugar, en el que estaría mientras más rápido agota las reservas. Ésa podría ser una decisión funesta para los mexicanos de ahora y del mañana.

Y si para aumentar la explotación el gobierno está pensando en los recursos prospectivos, esto es, los que se supone existen con un volumen de 53 mil 800 millones de barriles, 55 por ciento en aguas profundas y ultraprofundas del Golfo de México, y el resto en tierra y en aguas someras, pero que todavía no se descubren y menos aún se cuantifican con precisión por haberse ya explorado mediante la perforación de los pozos necesarios para ello, sería una insensatez basar hoy el aumento de la explotación en las inciertas probabilidades que hasta este momento ofrecen los depósitos en aguas profundas, de los que para obtener producción, a partir de que se inicie su exploración, deben transcurrir entre ocho y 10 años por lo menos.

Plantear una política petrolera, la que hoy demanda nuestro país, es hablar de muchas cosas más. El gobierno, insisto en ello, poco nos ha dicho al respecto.

En marzo pasado, la Secretaría de Energía hizo público un diagnóstico sobre Petróleos Mexicanos (Pemex). En ese documento la dependencia presenta una visión tendenciosa, alarmista y catastrófica del organismo y las actividades que realiza, destacando supuestas insuficiencias y carencias en su capacidad de ejecución, falta de recursos para invertir e indisponibilidad de tecnologías para el trabajo en aguas profundas. Son argumentos sin sustento, que caen por su propio peso.

El diagnóstico no dimensiona la capacidad de ejecución de la que supuestamente carece Pemex, ni las áreas de la industria en las que considera se presentan los déficit en este aspecto; tampoco señala la magnitud y origen de los recursos necesarios para realizar lo que supuestamente hace falta y sólo hace ver que Pemex no cuenta con recursos y que se requeriría de créditos o de inversiones de particulares para sacar adelante a la industria, y tampoco precisa cuáles son las tecnologías con las que no cuenta y a las que debe acceder Pemex para trabajar aguas profundas.

Debe aclararse que los trabajos en aguas profundas no se realizan a partir de tecnologías patentadas o de fórmulas que se apliquen con carácter universal. Cada proyecto reclama un diseño y una ejecución particulares. Sin tener acceso a las tecnologías, según el gobierno, Pemex, reconocido así por el propio gobierno, ya ha realizado la perforación de siete pozos en aguas profundas, además de que ha ordenado la construcción de varios equipos para realizar trabajo en esas aguas. Por otro lado, Pemex ha solicitado a la Secretaría de Energía permisos para llevar a cabo el reconocimiento y exploración superficial en el área del Cinturón Plegado Perdido y de la llamada región B del Golfo de México, en una superficie de 514 mil 370 kilómetros cuadrados, con tirantes de agua que van de los 300 hasta los 3 mil 500 metros, esto es, estudios a realizar dentro de la zona económica de México y en el polígono de alta mar oriental de aguas internacionales, que limitan con Estados Unidos y Cuba. O sea que viendo todo esto, Pemex, en contradicción con lo que señala el diagnóstico de la Secretaría de Energía, sí cuenta con las tecnologías para desarrollar trabajos en aguas profundas y ultraprofundas.

El diagnóstico también hace referencia a que existen rezagos en la industria petrolera. Ha sido frecuente escuchar de altos funcionarios de la administración que inversiones que se hicieron y se hacen en el extranjero para abastecer mercados mexicanos generan empleos y derramas económicas en otros países en vez de hacerlo en el nuestro. Desde luego que existen rezagos, es ésa una de las consecuencias de tres décadas de políticas antinacionales, años transcurridos sin que se construya una sola refinería en nuestro territorio, a pesar de tenerse conciencia de que aumentaba día a día la necesidad de importar refinados. Rezagos equivalentes se encuentran en materia de exploración y reposición de reservas, en el mantenimiento y extensión de las redes de ductos, en las terminales de almacenamiento, las plantas petroquímicas y en toda la industria estatal. Ese abandono ha sido intencionado. Se prefirió ceder mercados muy lucrativos, que pudo haber cubierto la industria estatal de haber sido favorecida como lo han sido productores extranjeros. Se ha aplicado concienzudamente la estrategia ordenada a los más recientes gobiernos del país por organismos financieros internacionales, de poner a Pemex “a punto de privatización”. Y las más recientes administraciones han sido obedientes y en extremo eficientes en ello.

Un primer paso para recuperar la industria petrolera para el país debiera ser el de enmarcar las asignaciones presupuestales de Pemex en criterios técnicos, económicos y estratégicos para su modernización y expansión, y no seguir dejando que la política petrolera la decida la Secretaría de Hacienda, en función sólo de maximizar la aportación de Pemex a los ingresos fiscales que recauda el gobierno. Esto es, conceder efectiva autonomía presupuestal y de gestión a Pemex, de modo que esté en capacidad de desarrollar una política de precios competitiva y de tener acceso, como cualquier entidad productiva, al mercado de capitales.

Si, en el caso de los precios, el gobierno decide que ciertos productos se subsidien, los subsidios debieran correr por cuenta del propio gobierno federal como tal y no cargarlos a los recursos de la entidad productiva, Pemex en este caso.

La decisión de otorgar autonomía presupuestal a Pemex debiera ir acompañada de las instrucciones, decretos o en su caso iniciativas de ley del titular del Ejecutivo para que la deuda que se ha obligado a contraer a la paraestatal con el esquema de pidiregas, sea absorbida por la Secretaría de Hacienda, para hacer con ello efectiva esa autonomía y liberar a Pemex de un lastre financiero que la coartaría. Una decisión en este sentido sería una muestra de voluntad del Ejecutivo por realmente conceder autonomía al organismo y muestra también de la decisión de arrancarlo del estrangulamiento al que lo tiene sometido Hacienda.

Una política sana, por otra parte, sería la de buscar que Pemex financiara sus actividades, principalmente, a partir de los ingresos que genera. No puede aceptarse que no haya habido, no hay y no habrá dinero, cuando se está viendo que en los años recientes el excedente petrolero ha ido de 10 mil a 18 mil millones de dólares y que este año seguramente rebasará los 20 o 25 mil. Con una cifra mucho menor que ésa se pueden construir las refinerías que evitarían una fuerte sangría económica al país, que este año rondará los 20 mil millones de dólares, cubrir además el pasivo de mantenimiento, estimado por el director general de Pemex en 3 mil millones de dólares, y hacer muchas cosas más, pues con precios altos del crudo que se prevén aun para años próximos, de liberar esos excedentes a Pemex, se le liberaría de problemas, carencias e insuficiencias.

Y en función de recursos y concretamente en materia de legislación, debiera preverse como parte de la decisión de dar autonomía presupuestal y de gestión a Pemex, que en la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria se estableciera que los llamados excedentes petroleros –la diferencia entre el precio del barril de crudo estimado en el presupuesto federal y el precio efectivo de venta–, que al hacer efectiva la autonomía debieran desaparecer como tales para ser sustituidos conceptualmente por utilidades o pérdidas, quedaran a disposición del organismo, para invertirlos en los programas que se le autoricen; y preverse asimismo que en la Ley de Ingresos no se le imponga la obligación de congelar el llamado superávit primario, que sólo en lo que corresponde a este año ascenderá a unos 15 mil millones de dólares y, desde luego, decidirse a ir al fondo, que es la realización de una verdadera reforma fiscal, que despetrolice las finanzas públicas y establezca como principal fuente de recursos públicos los impuestos que se recauden de las personas físicas y morales que obtienen los ingresos más elevados en el país.

Una nueva política, patriótica y racional, debiera llevar a Petróleos Mexicanos y a la industria petrolera a recuperar el papel de impulsores del crecimiento económico y la industrialización, de motores de la formación de capital nacional, proveedores de energéticos baratos para la economía del país, de contribuyentes a una balanza de pagos sana, convirtiendo a Pemex, con esa visión, en un ente productivo de alcances globales, que obtuviera sus ingresos principales de la venta de productos con alto valor agregado, tecnología y capacidad empresarial.

Para ello, nuestra industria petrolera no debe seguirse desarrollando como en las décadas recientes, en función de un solo objetivo prioritario, que ha sido producir crudo, sujeta a los intereses políticos coyunturales de la Secretaría de Hacienda. Por eso, al mismo tiempo que se revisa la legislación en la materia, como sucede actualmente, debe procederse a la elaboración de un plan de desarrollo de Petróleos Mexicanos, de la industria petrolera y del sector energético en su conjunto, de corto, mediano y largo plazos, que considere actividades debidamente dimensionadas, recursos necesarios y sus fuentes, así como los tiempos de ejecución, que fuera aprobado por el Senado y al que éste supervisara en su realización.

El punto de partida de cualquier plan de desarrollo de la industria petrolera, de cualquier diseño de política petrolera, está en la determinación de la plataforma anual de explotación, es decir, la extracción que se haga de hidrocarburos de los yacimientos en aprovechamiento, y del índice de reposición de reservas, con lo que se establece la relación entre los volúmenes que se explotan y la vida de las reservas.

Hoy andamos mal. México cuenta con reservas probadas para nueve años y la reposición de reservas apenas ha alcanzado en los años recientes 25 por ciento, y no 100 por ciento como debiera ser como mínimo. Ello se debe a más de un cuarto de siglo de mala política que sólo ha tenido como objetivos que la explotación del petróleo aporte a los fondos fiscales del gobierno y ceder mercados domésticos a productores extranjeros, desentendiéndose de las necesidades de impulsar la exploración.

Un hecho que no debe perderse de vista es que la producción de nuestros yacimientos más importantes, de acuerdo con datos oficiales, ha declinado de 2004 a la fecha en 472 mil barriles diarios y mantiene la tendencia a la disminución de la producción; en años recientes la plataforma de explotación se ha estado moviendo en el orden de 3 millones de barriles por día; de mantenerse esa extracción, el país dispone de reservas probadas para satisfacer el consumo interno y aportar el resto a la exportación de crudo, como ya se señaló, sólo para nueve años.

Si el potencial de producción disminuye; si la tasa de restitución de reservas ha sido insuficiente; si es altamente previsible que los recursos explotables en la próxima década difícilmente podrán sostener la actual plataforma de producción; si el país requiera sólo de un millón 700 mil barriles diarios para atender la demanda interna y no de 3 millones; si conocer el potencial de los recursos prospectivos, aquellos que todavía no se conocen, apenas detectados y en su mayor proporción ubicados en aguas profundas, y empezar a obtener producción de ellos va a tomar ocho o más años y los porcentajes de éxito en la perforación en aguas profundas son, en el mejor de los casos, del orden del 10 por ciento; si la explotación de cualquier nuevo depósito va a tener costos más elevados que los actuales y demandará de tecnologías más complejas, resulta obvia la necesidad de poner en práctica una política de manejo de las reservas que prolongue su vida, que reduzca gradualmente la exportación de crudo hasta eliminarla, que fomente la exportación de productos con alto valor agregado, permita realizar en las mejores condiciones posibles la transformación de la base energética del país –esto es, dejar de depender de los hidrocarburos como fuente de combustibles– y evite situaciones traumáticas para el país, ante el agotamiento reconocido de nuestros yacimientos y de las reservas mundiales.

Es urgente que el gobierno presente a la nación sus propuestas sobre política petrolera, que no están contenidas en las iniciativas que el Ejecutivo remitió al Congreso. En ellas tendría que dar a conocer los objetivos políticos, económicos y sociales que persigue, así como sus criterios sobre el manejo de reservas, las plataformas de explotación, las fuentes de financiamiento de los programas de desarrollo de la industria del petróleo, su visión sobre las relaciones de ésta con otras ramas de la industria y de la economía en general, la sustitución de importaciones, etcétera.

En fin, mucho más habría que decir de la industria petrolera y de Petróleos Mexicanos, y para dar una discusión informada, a la que el titular del Ejecutivo está convocando con sus declaraciones, el gobierno tiene la obligación de fijar sus posiciones, entre otras muchas cuestiones, sobre la puesta en práctica de un verdadero sistema de planeación para el sector energético; sobre la participación de Pemex en la industria del gas licuado y los proyectos de regasificación; sobre sus posibilidades como proveedor de gas para la Comisión Federal de Electricidad; los pasivos ambientales y laborales, que se presentan y contabilizan como si el organismo se encontrara en liquidación; sobre el fomento a la utilización de las energías renovables y no convencionales; el estímulo y prioridad que a partir de la actividad petrolera debe darse a la industria de la construcción y en general a la empresa mexicana; el fortalecimiento del Instituto Mexicano del Petróleo; sobre la creación de un organismo especializado en el comercio y desarrollo del gas natural en el que participaran Pemex y la Comisión Federal de Electricidad; las políticas ambientales que deben acompañar a la industria energética; sobre el reconocimiento de los productos ahora clasificados como petroquímicos básicos, que científicamente no son petroquímicos sino petrolíferos, y la recuperación de su clasificación y reconocimiento legal como básicos de aquellos que efectivamente lo son; la necesidad de revisar y dar racionalidad a los precios de transferencia entre subsidiarias de Pemex; sobre el fomento a las prácticas de ahorro de energía, etcétera.

Así como se ha abierto la discusión sobre eventuales reformas legislativas, es preciso iniciar ya la discusión sobre cómo debe desarrollarse la industria petrolera. Demandemos al gobierno que presente sus propuestas de producción, de las actividades a realizar en materia de exploración, refinación, transporte, almacenamiento, etcétera, de los montos y las fuentes de financiamiento que se requerirían para ello y su distribución en el tiempo, así como de los mecanismos de regulación que estime necesarios para una industria petrolera pública que opere con autonomía presupuestal y de gestión. Los ciudadanos tenemos derecho a que el gobierno nos informe. Podremos así manifestar con una base objetiva y de responsabilidad nuestro apoyo o nuestro rechazo a las propuestas oficiales, siempre y necesariamente de acuerdo a nuestra particular ideología. Podremos así, sobre todo, contribuir a que México ponga en práctica una política petrolera que vuelva a tener la condición de palanca principal del crecimiento económico y el bienestar social y, a través de ellos, del fortalecimiento de nuestra soberanía como nación.

BRILLANTE INTERVENCIÓN DEL ING. ARMANDO ETCHEVERRY EN EL DEBATE PETROLERO EN EL SENADO DE LA REPÚBLICA

BRILLANTE INTERVENCIÓN DEL ING. ARMANDO ETCHEVERRY EN EL DEBATE PETROLERO EN EL SENADO DE LA REPÚBLICA

Se debe invertir en flota marítima propia para Pemex, dijo Armando Etcheverry

 
Martín Hernández Alcántara
Puebla, Pue.

Armando Etcheverry, integrante del Comité Nacional de Estudios de Energía, dijo ayer ante el Senado de la República que México tiene la capacidad suficiente para invertir 830 millones de dólares en al menos cinco buques propios para el transporte de petróleo, con lo cual obtendría una tasa de retorno interno del 25 por ciento, calculada para 20 años.

Etcheverry fue invitado por el Frente Amplio Progresista para participar en la Decimoprimera mesa de debate sobre la reforma energética, en la cual compartió lugares con Raúl Monteforte Sánchez, Isidro Rodríguez Carvajal, Juan Pablo González Córdova, Miguel Marón Manzur, Mario Nieto Garza, Jorge García Henaine y Jorge Padilla Acevedo.

En su exposición, Etcheverry explicó que una embarcación nueva, con una capacidad aproximada de 45 mil toneladas de peso muerto, tiene un costo de alrededor de 50 millones de dólares; sin embargo, contra toda lógica, los administradores de Petróleos Mexicanos rentan 14 embarcaciones pagando 25 mil dólares diarios, por lo que es más conveniente adquirir una flota propia.

Etcheverry también propuso ejercer una inversión de al menos 400 millones de dólares para terminales marítimas, con lo cual asegura que se obtendría una tasa interna de retorno del 35 por ciento, también en dos décadas.

El ingeniero aprovechó la presencia del diputado panista Juan José Rodríguez Prats en el foro para recordarle que siendo senador defendió la administración que se estaba haciendo de la parestatal, la cual, afirmó, ha quedado evidenciada en su ineficiencia. El representante albiazul sostuvo su dicho, en una réplica, pero terminando su alocución abandonó furioso la sala.

Al principio de su ponencia, Etcheverry lamentó que el Senado no hubiera realizado un planteamiento de reforma energética integral y sólo se haya enfocado a Pemex.